Del libro: “Don Timoteo y su Lazareto (Relatos Insólitos)” de William Bluske C.
La Loteria en Rapariegos
Don Timoteo y su Lazareto
(Relatos Insólitos)
Tarija - Bolivia 2002
Hacia el Norte de España, a medio camino entre Arévalos y Toledo, dormita en su ancestro un pueblito llamado Rapariegos. No más de cien familias, incluido el señor cura y sacristán, son el capital humano de este prodigio de soledad, y quietud de arquitectura románica y medieval, de casitas blancas adornadas con rosas y enredaderas en su frontis, semejando un desfile de novias con sus ramilletes en las manos rumbo a la capilla de las Hermas de Santa Clara.
Rapariegos, acariciada por las brisas de la meseta castellana, está ubicada con los confines de Avila, Valladolid y Castilla la Vieja, es el eslabón que une tres Provincias por sus extremos, pero al mismo tiempo recibe de las tres, algunos servicios públicos con relativa regularidad.
En la Plaza del pueblo un olmo añoso, más que centenario, no da peras pero reparte generosamente su sombra a los que allí van a pasear, es el celoso guardián de la vieja iglesia donde se encuentra el Cristo de la Moreira, que por morar en el pueblo se hace acreedor a una fiesta anual en la que bodegas caseras vuelcan sus vinos, sin tasa ni medida, para escanciar quinientas almas repletas de jamón serrano, chorizos y tostones, que el mejor de los gourmets quisiera saborearlos. De esta manera, el día de la fiesta, o sea el 21 de septiembre y los tres que le siguen, todos se divierten, Cristo los bendice y las almas de los cerdos que entregaron sus cuerpos a la glotonería colectiva, descansan en paz dejando el corral del patrón (preste) en mustia soledad.
Como todo pueblito de la España medieval, en Rapariegos hay dos corrientes de opinión, las de los “unos” y las de los “otros” y como todo son iguales, entonces surgen los estratos sociales: los que tienen más y los que tienen un poco menos. Por lo general ocurre que los “unos’' son los que tienen más y los "otros” los que tienen menos. Esto contribuye a que haya dos corrientes políticas identificadas con cada estrato. Los “unos” que tienen más partidarios de la Reina y los “otros” que tienen menos son partidarios del Rey pero como el Rey y la Reina siempre están juntos, pues ellos también. Pero, las invisibles diferencias de “unos” y “otros” siempre se limaban con unos chatos de vino en la taberna del pueblo, lugar donde cada año los “unos” y los “otros” se juntan para festejar el cumpleaños de los Reyes. Igual ocurre los domingos y fiestas de guardar solo que a veces alguien suspira por el caudillo.
El día Domingo era de rigor ir a la Misa Mayor que empezaba a las once en punto de la mañana, en la capilla de las Clarizas, en la que en los asientos de la derecha se sentaban las mujeres y en los de la izquierda eran ocupados por los varones, no se admitía mezclas ni equivocaciones.
Era un compromiso ancestral que al salir de la Misa Mayor todos, niños incluidos, deberían reunirse en la taberna de Juan y Manolo en la Plaza del pueblo a tres cuadras de la Capilla, de esta manera, todos como en procesión, mujeres por la derecha, hombres por la izquierda y todos los niños iban por la calzada saltando, brincando y gritando con tal alegría que las cigüeñas que anidaban en las torres de la Capilla levantaban vuelo asustadas por el bullicio. Es que los niños iban festejando anticipadamente las golosinas que esperaban recibir de Manolo especialista en dulces de la taberna.
Ese Domingo de noviembre, al borde de un crudo invierno, en que los raparieganos se trasladaban de la capilla de las Clarizas a la taberna de Juan iba animado con el común pensamiento puesto en unos chatitos de vino y unos picados de jamón serrano y chorizos de venado, amén de unos anisetes para asentar. Cuando todos estaban inmersos en sus discusiones, varones con varones por una parte y damas con damas por otra, sobre los precios del trigo, la cebada, la Reina, el Rey, sobre la mejor manera de ahumar un jamón, etc. irrumpe bullicioso el madrileño vendedor de loterías al que nadie le presta atención porque estaban en las profundidades de la discusión, entonces le pidió al tabernero que a todos los estantes de la taberna (que era todo el pueblo) les pasara una copa generosamente servida de buen vino a su cuenta. Este gesto le abrió las puertas del dialogo y luego les ofreció La Lotería Nacional de Navidad.
