Recortar en educación pública, un retroceso ideológico

El Gobierno de Jeanine Áñez ha decidido enfrentar el déficit público por la vía rápida y más efectiva para ese propósito: recortar la educación pública a cientos de niños bolivianos que asisten a los colegios del Estado. Por decreto, los más jóvenes pasan desde el pasado lunes 20...

El Gobierno de Jeanine Áñez ha decidido enfrentar el déficit público por la vía rápida y más efectiva para ese propósito: recortar la educación pública a cientos de niños bolivianos que asisten a los colegios del Estado.

Por decreto, los más jóvenes pasan desde el pasado lunes 20 minutos menos de clase al día; es decir, una hora y cuarenta minutos menos de aprendizaje a la semana; es decir, unas seis horas menos al mes; es decir, casi dos semanas de educación menos para cuando acabe el año respecto a la educación privada y de convenio, pero sobre todo, respecto al mundo.

En un país a la cola mundial en todos los índices referentes a la calidad de educación, la medida resulta absolutamente injustificada, pero sobre todo, tristemente desesperanzadora. Se supone que a estas alturas de la vida todo el mundo tiene claro que solo la educación es el instrumento que garantiza un desarrollo potencial del país y de cada una de las familias, que es la disciplina que permite la movilidad social, mejorar la productividad, y un largo etcétera…
Los más jóvenes pasan desde el pasado lunes 20 minutos menos de clase al día; es decir, una hora y cuarenta minutos menos de aprendizaje a la semana; es decir, unas seis horas menos al mes; es decir, casi dos semanas de educación menos para cuando acabe el año
Ciertamente, parecía un debate superado, pero las pruebas evidencian lo contrario. A falta de que la instrucción se consolide, la medida está pasando casi desapercibida entre tanto alboroto político, como si de un mero ajuste se tratara.

El debate en las redes sociales se ha centrado, además, en las cuestiones subjetivas y en un intercambio de golpes sobre la función última de los colegios y sobre si son los padres los que deben enseñar los valores y no los colegios, que no son guarderías. Sin duda un debate interesante, pero que no tiene nada que ver con el suceso en sí mismo.

La Ley de Educación Avelino Siñani seguramente fue muy bien concebida, pero su aplicación ha sido desastrosa; los maestros probablemente están peor pagados de lo que deberían y probablemente una mayoría no se esfuerza como también debería… ¿Pero qué de todo esto se resuelve recortando horas lectivas?

Los altos funcionarios de Educación señalan que la orden viene de muy arriba y que no hay consenso, pero que ya se aplica. Lo evidente es que la medida no se toma pensando en la educación, sino en la economía.

El Gobierno llegó al poder tras los sucesos de octubre y por lo tanto, sin un plan que desarrollar. Entre las críticas generales se hablaba de la economía del despilfarro, sin precisar demasiado. Cualquiera podía esperar que la lucha contra el déficit público se aplicara a través de otro tipo de medidas de austeridad como la supresión de algunas carteras de Estado, la fusión de otras, el recorte en gasto de funcionamiento, el ajuste de programas, e incluso, en la ralentización de proyectos de inversión, pero nadie podía esperar que el palo fuera para la educación pública.

Ahorrar en maestros, que es lo que finalmente se logra con este acomodo de cargas horarias a costa del estudiante, probablemente ayude a cuadrar las cuentas públicas, pero dejará un agujero a largo plazo en una población que necesita mejores profesionales y no solo mejores personas.

De tanto usar las palabras, acaban perdiendo el significado, pero recortar en educación pública es una medida fuertemente ideológica que acarrea consecuencias. Ojalá quede tiempo para un acuerdo mejor.

 

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