Un plan real para la cuarentena en Bolivia

La cuarentena ha fracasado en todo el país. En unos municipios más, en otros menos, y en casi todos los sectores sociales, aunque por lo general se lleve más lo de criminalizar al comerciante de la zona populosa y no al que abrió su tienda de ropa en el centro de la ciudad, o se condene más...

La cuarentena ha fracasado en todo el país. En unos municipios más, en otros menos, y en casi todos los sectores sociales, aunque por lo general se lleve más lo de criminalizar al comerciante de la zona populosa y no al que abrió su tienda de ropa en el centro de la ciudad, o se condene más al que carga wawa en motocicleta para hacer un delibery que al que mueve su vagoneta último modelo para ir a comprar pan a la otra punta de la ciudad.

Mientras esto pasa, la enfermedad Covid – 19 se sigue expandiendo en el país a un ritmo más elevado que en los países del entorno y por encima de las previsiones que el propio Gobierno había señalado en sus informes de abril, aquellos que sirvieron para plantear la cuarentena dinámica.

El 30 de abril la cuarentena voló por los aires. La presidenta Jeanine Áñez señaló que algunas actividades como los colegios y los vuelos se mantendrían suspendidos hasta el 31 de mayo, pero privilegió la economía, la misma que no se había tenido en cuenta el 22 de marzo cuando se decretó la cuarentena total.
La ASFI, tanto en su actitud con el Plan Empleos como con la postergación de pago de cuotas crediticias, está jugando un rol preocupante
El 22 de marzo había 27 contagios; el 30 de abril había 1.167; el 12 mayo superamos los 3.000. La estrategia médica – test, test, test – era la clave para que la cuarentena funcionara, pero el Ministerio optó – y reguló incluso con sanciones – por esperar, esperar y esperar. Los resultados son elocuentes.

A estas alturas, el Gobierno empieza a regular las pruebas rápidas y otras medidas que tal vez hubieran tenido algún efecto al principio, y tal vez ahora nos encontraríamos en otra situación. Pero había que esperar.

El Gobierno no solo patentó la “cuarentena dinámica” aquel 30 de abril, sino que derivó toda la responsabilidad a los municipios y gobernaciones respecto a las medidas a tomar con la población. Hubo pulsos y prédicas, muchos discursos de quedar bien entre las autoridades, pero lo cierto es que el rigor ya había quedado diluido. Los controles militares en Tarija, por ejemplo, quedaron reducidos a la mínima expresión más allá de las trancas.

Lo honesto en este momento sería reconocer que eso está pasando y tomar algunas medidas que permitieran sostener la cuarentena, puesto que todos los países, organismos y actores médicos la siguen considerando como la única forma de limitar realmente los contactos.

Los datos macroeconómicos están dando algunas sorpresas que rompen el discurso oficial. El saldo comercial se ha convertido en positivo con la pandemia, por ejemplo. El 70%, dice el FMI, es informal, con lo que garantizando la comida y suspendiendo los pagos de servicios y créditos se podría contener a una gran mayoría de la población en sus casas. No somos una economía tan de servicios a la que el retorno se le haga imposible, pues lo productivo debería estar trabajando normalmente con todas las medidas de seguridad.

Sostener la cuarentena hoy depende de una serie de medidas que el Gobierno puede tomar, y que incluso ha tomado, pero las ha dejado caducar sin acompasarlas a los tiempos. La ASFI, tanto en su actitud con el Plan Empleos como con la postergación de pago de cuotas crediticias, está jugando un rol preocupante, mientras que el Gobierno debe concretar ya más medidas de apoyo real a la empresa pequeña y mediana que realmente sostenga el aparato privado, que será clave en la recuperación, mucho más que las muchas obritas que se quieran licitar en junio.

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