La agradable charlatanería del madrileño atrajo la atención de las “otros" ya que los “unos" más conservadoramente cristianos no querían desatar la ira del Señor tratando de acumular la fortuna que el madrileño les ofrecía con la lotería. Se tomó vino y anís hasta bien entrada la tarde hasta que los “unos” se fueron y los “otros se quedaron para comprar entre todos un billete entero de la Lotería Nacional de Navidad, partiéndola en fracciones y asociándose entre dos y tres familias para adquirir una fracción.
El sol de Rapariegos declinaba su curva que aumentaba el frío de manera cruel así que los pobladores se dedicaron a la ímproba tarea de hacer leña para calentar las estufas de sus casas y para faenear sus inmensos cerdos que sus hábiles manos dejarían convertidos en ristras de chorizos, jamones, morcillas, butifarras y grasa para hacer frente al duro invierno aumentando sus calorías.
Lucas el sacristán, asociado con Diego, hijo del herrero y Pedro Luis, zapatero remendón tenían una fracción de la lotería y el billete lo tenían guardado bajo los pies descalzos de San Ramón Nonato, patrono de los zapateros.
Gaspar Y Melchor, eran hermanos que no se llevaban bien pero que ambos trabajaban como panaderos, el uno hacia pan de una clase y el otro de otra, pero ambos lo vendían todo, entre los hermanos compraron una fracción al cincuenta por ciento cada uno con la firma de cada uno a las orillas de los márgenes para que ninguno se quede con la parte del otro. Tanto Melchor como Gaspar elevaban sus preces al cielo y el billete lo guardaba su abuela a los pies de la Virgen.
Doña Abstención, maestra, Directora y celadora de la escuelita del pueblo, era mujer de sacrificio y abnegación. Su vida estaba ligada a la escuela y a su hermana menor que a causa de un accidente quedó baldada en una silla de ruedas sin poder caminar. Qué no habría hecho doña Abstención para hacerla curar en Madrid, así que sacando sus pocos ahorros que tenía en un florero, se compró una fracción sola y la depositó bajo los pies de Santiago Labrador, pero como se quedó debiendo más de la mitad del valor, se fue de inmediato donde doña Angelines a pedirle prestado lo que faltaba y ella le dio el dinero faltante por lo que tenía que dar la garantía de su casa y el diez por ciento de interés mensual. Angelines amonestó severamente a Abstención, mujer estás loca, gastar tanto dinero a la lotería como si tuvieras tanta seguridad de sacarla, mujer, no te embarques en estupideces sacrificando todo por tu hermana, preferiste cuidar de ella a casarte con Joselo, pero sabes bien que si no sacas la lotería perderás tu casa y como harás para rescatarla? Dime mujer. Eso doña Angelines va de cuenta mía, pues si no le pago la casa será suya, hasta la vista.
Abstención volvió a la taberna y le pagó el saldo al madrileño y su billete permaneció bajo las plantas de Santiago Labrador.
Roque Herrero, agricultor de oficio, era persona acomodada, sus chanchos, sus vacas y sus veinte hectáreas de cultivos le daban una vida más que holgada, sus cuadrúpedos criados para el mercado hacían su fondo de reserva que era bastante abultado. Tomando un día su chato de vino, le decía a su hijo: hombre, mira que gente estúpida, como tira el dinero en lotería, treinta millones de posibilidades en una que no se saca la lotería, es el cuento del tío, y en este caso es el cuento de ese tío madrileño que engatusó a medio pueblo, si serán irracionales, hombre!...no se dan cuenta que éste tío está haciendo negocios a costillas de los tontos, yo no sé cómo me pagaran Romancito y Pablo y don Mateo, en fin es cosa de ellos y seguí murmurando: comprar la lotería... comprar la lotería... que ocurrencia. El hijo escuchó en silencio pero nada le dijo a su padre que él era socio de Román, Pablo y Mateo en una fracción de la lotería.
La charla y la parla estaban muy animadas aquel Domingo en la noche, cuando de pronto se presenta el Burgo Maestre del pueblo, transportando su voluminosa humanidad, don José Jacinto Sepúlveda de Venavente y Agrá acompañado de sus dos alguaciles, se acerca a la mesa de los charlatanes y le dice en tono muy respetuoso “caballeros, el domingo fue bueno, no lo podemos negar pero ya es hora de recogerse, no olviden que mañana es día de Santa Clara y hay que preparar la procesión y asistir a misa, luego a trabajar un poquitín hombre, que no es feriado. La concurrencia en pleno se puso de pié, brindo por el Alcalde y tomaron rumbo a sus casas, protestando por la impertinencia de la proba autoridad. Finalmente el Alcalde llama al madrileño y le entrega unos pesos y cambio recibe la fracción de la Lotería Nacional compartida con sus dos alguaciles que le tenía reservada. El madrileño tomó su maletín y se fue en su automóvil rumbo a Arévalo para seguir a Madrid. Buen negocio hizo el vendedor al recargar a cada fracción el cincuenta por ciento de su valor, 13 vendidas en Rapariegos y siete en los pueblitos aledaños.
