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Capítulo VII de la Tesis de grado “Montenegro” “Ejército y milicias bolivianas durante la Campaña militar por Tarija (1838).. UMSA La Paz- Bolivia 2023

24 de junio La Batalla de Montenegro

Cántaro
  • Ever Carrillo Nacho
  • 03/05/2026 02:33
Portada Montenegro

Portada Montenegro

Mapa 12

Mapa 12

Ilustración 45

Ilustración 45

Ilustración 46

Ilustración 46

Ilustración 47

Ilustración 47

Mapa 13

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Mapa 14

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Mapa 15

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Ilustración 48

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Ilustración 49

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Portada Montenegro
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Mapa 15
Ilustración 48
Ilustración 49

Por: Ever Carrillo Nacho

 

TUTORA: Dra. MARÍA LUISA SOUX

 Los primeros guerreros del mundo admiraran en el curso de los siglos vuestro heroico sufrimiento, y ninguno dejara de envidiar los brillantes laureles con que la victoria ha coronado vuestras armas en tan esplendida jornada.

Otto Felipe Braun en su proclama a los vencedores de Montenegro, 25 de junio de 1838.

Era el 24 de junio del año 1838 y rayaba el alba cuando el reloj marcó las 7 a.m. La polvareda causada por la aproximación boliviana anunciaba finalmente su llegada,

Desde las una de la madrugada, la primera compañía del Batallón 8°, formando la punta de la vanguardia ya se había puesto en marcha con el fin de recabar más información acerca de las posiciones del vivac argentino; a las cinco ya habían avistado sus fogatas al pie de las serranías del Montenegro.

Desde la desembocadura de una quebrada el camino que recorría el Ejercito del Sud atravesaba un extenso y tupido bosque, entonces los soldados notaron un curioso cambio en las posiciones enemigas. “El enemigo descubriéndonos en la playa desde los altos del Espinillo, a donde por la noche había trasladado su campo, tuvo la intención de apoderarse de las formidables posiciones que continuadamente ofrece aquel escarpado terreno de los indios barbaros”[354]

Era evidente, Paz y sus hombres no escaparían como habían estado haciéndolo hasta ahora, pues aprovechando de las horas en que el ejército boliviano descansaba en la Capilla del Condado, habían buscado mejores posiciones para defenderse. [355]

1.- Las defensas argentinas

El General Gregorio Paz tenía muy presente la complicada situación de sus tropas, pero aún tenía la esperanza de que la distancia que lo separaba de Braun fuese lo suficiente para tomar disposiciones convenientes para trasmontar el Montenegro y cruzar el Cuyambuyo, los últimos obstáculos que le quedaban para volver a su patria.

Sin embargo, para la su maltrecha división, el tiempo casi se había terminado pues durante esa madrugada sus soldados no habían tardado mucho en darse cuenta que los bolivianos estaban ya demasiado cerca de sus tropas. Por lo que, al recibir el aviso, el comandante argentino que suponía al enemigo distante más de 14 leguas (67 kilómetros), exclamó “¡Ni que fueran pájaros las coyas!”[356], por lo tanto, no tendría más opción que parapetarse en las cumbres de esos montes lo mejor posible mientras los bolivianos se reunían en sus faldas.

De acuerdo a los informes de Braun a Santa Cruz después de la batalla, el ejército de Paz se componía en su mejor parte de un batallón regular de 280 plazas, los escuadrones Coraceros, Granaderos con Corazas, escuadrón Rifles, 1°er escuadrón del Regimiento 4° y 1°er escuadrón del N° 11, los dos últimos de milicia.[357] Es curioso notar que en cuanto al armamento este sorprendía en sobremanera al general alemán; “Casi toda la caballería iba armada de buenas tercerolas; Sin embargo por lo que he visto en sus coraceros pesados , es preciso confesar que ha hecho lo increíble y tiene bien equipado y mejor armado a su ejército, su coraceros tenían hermosas corazas”.[358]

A su llegada a las faldas del Espinillo, durante la noche del 23 de junio, y aprovechando las dos horas de retraso de sus perseguidores el alto mando argentino había decidido trasladarse hacia las serranías y formar un dispositivo defensivo basado en líneas de “trincheras” aprovechado los desniveles naturales y reforzándolas apresuradamente con rocas, maderas y otros materiales que se tenía a mano.

