Cartografía Mundialista
La aristocracia de la Copa
El Mundial nos vende la ilusión de David. Pero la Copa suele dormir en la casa de Goliat. Y ahí está la razón por la que seguimos mirando
Queridos ilusionistas mundialeros:
Durante la fase de grupos nos permitimos creer en todo. En Cabo Verde, en Japón, en Marruecos, en Paraguay, en cualquier selección capaz de recordarnos que el fútbol todavía conserva una pequeña oficina destinada a los milagros.
Pero ahora que el Mundial entró en su fase más cruel, la Copa parece tener menos imaginación que nosotros.
Basta revisar la historia. Si dejamos de lado los primeros mundiales, aquellos torneos todavía artesanales, con invitaciones, viajes imposibles, boicots, ausencias europeas, ecos de guerra y una FIFA que aún estaba aprendiendo a organizar su propia criatura, el panorama se vuelve bastante menos romántico.
Desde que el Mundial entró en su era moderna, casi siempre ganan los mismos. Brasil, Alemania, Argentina, Francia, Italia, España. De vez en cuando Inglaterra asoma con su vieja corona y Uruguay recuerda que inventó la nostalgia antes que el tango. Pero el ilustre club sigue siendo diminuto.
La Copa del Mundo parece democrática durante un mes, pero aristocrática en la entrega de premios.
Por eso conviene no entusiasmarse demasiado con las primeras rebeliones. Alemania ya quedó afuera frente a Paraguay. La famosa frase del exdelantero inglés, Gary Lineker: “El fútbol es un deporte que inventaron los ingleses, juegan once contra once y siempre gana Alemania” empieza a sonar oxidada. A los Países Bajos lo despachó Marruecos. Hermoso. Saludable. Necesario. El fútbol también necesita que los poderosos tropiecen de vez en cuando para que los demás sigamos pagando el cable.
Pero cuando uno mira quiénes empiezan a acomodarse para octavos, la ilusión vuelve a moderarse. Brasil, sin deslumbrar, sigue ahí. Francia sigue ahí y a paso de campeón. Inglaterra, sufriendo, pero sigue ahí. España, cantando olé, sigue ahí. Bélgica, aunque nunca ganó una copa, lleva años golpeando la puerta del salón principal. Estados Unidos, anfitrión y cada vez menos ingenuo, también empieza a mirar el torneo con una seriedad preocupante.
(Escribo antes de los partidos de los otros nobles que figuran como favoritos: Portugal, Argentina y, ¿por qué no?, Croacia. Si alguno cae, culpen a la imprenta, no al autor).
Las sorpresas animan el Mundial. Los campeones lo ganan.
Paraguay puede seguir siendo la gran amenaza sudamericana. Marruecos ya dejó de ser sorpresa; empieza a convertirse en una costumbre. Noruega tiene a Haaland, que es una forma bastante intimidante de tener esperanza. Y Estados Unidos juega en casa, con orden, físico, plata y esa molesta capacidad de tomarse en serio todo lo que decide aprender.
Pero si tuviera que apostar sin romanticismo —ese delito menor contra la literatura futbolera— diría que los finalistas volverán a salir del viejo álbum familiar: Francia, Argentina, España, Brasil, Inglaterra, si por fin deja de escribir tragedias propias.
El Mundial nos vende la ilusión de David. Pero la Copa suele dormir en la casa de Goliat.
Y ahí está la razón por la que seguimos mirando. Porque sabemos que casi siempre ganan los mismos, pero necesitamos creer que esta vez alguien puede entrar sin invitación a la fiesta, manchar el mantel, patear la mesa y llevarse la copa antes de que los aristócratas del fútbol reaccionen.
No apostaría por ello. Y, justamente por eso, seguiré viendo todos los partidos. Porque el fútbol nunca me consulta antes de escribir sus finales.
En medio de la vorágine noticiosa del país, más crispado que de costumbre, tres de las mejores plumas del país se unen para ofrecer una crónica mundialista distinta. Desde este martes y hasta la final del 19 de julio, Erik Ortega, Alfonso Cortez y Rafael Sagárnaga, coordinados por el director de El País Jesús Cantín, compartirán reflexiones, emociones y expresiones del “evento futbolístico más grande del planeta” y todo lo que mueve a su alrededor, porque “el fútbol nunca fue solo fútbol”, sino una excelente metáfora a través de la que se explica la vida, el mundo y sí, también el propio fútbol.
De momento se han sumado Karina Vargas, Mariana Ruíz, Marcelo Suárez y Pablo Carbone ¿Quieres sumarte? Escríbenos a [email protected]








