Cartografía Mundialista
El Mundial de los que esperan
Cientos de jugadores no son titulares. Algunos no disputarán un solo minuto durante todo el torneo. Sus nombres apenas aparecerán en las estadísticas y la prensa rara vez los buscará. Sin embargo, podrán contarles a sus nietos que estuvieron allí
Queridos mundialistas:
Mientras el planeta cuenta los días para ver a Messi, Cristiano, Mbappé, Yamal o Vinicius, yo he estado pensando en otros. Tal vez porque vengo de publicar Desde la línea de cal, un libro poblado de personajes que rara vez ocupan las portadas. No por los goleadores ni por los campeones, sino por los que esperan, acompañan, resisten o sostienen el espectáculo desde los márgenes. Por eso, a dos días del inicio del Mundial, mi atención no está puesta en las estrellas, sino en los suplentes.
Pienso en el tercer arquero que sabe, desde el primer día, que su oportunidad depende de una pequeña catástrofe. En el defensor que verá pasar los partidos desde el banco. En el joven volante que cruzará medio planeta para convertirse en una sombra detrás de las figuras. También ellos estarán en el Mundial, aunque la mayoría de las cámaras jamás se detendrán en sus rostros.
La literatura, que suele desconfiar de los héroes demasiado perfectos, siempre ha sentido debilidad por los personajes secundarios. Tal vez por eso, mientras escribía esos cuentos, terminé encontrándome una y otra vez con ellos: jugadores que esperan una oportunidad improbable; utileros anónimos que conocen los secretos del vestuario, pero nunca aparecen en la foto oficial; o hinchas ciegos que imaginan los goles mejor que quienes los ven. Todos forman parte del juego sin ocupar jamás la portada. El Mundial también les pertenece.
Cada una de las 48 selecciones llega al Mundial con un mínimo de 23 y un máximo de 26 futbolistas. Eso significa que cientos de jugadores no son titulares. Algunos no disputarán un solo minuto durante todo el torneo. Sus nombres apenas aparecerán en las estadísticas y la prensa rara vez los buscará. Sin embargo, podrán contarles a sus nietos que estuvieron allí: que compartieron vestuario con los mejores futbolistas del planeta, que escucharon su himno nacional desde el césped y que formaron parte de una historia inolvidable.
Porque el fútbol, como la vida, no está hecho solamente de protagonistas. Está sostenido por una multitud de personas que cumplen su papel sin reflectores, sin discursos y sin estatuas. Son los que entrenan aunque sepan que quizá no les toque jugar, los que celebran los goles ajenos como propios y los que han aprendido que no siempre es necesario ocupar el centro de la escena para formar parte de algo memorable.
Vivimos tiempos obsesionados con el éxito visible. Las redes sociales nos enseñan a mirar únicamente al goleador, al campeón, al que levanta la copa. Pero cada Mundial es también una reivindicación silenciosa de los invisibles: de los que acompañan, de los que esperan y de los que sostienen. Quizás por eso me conmueven tanto.
Dentro de unas horas comenzará el torneo y millones de ojos buscarán a las estrellas. Los míos también. Pero de vez en cuando miraré hacia el banco de suplentes. Allí estará sentado alguien que quizá no llegue a disputar un solo minuto del Mundial y que, aun así, estará viviendo el sueño de toda una vida.
Y sospecho que esa también es una forma de ganar.
En medio de la vorágine noticiosa del país, más crispado que de costumbre, tres de las mejores plumas del país se unen para ofrecer una crónica mundialista distinta. Desde este martes y hasta la final del 19 de julio, Erik Ortega, Alfonso Cortez y Rafael Sagárnaga, coordinados por el director de El País Jesús Cantín, compartirán reflexiones, emociones y expresiones del “evento futbolístico más grande del planeta” y todo lo que mueve a su alrededor, porque “el fútbol nunca fue solo fútbol”, sino una excelente metáfora a través de la que se explica la vida, el mundo y sí, también el propio fútbol.
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