La fortaleza de este dispositivo descansaba en su profundidad, la cual abarcaba cinco leguas (24 kilómetros) desde las faldas de la serranía hasta las orillas del Cuyambuyo en su extremo opuesto, siendo las primeras tres líneas sobre las que recaería el mayor peso de las acciones defensivas. Aquí Paz destinó por lo tanto a sus tropas más fuertes y menos fatigadas por las marchas: El Escuadrón Rifles, Una Compañía del Regimiento Coraceros Argentinos y 150 hombres de infantería, todos bajo las órdenes del Teniente Coronel Ubierna. Esta tropa debía ser una suerte de escudo protector que retrasara el avance boliviano dándole el tiempo necesario que permitiese el desprendimiento del grueso de la División. Para este momento hacían un total de poco más de 800 combatientes [359]

Mapa 12.

Mapa satelital actual de las serranías de Montenegro entre los ríos Bermejo y Cuyambuyo, visto

desde el sur-este. Fuente: Google Earth.

2.- La experiencia de combate de un soldado de 1838

Los combatientes que acudieron a la batalla de Montenegro usaban mosquetes o fusiles los cuales tenían ciertamente un manejo complicado debido a distintos factores como el peso del arma y de los equipos como los arreos, las mochilas, cantimploras y los otros implementos propios de un soldado de principios del siglo XIX; a ello habría que añadir dificultades derivadas de su uso en terrenos con características topográficas complicadas, tales como zonas empinadas, pedregosas, o escarpadas con vegetación frondosa con las que el infante tendría que luchar.

Otro factor que había que tener en cuenta era la complicada recarga, exigiendo cierto tiempo para cada disparo, aproximadamente dos a tres por minutos[360]

mediante el uso de una baqueta metálica.[361] Sin embargo, esta cadencia no siempre se lograba cumplir, pues los soldados estarían en medio del calor, el estruendo, el humo, pero, sobre todo la muerte de la batalla, sufriendo una merma considerable en la velocidad de fuego.

En el caso del humo, debemos tener en cuenta que después de la primera descarga era muy difícil para los soldados ver algo a causa del humo de la pólvora negra que los artilleros y, en especial, los fusileros descargaban en densas nubes de color gris blanquecino que flotaban a alturas bajas y no se dispersaban si no había vientos, oscureciendo el frente de cualquier unidad que estuviese muy empeñada en la lucha, de modo que la gran mayoría de los disparos se perdían en el aire.

Esta ineficacia en el fuego era inevitable en todos los ejércitos de la época, por ejemplo, los oficiales del Ejército Británico -una de las mejores del mundo-, con armas y entrenamiento muy superiores al de los soldados bolivianos calculaban que de cada 200 a 500 tiros que hacían en batalla solo uno hería efectivamente a alguien, de hecho, sorprendentemente se dieron casos durante la Batalla de Waterloo[362] donde agotaron 200.000 cartuchos sin producir más de 600 bajas[363].

Por lo tanto, en términos de precisión los fuegos que la infantería hacía con tales armas no eran notables por la mortalidad que producían, los soldados no apuntaban a un blanco específico, sino que disparaban hacia adelante, al montón, a 200 o 250 metros de distancia[364].

Como explica Rabinovich eso hacía que los soldados se maravillaran del poco efecto sufrido; pues mientras juraban que el campo había quedado sembrado de cadáveres debido al constante fuego, en realidad terminaban apareciendo apenas unos puñados de heridos. Por tal razón, manuales tácticos de la época recomendaban disparar solo a 50 metros del enemigo, o sea prácticamente a boca jarro, pero para eso hacía falta un autocontrol colectivo muy difícil de alcanzar.[365]

Por otro lado, el ruido de las descargas hacía difícil escuchar las ordenes, lo que solía dejar a los soldados a su simple albedrio, lo que hacía que dispararan individualmente, y en la confusión de la batalla era común que estos abandonaran el uso de la baqueta, vertiendo el contenido del cartucho desde fuera del cañón y luego golpeando el mosquete contra el suelo para completar el proceso de descarga.[366]

Ahora, si bien el llamado “killing zone” o zona de muerte de los mosquetes de la infantería era muy inferior al de su alcance, esto empeoraba en campos de batalla como Montenegro al lucharse en una zona tan escarpada, pero sobre todo empinada con un enemigo esencialmente puesto a cubierto y disparando desde posiciones defensivas; sin embargo, esto podía cambiar radicalmente cuando se acercaba y recurría al combate cuerpo a cuerpo, o sea, cuando cargaban a la bayoneta.

