Cartografía Mundialista
El último baile tiene ritmo de tango
Pero en esta fiesta, hay otros convidados y no son de piedra. Mbappé irrumpió con fuerza, Harry Kane recordó por qué es uno de los grandes goleadores del planeta y Erling Haaland abrió su Mundial con dos goles. Ellos también quieren escribir su propia historia
En 1998 Michael Jordan ganó su último anillo de la NBA con los Chicago Bulls. En un equipo plagado de estrellas, él encabezó una temporada brillante y selló su carrera con seis títulos. Lo había ganado todo lo que el básquet permitía, incluida una olimpiada con el Dream Team, y después de un poco exitoso paso por el béisbol, había vuelto para seguir ganando. Tenía grandes oponentes como Karl Malone, John Stockton, Patrick Ewing o Shaquille O’Neal, o su compañero Scottie Pippen, que ayudaron a darle mayor brillo a sus actuaciones.
Hace unos años, Netflix nos hizo revivir su historia en “El último baile” y este mundial también comenzó con la nostalgia del que siente que la fiesta está terminando, o por lo menos, esa en la que estaban sus mejores amigos. Lionel Messi y Cristiano Ronaldo acuden a su último baile, en el que también incluyo a Luka Modric. Los tres debutaron en 2006 y seguramente fueron los ídolos de otros que comienzan a escribir su propia historia. Otros de su generación, como Luis Suárez y Thomas Müller ya no llegaron.
Confieso que esperaba verlos brillar a los tres. Cristiano no encontró nunca una situación de gol en el magro empate de Portugal ante República del Congo, y ante la desesperación de no recibir el balón, bajaba a buscarlo sin éxito. Modric tampoco cumplió con las expectativas, cometió el penal que abrió el camino para que Harry Kane también comenzara a instalarse entre los goleadores de este Mundial.
Lionel Messi es la estrella fulgurante de los siete primeros días de fiesta mundialera. Los que me conocen saben que no estoy ni estaré en la barra argentina, pero hay que reconocer que el Messi del martes por la noche fue más parecido al que comandó el título de 2022, que al que últimamente se veía con paso cansino en el Inter de Miami.
Definitivamente este último baile comienza a ritmo de tango en medio de la euforia argentina y de miles de fanáticos que siguen a su estrella. El fútbol también está hecho de coincidencias: Messi debutó en los mundiales un 16 de junio - el de hace 20 años- con un gol frente a Serbia y Montenegro, y los tres goles con los que ya hace historia en 2026, los marcó un 16 de junio. Entre medio, lo ganó todo y acumuló balones de oro; hoy ya está en la cima de los goleadores mundiales junto a Miroslav Klose y puede superarlo para reinar en solitario, si Kylian Mbappé no dice lo contrario.
Pero en esta fiesta, hay otros convidados y no son de piedra. Mbappé irrumpió con fuerza, Harry Kane recordó por qué es uno de los grandes goleadores del planeta y Erling Haaland abrió su Mundial con dos goles. Ellos también quieren escribir su propia historia.
Pero tal vez la mejor metáfora está en los pies de Messi, en “El último tango” de sus zapatillas, con las que busca seguir escribiendo su historia. Y es que los tangos son nostalgia, memoria, despedidas y sufrimiento. Hablan de lo que fue y no volverá.
Hace veinte años Messi era un adolescente que debutaba en Alemania. Hoy es el campeón del mundo, el que comparte la cima de los goleadores mundialistas y el protagonista de una despedida que gran parte del planeta fútbol no quiere aceptar.
Por eso y otras cosas, este Mundial es diferente. Nadie sabe cómo terminará la historia. Tampoco si Messi conseguirá despedirse con otro título o un nuevo récord. Pero mientras siga en escena, el último baile tendrá la nostalgia de un tango.








