En una burbuja

No es fácil alejarse por unos días, ni siquiera por unos momentos, del mundo, su velocidad, sus exigencias, su ruido, su desorden, su agobio,… Aún más difícil es encontrar un lugar donde poder poner el freno a tu vida, donde descansar de su ritmo vertiginoso y simplemente dejar pasar los...

No es fácil alejarse por unos días, ni siquiera por unos momentos, del mundo, su velocidad, sus exigencias, su ruido, su desorden, su agobio,… Aún más difícil es encontrar un lugar donde poder poner el freno a tu vida, donde descansar de su ritmo vertiginoso y simplemente dejar pasar los días sin tener en cuenta las horas y los minutos, sin preocuparse de lo que ocurre en el exterior; vivir como si tú fueses el único ser en la tierra y que la única melodía que ronde por tu cabeza sea el silencio.

Silencio para hablar con uno mismo, silencio para que nada perturbe tu tranquilidad interna, silencio para meditar sobre tu vida, para subordinar la voluntad, vencerse a uno mismo y ordenar las prioridades; silencio para escuchar, para pensar, para reflexionar.

Esto es lo bueno de vivir en una burbuja, protegido del exterior. Aquí tengo oxígeno puro para respirar y no ahogarme entre la contaminación que desprende el mundo. Aquí el tiempo pasa más despacio, tanto que casi no existe, por lo que es más fácil distribuirlo a lo largo del día sin preocuparme de que no me dé tiempo a hacer algo importante. Yo no necesito correr porque no puedo llegar tarde, siempre está esperándome, le sobra la paciencia.

Hoy mi canción es: “The sound of Silence” Simon y Garfunkel

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