Esta era un arma blanca encastrada en la boca del fusil, inventada a mediados del siglo XVII y que hasta mediados del siglo XIX adquiriría una importancia definitoria, la cual, en manos de infantería bien adiestrada y con unos nervios bien controlados, podía transformarse en el arma más mortífera de esta época, Las batallas utilizando estas armas en las que dos adversarios luchaban frente a frente, eran una ocurrencia extraordinaria o bien duraba solo unos segundos.

La realidad es que, en nueve de cada diez cargas al arma blanca, una de las dos unidades se desbandaba justo antes del choque o unos segundos después de haberse producido el mismo. La presión de debatirse a sablazos o bayonetazos sin ningún tipo de protección o armadura era muy difícil de soportar para el soldado, y casi siempre tras los golpes iniciales el escuadrón o el batallón más débil se daba a la fuga.[367] Su hegemonía no terminaría hasta la invención de los fusiles de repetición y las ametralladoras.

Ilustración 45.

Soldados Británicos en medio de la muerte, el humo, y las explosiones durante una batalla a principios del siglo XIX. Fuente: Ilustraciones Históricas. Facebook.

Los granaderos estaban especialmente entrenados para este tipo de lucha, utilizando también, y como su nombre lo dice, granadas con un alto poder explosivo antes de los asaltos.

Los cazadores o infantería ligera recibía normalmente los mismos fusiles de la infantería regular aunque también podían dárseles fusiles de tipo rayado, Para la época estos fusiles puestos en manos expertas eran capaces de superar con creces en puntería y distancia a los mosquetes o fusiles de ánima lisa o fijante por lo cual eran perfectos para las compañías de "Cazadores” que usaban estilos más "libres” e independientes como requería el combate en las escarpadas montañas y serranías de la cordillera Tarijeña.

3.- El terreno de la batalla

El terreno en el cual se decidiría el último acto de la campaña por Tarija se concentraba en lo que entonces constituía el sur de la Provincia de Concepción (actualmente al sur del municipio de Padcaya en la Provincia Aniceto Arce del Departamento de Tarija), ya adentrándose a regiones consideradas entonces “Bárbaras” debido a la poca exploración y colonización por parte de las autoridades nacionales de aquella época, y habitadas por tribus consideradas también “bárbaras” debido a las pocas o casi nulas relaciones amistosas con ellas por parte del Estado boliviano.

Topográficamente, se componía de serranías montañosas, bastante escarpadas, pedregosas y cubiertas de espesa vegetación’[368] las cuales fluctúan en alturas de entre aproximadamente 1.660 y 2.200 msnm y, como estaban en invierno, tenían un clima que probablemente oscilaba alrededor de los 15 a 20° C. El Parte Militar redactado por el jefe de Estado Mayor coronel Ágreda describe que era un lugar cuyos desfiladeros no permitían superarlos con el frente de dos hombres por la estrechez de su anchura[369]. Según el Historiador Julio Díaz Arguedas a tales serranías las coronaban dos mesetas, primero la más ancha a la izquierda llamada el Espinillo y al lado de esta, a una altura mayor, el Montenegro[370], (aunque por costumbre se la nombraba Montenegro a toda la serranía); limitaba al suroeste por el rio Bermejo y por el sur este con el Rio Cuyambuyo, afluente del mismo Bermejo, formando un vértice[371] apuntando hacia el sur (hoy situado en el llamado puente Emborozú).

Ilustraciones 46 y 47.

Paisajes montañosos del sur tarijeño como en las que tuvieron que marchar y pelear los combatientes bolivianos y confederales argentinos en Montenegro. Fuente: Google Maps imágenes

4.- El comienzo de la batalla.

Según Ágreda, el primer episodio de la batalla se inicio a minutos de la llegada de las primeras fuerzas de vanguardia, es decir los Cazadores del “Socabaya”, a las faldas del Espinillo. Estos tenían la orden de primero avanzar con las armas a discreción haciendo fuego al primer contacto con los argentinos, “despreciando los fuegos enemigos, con la serenidad que le es propia”[372] Nada más empezar con su ascenso la compañía fue recibida con el rompimiento de un nutrido fuego. Muchos tiros provenían de un grupo de casas al frente de las trincheras enemigas.

Por deducción podemos decir que la verdadera misión de los Cazadores era solo “tantear” la primera línea defensiva argentina pues recibieron la orden de retroceder rápida y momentáneamente a sus puntos de partida, después de hacer notar, como se esperaba, la potencia del fuego defensivo argentino.

Para entonces el resto de las tropas ye se encontraban preparadas, pertrechadas y con el plan de batalla listo para ejecutarse.

5.- El plan

Mientras se producía este primer choque, el general Otto Felipe Braun y su Estado Mayor, compuesto del coronel Sebastián Ágreda, General Francisco Burdett O’Connor, Coronel José Eustaquio Méndez entre otros, planteaban una estratagema simple pero bastante útil en este tipo de casos en que literalmente era un suicidio acometer un ataque directo debido a la potente primera línea y la profundidad del dispositivo de trincheras enemigo.

Por lo tanto, según este plan, la Compañía de Cazadores, la cual formaría una primera columna al mando del coronel Sebastián Ágreda, tendría la orden de avanzar nuevamente a vanguardia, de frente, y arrollar cuanto encontrasen. Braun los seguiría de cerca con columnas de infantería del 8° y los Nacionales, compuestos del resto de las compañías milicianas tarijeñas, avanzarían con el fin de proporcionar apoyo y llenar los vacíos que serían causados por las bajas que irían apareciendo durante el ataque.

Como se pensaba que una gran parte de la fuerza enemiga se hallaba parapetada en sus defensas, se le ordenó al General O'Connor que, tomando el control de la compañía de Granaderos, la 1° compañía de infantería de Línea, ambos del “Socabaya”, y una mitad de los Nacionales del 4° Regimiento flanquease el lado derecho del dispositivo defensivo argentino, esto debía realizarse al mismo tiempo de que los Cazadores fuercen el paso de frente. O'Connor debía ascender y conducir sus tropas por una zona especialmente empinada, escarpada y plagada de enmarañados mares de plantas y árboles,[373] sin embargo, su labor era crucial. Finalmente, como tercera línea se encontraban los coraceros montados en mulas.

Con la información apenas recabada se dieron cuenta que las primeras posiciones del Ejército Argentino eran muy delicadas, pues sus flancos se apoyaban en dos quebradas, cuyos lados eran accesibles para la infantería y la pendiente de algunas de sus posiciones eran mayores a 15 grados lo que producía un ángulo muerto a vanguardia.[374]

Mapa 13.

Mapa de la Batalla de Montenegro según Julio Diaz Arguedas.

Fuente: Díaz Arguedas, Julio Fastos Militares de Bolivia, Escuela Tipográfica Silesiana, La Paz, 1943.

6.- Comienza de nuevo el ataque

Dispuesto el plan de operación, ascendió la compañía de Cazadores de Ágreda mientras era seguida y respaldada de cerca por las otras dos columnas de Milicianos tarijeños, emprendiendo nuevamente el ataque en un asalto masivo usando la fuerza de masa que les proporcionaba la gran cantidad de números sobre la primera línea de defensa enemiga.

El primer obstáculo lo representaba una compañía de infantes de alrededor de 60 a 80 hombres dentro de un grupo de casas, probablemente de características toscas, hechas de materiales simples como barro, madera y paja, los cuales, ante las primeras descargas de los Cazadores se retiraron hacia la primera posición de sus trincheras.

Posteriormente, las columnas bolivianas atacaron en tres zonas de la primera trinchera, tal embestida se llevó a cabo con tal ímpetu que las consecuencias fueron fulminantes, Campero recordaba:

...Uno de los primeros en quedar fuere de combate fue el capitán comandante de la 1ra Compañía del Batallón 8vo; nuestra línea ganaba terreno a vanguardia con tal rapidez, que en menos de diez minutos nuestras tres líneas se encontraban dentro del ángulo muerto; desorientado el comandante argentino por este bizarro avance y un ataque simulado por nuestra ala derecha, llevó a su izquierda su reserva: en ese momento se llevó el ataque verdadero llevado por nuestra ala izquierda. Ningún accidente del terreno era bastante para detener a nuestros agiles infantes quienes trepaban las barreras, tomándose de las raíces, matorrales y salientes de las rocas; nuestra tercera línea montada en mulas, seguía tranquilamente a las otras dos.[375]

Los defensores sobrevivientes tuvieron que replegarse a los pocos minutos hacia su segunda línea. Ágreda narra que este ataque se llevó a cabo principalmente con armas blancas: "El combate fue recio. Se armó con la bayoneta y se atacó con el denuedo que es natural a los vencedores y nunca vencidos. En vano resistieron los enemigos; fueron inútiles sus esfuerzos y la victoria coronó a nuestros valientes”.[376]

Mapa 14.

Mapa de la batalla de Montenegro según Robin Kiera. Fuente: Robin Kiera, Otto Felipe Braun. Héroe de Junín y Gran Mariscal de Montenegro, Centro Cultural Alemán, La Paz, 2022.

7.- El Flanco izquierdo boliviano

Simultáneamente, las tropas de O'Connor, a la izquierda del grueso de las tropas bolivianas, continuaban su ascenso con algunas dificultades. No obstante, poco antes había ocurrido un hecho bastante extraño.

Según el subteniente Narciso Campero al romper los primeros fuegos notó que el General O'Connor “se inclinaba lentamente a la derecha, acabando por caer al suelo; más apenas tocó el suelo, como si recibiera una descarga eléctrica, se puso de pie y volvió a montar en la mula que cabalgaba”[377].

En sus “Recuerdos” él nos cuenta: “Yo subí con los granaderos bajo el nutrido fuego de los argentinos, por el monte a pie y agarrándonos de las raíces de los árboles para no caer, Mucho trabajo me costó poder llegar a la altura”[378]

Al llegar finalmente al nivel del flanco derecho de la segunda línea enemiga, atacaron con intrepidez, matando o haciendo huir a los defensores que intentaban entorpecer su subida “pero el enemigo había abandonado la defensa y era la única buena parte que se le ofrecía”, continua O'Connor[379], luego lanzaron algunas de sus granadas para después hacer fuego sobre los soldados enemigos dentro de sus trincheras, en ese momento, esa línea argentina ya era atacada de frente por Ágreda, por lo que el resultado en este caso resultó bastante mortífero, “un nuevo triunfo en la segunda posesión que defendieron con tenacidad los restos de la infantería contraria[380]”.

En estos cruciales instantes fue capturado el estandarte del veterano Regimiento Rifles, exterminando hasta el último de sus integrantes, quienes habían luchado ferozmente por la causa de Rosas y Heredia. Ante esto algunas compañías de infantes jujeños empezaban a desertar en masa.[381]

Para entonces algunas zonas del campo de batalla se empezaban a hallar cubiertas del humo de la pólvora dificultando la visión tanto de atacantes como defensores, haciendo cada vez más inútiles la puntería de los combatientes. Por lo que se hacía cada vez más imperioso repetir el uso de las bayonetas.

8.- La tercera y la cuarta línea

En este punto, el plan de Paz de lograr una retirada combatiendo se había desmoronado por completo, pues no le quedó más que usar el resto de las tropas que le quedaban, es decir las tropas que debían ser las primeras en bajar las cuestas y cruzar el Cuyambuyo, para en lugar de eso mandarlas a proteger la tercera y cuarta líneas de trincheras.

Para la nueva embestida, Braun y sus jefes decidieron hacer una modificación al plan, dándole la orden a O'Connor y sus granaderos que siguieran escalando por la izquierda, pero esta vez directamente hacia la cumbre del Montenegro, esto debido a que probablemente el enemigo buscaría este punto para su última defensa.

Continuo el ascenso de Ágreda y sus Cazadores, siempre en la vanguardia, seguidos por los milicianos del “Moto”; los cuales, siguiendo a su mítico coronel, asaltaban sin temor las defensas enemigas arrollando a cuantos se les presentaran tomando de ese modo la tercera línea argentina. “Nada ya pudo contener el arrojo de nuestros soldados, que marchaban abriéndose paso por entre el fuego y la aspereza del terreno”[382]. Diría sobre este episodio el coronel Potosino.

Sin embargo, cuando llegaron a la Cuarta línea, la cual prácticamente coronaba el espinillo, la cantidad de fuego defensivo vuelve a intensificarse de manera exponencial, la razón; los argentinos habían aumentado a sus defensores “con todos los tiradores que tenían de su numerosa caballería”[383].

Mapa 15.

Mapa de la Batalla de Montenegro según el Cnl. Jorge Camacho Salgado. Fuente: Historia Nacional Ejercito de Bolivia (1825-1970). Cnl. DAEN. Jorge Camacho Salgado y Cnl. DAEN. Juanito D. Aldazosa

Monrroy. Prima Edición. La Paz. 2021.

El Historiador Subieta describe de la siguiente manera la siguiente acción de Ágreda:

Al ver la superioridad numérica del enemigo, que con sus fuegos certeros diezmaba a sus soldados y obstaculizaba el avance, vistió los cardos del monte con los kepis y los capotes de sus soldados muertos simulando tiradores, y dejo que en ellos se cebara el fuego de las metrallas argentinas que creían tener el frente a numerosas tropas mientras él con sus compañías hacia una evolución táctica apareciendo súbitamente a retaguardia de las filas enemigas, sembrando el pánico y el desorden en sus filas[384]

Atrapados de esa manera nuevamente en un ataque por uno de sus lados, la defensa argentina vuelve a colapsar, Ágreda escribiría exultante "Desde aquel punto fue completa la derrota del enemigo; la cuarta y muchas posiciones sucesivas, en el curso total de cinco leguas, apenas se atrevió a defenderlas con debilidad, no pensando ya más que en librar su salvación o una precipitada fuga”[385].

En esos instantes, O'Connor ya empezaba a llegar a la cima del Montenegro; sin embargo, para cuando subieron la cuesta final ya absolutamente todo el dispositivo argentino se había desecho. Era el fin de la batalla.

Según las perspectivas de los oficiales bolivianos se creía que aún encontrarían resistencias a las alturas de la última cuesta. O'Connor dice que cuando logró llegar a la cima con los soldados más agiles no había encontrado gente formada a su vanguardia pues para entonces; "todos los argentinos andaban ya en dispersión por las alturas, los huecos y las ensenadas y nosotros detrás de ellos persiguiéndoles,” lo que lo dejó gratamente sorprendido terminando con las siguientes palabras sus recuerdos acerca de este acontecimiento: "Llegamos a la cuesta y ya no teníamos enemigos con quienes combatir. Así termino la batalla de Montenegro y en la cual, se puede decir que no encontramos resistencia.”[386]

El general Braun, que para ese momento también ya se aproximaba, separándole tan solo trecientos pasos a O'Connor, pudo constatar lo mismo, el enemigo estaba en franca huida.

Ilustración 48.

Combate entre infantes con mosquetes durante la primera mitad del siglo XIX. Batalla de San Lorenzo, óleo de Pedro Blaque. Fuente: Ser soldado en las Guerras de Independencia, La Experiencia cotidiana de la tropa en el Rio de la Plata, 1810-1824. Rabinovich, A. M. Editorial Sudamericana. Buenos Aires. 2013.

9.- El Aniquilamiento de la División de Paz

La palabra aniquilamiento no suele mencionarse muy a menudo en los partes oficiales de las batallas y combates de la época, mucho menos cuando se trata de las propias tropas del que la redacta, sin embargo, aquel invierno a orillas del rio Cuyambuyo, los resultados eran imposibles de ocultar para el General en jefe tucumano Gregorio Paz, quien ahora corría el riesgo de ser incluso capturado.

Para los Confederales argentinos la batalla había representado una resistencia completamente vana, pues solo pudieron contener a sus adversarios por espacios de tiempo limitados, como fue el caso de Ubierna en las primeras líneas defensivas, sin embargo, las reiteradas cargas y acometidas de la infantería boliviana lograron abrir en ellas varias brechas por las cuales irrumpieron y flanquearon a las tropas argentinas desde varias direcciones[387] haciendo caer todas sus posiciones.

Una vez que ya resultaba virtualmente imposible seguir manteniendo algún tipo de defensa organizada, el retroceso de sus tropas se tornó en una empresa muy difícil debido al intenso fuego de los atacantes que ahora los perseguían tenazmente, de hecho, el mismo General en jefe argentino emplearía en su parte militar sobre lo acontecido en la batalla, el término "aniquilados”; "prefiriendo muchos buscar la muerte en los despeñaderos antes que rendirse a sus cobardes enemigos”[388]. Respecto a estos episodios de la batalla O'Connor cuenta que vio "algunos de ellos muriendo trastornando (cayendo de) los altos del Montenegro”[389].

O'Connor también menciona otras formas en que varios soldados encontraron la muerte;

De su infantería los pocos que pudieron llegar al pie de la cuesta, se ocultaron en la montaña inmediata, donde los más de ellos fueron devorados por los tigres, que había muchos en aquellos bosques. [390

Para entonces las fuerzas persecutoras bolivianas se encontraban altamente fatigadas, a pesar de eso seguían "sin darle lugar al enemigo para pensar en otro recurso que continuar con la huida bajando hasta lo alto de una cuesta que baja al rio de Cuyambuyo”, en cuyo tránsito se iban notando los resultados más tangibles de la victoria boliviana. Ágreda diría después: "El campo destinado a las glorias de nuestras armas quedo cubierto de cadáveres enemigos, y casi obstruido su paso con armamento de toda clase: monturas, mochilas, maletas, caballos y la mayor parte de los elementos de guerra que trajeron los invasores”[391].

O'Connor también añade algo parecido: “En esta bajada, a un lado y otro de la senda, vimos gran cantidad de almofreces, petacas, caballos cansados, jergas, aperos y muchas cosas abandonadas por el enemigo en su fuga. Sus coraceros que no se dejaron ver en todo el día, tomaron por el rio de Coyambuyo, arrojando sus corazas por el rio para aligerarse”[392].

Después de tomar algunos prisioneros se halló el cadáver del caballo de don Marcos Paz, jefe del Estado Mayor de las fuerzas invasoras y hermano del General Gregorio Paz, y encontraron en sus alforjas el estado de las fuerzas argentinas, junto con la correspondencia entre él y el general Alejandro Heredia. En ella Braun pudo comprobar que su engaño había resultado un completo éxito, pues ciertamente Paz se había dejado engañar por la falsa carta entre Trigo y Méndez acerca de la debilidad militar boliviana en Tarija.[393]

Cuando llegaron al pie de la cuesta y tocaron las orillas del Cuyambuyo ya no había enemigos con los cuales combatir y eran poco antes de las 6 pm[394], la obstinada defensa argentina, pero sobre todo la persecución a través de toda la sierra del Montenegro había terminado al fin, todo había durado casi 6 horas[395].

Ilustración 49.

Confederales argentinos, Ejército de Tucumán. Coracero y capitán del Batallón de Cazadores de la Guardia Provincial. Ilustración por Diego Argañaraz. Fuente:

https://www.facebook.com/media/set/?set=oa.360059701204042&type=3

Fue una batalla de duración singularmente larga, entre 5 a 6 horas, algunos autores incluso la duplican a 12 horas, donde la obstinada defensa de los argentinos se vio muy favorecida por la naturaleza agreste y difícil del terreno, consistente en crestas, monte erguido y con accidentes que formaban barricadas naturales y donde, además, la elección de sus posiciones fue bastante acertada basada en la profundidad con varias líneas de defensa dispuestas y no en una sola.

Un cerro abrupto y de flancos tan empinados que lo convertían de por sí en un lugar ideal para su defensa; protegidos por ellas los defensores creían que podían disparar sus armas sin mayores riesgos.

Los soldados bolivianos debieron vencer y apoderarse de cada una de las líneas defensivas casi al descubierto, por lo que el plan ideado por el Comando boliviano para el ataque a dichas posiciones se basó por lo tanto en la disposición de una acción de frente y otra por el flanco derecho enemigo.

Este quedó encuadrado dentro de los principios tácticos que anuncian que nunca se debe atacar una posición frontalmente sino evolucionando para combinar un ataque frontal con otro envolvente sobre el ala más débil del enemigo.

De esa manera, antes del asalto final, los argentinos ya habían iniciado una desbandada total, por lo que los bolivianos dispusieron su persecución hasta las márgenes del rio Cuyambuyo que corría a los pies de esos montes.

La Campaña de Montenegro fue el punto de inflexión y la batalla homónima el momento culminante que daría con el final de la etapa militar de la guerra a favor de la Confederación Perú-boliviana. Los vencedores estaban verdaderamente admirados de lo que habían conseguido, O'Connor, orgulloso de lo que él y sus compañeros habían logrado diría: "El Pabellón Boliviano ondeaba victorioso desde Lima hasta Montenegro y la Republica era envidiada y mirada con respeto por todos los estados del continente americano”.[396]

[354] Ágreda. S. pp.175-176.

[355] Como ya vimos, este retraso de sus perseguidores había tenido lugar debido al extremo agotamiento de las fuerzas perseguidoras, incluido el General en Jefe, el cual desde hace días no dormía, y también debido al extravió de la compañía de Cazadores del Socabaya por la hacienda del Condado la cual no pudo ser llamada por corneta, esto para no causar alarma tanto entre las propias tropas como en las del enemigo.

[356] Nombre que daban los argentinos a los habitantes de las montañas.

[357] Noelle, W. 1969. La Vida de Otto Felipe Braun, Gran Mariscal de Montenegro a través de cartas y documentos de la época: Centro Cultural Alemán de La Paz. p.98.

[358] Wilfried Noelle: óp. cit. p.77.

[359] Clemente Basile en Wilfried Noelle: óp. cit. p.104.

[360] Díaz Arguedas, J. 1943. Fastos Militares de Bolivia. La Paz. Escuela Tipográfica Silesiana. p.122.

[361] Aunque en apariencia simple la baqueta metálica era fundamental; desde su invención en 1718 hecha de madera, había pasado por una evolución dirigida a subsanar problemas como el rompimiento debido a su fragilidad en la búsqueda de la composición adecuada para el metal a utilizarse, pues si este era demasiado blando, la baqueta se doblaba y se dificultaba su inserción y retirada del cañón, o, si era demasiado dura, volviéndose quebradiza y también propensa a romperse. Pero una vez encontrado el temple adecuado, la baqueta metálica permitía al mosquetero disparar con mucha mayor rapidez. (Jorgensen, 2001: 58.)

[362] Por ejemplo, un jinete apellidado Vivian, que mandaba una brigada de húsares en la batalla de Waterloo describió el humo en el momento del gran ataque de la caballería francesa como «literalmente tan espeso que no podíamos ver ni a diez metros». (Keegan, 1976; 116)

[363] Rabinovich, A. M. 2013. Ser soldado en las Guerras de Independencia, La Experiencia cotidiana de la tropa en el Rio de la Plata, 1810-1824. Buenos Aires. Editorial Sudamericana. p. 173.

[364] Díaz Arguedas J. op. cit. p. 122.

[365] Rabinovich, A. M. op. cit. p. 173.

[366] Jorgensen, C. - Pavkovic, F. - Rice, Rob. - Schneid, F. - Scott, C. 2007. Técnicas Bélicas del mundo Moderno (1500-1763) Equipamiento, Técnicas y tácticas de combate. Madrid. Editorial LIBSA. p. 58.

[367] Rabinovich, A. M. op. cit. p. 173.

[368] Díaz Arguedas, J. 1943. Fastos Militares de Bolivia. La Paz. Escuela Tipográfica Silesiana. p.189.

[369] Ágreda. S. op. cit. p.176.

[370] No se ha podido conocer la razón por la que los contemporáneos llamaban Montenegro a esta serranía pero quizás fue porque la vegetación verde oscura parecería pintar el paisaje con un tono negruzco, desde la distancia.

[371] Díaz Arguedas J. 1945. El Gran Mariscal de Montenegro Otto Felipe Braun, Ilustre Extranjero al servicio de Bolivia. La Paz. Editorial Imprenta Intendencia Central del Ejército. p.189.

[372] Ágreda. S. op. cit. p.176.

[373] Ágreda. S. op. cit. p.176.

[374] Campero Amelunge, E. M. (Estudio). 2013. Vida del General Narciso Campero. Apuntes de Eduardo Campero Anzoátegui. Santa Cruz. Imprenta Universitaria UGRAIM. p. 47.

[375] Campero Amelunge, E. M. (Estudio). 2013. Vida del General Narciso Campero. Apuntes de Eduardo Campero Anzoátegui. Santa Cruz. Imprenta Universitaria UGRAIM. p.47.

[376] Ágreda. S. op. cit. p.176.

[377] Los individuos propensos a la epilepsia al iniciarse los fuegos sufren un momentáneo desvanecimiento. Campero Amelunge, E. M. op, cit, p. 47.

[378] Burdett O'Connor, F. "Recuerdos", 1972. Biblioteca del oficial boliviano, Comando general el ejército, Editorial Don Bosco. p. 270.

[379] Francisco Burdett O'Connor; óp. cit. p.270

[380] Ágreda. S. op. cit. p.176.

[381] Isidoro J. Ruiz Moreno, Campañas Militares Argentinas, Tomos II, Ed. Emecé, Buenos. Aires. 2006. p.75.

[382] Ágreda. S. op. cit. p.177.

[383] Ágreda. S. op. cit. p.177.

[384] Días Arguedas J. 1929 Los Generales de Bolivia, La Paz. Intendencia General de Guerra. pp. 69-70.

[385] Ágreda. S. op. cit. p.177.

[386] Burdett O'Connor, F. op. cit. p.270

[387] Basile C. en Wilfried Noelle: op. cit. p.104.

[388] Basile C. en Wilfried Noelle: op. cit. p.105.

[389] Teniendo en cuenta la peligrosidad que representaban las laderas del Montenegro tanto para subir como bajar, añadiéndole además una frenética persecución detrás, resulta obvio que las caídas mencionadas fueron resultado de accidentes previsibles más que lo que podríamos llamar suicidios de Honor.

[390] Burdett O'Connor, F. "Recuerdos", 1972. Biblioteca del oficial boliviano, Comando general el ejército, Editorial Don Bosco. p. 270.

[391] Ágreda. S. op. cit. p.177.

[392] Burdett O'Connor, F. op. cit. p.270

[393] Noelle, W. op. cit. p.98.

[394] Campero Amelunge, E. M. op, cit, p. 48.

[395] Algunos historiadores argentinos hablan de solo 5 horas. Isidoro J. Ruiz Moreno, op. cit. p.75.

[396] Trigo O´Connor d´Arlach, E. 2015. Crónicas de Tarija, La Paz. Plural Editores, Primera Edición. p. 54.

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