Los portadores de sus fracciones, de mutuo acuerdo resuelven vender parte de cada fracción a otros interesados del pueblo hasta completar diez socios por fracción, así recuperaban fondos necesarios para sus trabajos hasta que llegue el gran día.
Después de una espera que se hace larga y tediosa en la que cada portador de un número de la lotería contaba los minutos y segundos que acortara el tiempo, por fin llega el 24 de Diciembre día del gran sorteo de la grande de Madrid, Rapariegos nadie sale a la calle todos estaban prendidos de sus televisores atendiendo sin pestañear cada minuto que pasaba en la Oficina Central de Madrid donde se llevaba a cabo el evento hasta que todos se duermen y cuando sale el número ganador se siente un estallido de gritos, petardos, cornetas, matracas, en fin un torrente de bullicio que despierta a Rapariegos entera y nadie había visto el número que salió sorteado, así que tuvieron que esperar el extracto de la prensa que se publicaba el día después de Navidad.
La Navidad transcurrió tranquila en el pueblo, todos entregados a sus oficios religiosos y los que mejor la pasaron con los platos y bebidas, propios de la fecha, fueron los que no compraron la lotería.
El 26 de Diciembre la Taberna de Juan estaba repleta de parroquianos, todos con su diario y un chato de vino en la mesa que lo iban repasando renglón por renglón y hoja por hoja, hasta que alguien gritó desaforado; ¡aquí estáaaa aquí estáaaa, bravo es nuestro y mostraba el número premiado de la Grande de Madrid que decía sin lugar a dudas que el número premiado cayó en Rapariegos que los interesados debían reclamarlo en sus Agencias o en la Central de Madrid. Los agraciados con la lotería festejaron dos días y una noche, luego todos se fueron a cobrar por separado y por socios de fracción.
Pasados los días de festejos y angustias Rapariegos .vuelve a la calma y tranquilidad, pero todos comentando a suerte de los afortunados que recibieron su premio, que en total quedaba un poco menguado porque del mayor se pagan los demás premios menores, pero en total la Grande resultó de dos y medio millones de dólares.
Una vez hechos los ajustes de cuentas entre los que — asociaron a una fracción, todos se repartieron equitativamente lo que les correspondía, ni un centavo más ni un centavo menos y todos contentos dedicándose a planificar sus inversiones.
Segunda parte
La lotería de Madrid, para muchos de los beneficiarios no fue muy halagüeña, incluso, fue un desastre porque las aspiraciones humanas deben tener un límite razonable y las ambiciones se deben circunscribir dentro de lo posible. Muchos pensamos lo lindo que sería volar como los pájaros, pero los que lo intentaron se fueron de narices al suelo, se metieron en un verdadero descalabro. Eso mismo les sucedió a muchos de nuestros personajes de este relato.
Gaspar y Melchor recibieron cada uno treinta y un mil coscientos cincuenta dólares, evidentemente que nunca .vieron antes una suma igual. Gaspar le empezó a hervir el cerebro de planes y proyectos descomunales que lo elevaron hasta las nubes, mientras que a Melchor no se le movía un pelo y no era calvo, se quedó muy tranquilo a seguir haciendo lo que hizo siempre: pan casero, el pan nuestro de cada día y punto.
Gaspar le propone a su hermano venderle la parte de la casa que le correspondía, es decir la mitad de la casa que les dejó su madre, Melchor le acepta y le paga a su hermano mucho más de lo que en realidad costaba, en fin, decía Melchor, es mi hermano y la casa es toda mía, así la operación se hace en forma legal.
Gaspar, con cincuenta y seis mil doscientos cincuenta doláricos como él los llamaba, empieza su gran industria del pan. Lo primero era el local y se compra un terreno en las afueras del pueblo y edifica un gran tinglado cerrado, con grandes ventanales de vidrio y unas habitaciones para vivir, le quedó muy lindo, luego se va a Barcelona y compra equipo moderno para hacer pan y todo tipo de masas. Cuando ve la factura empezó a parpadear, sobrepasaba en mucho de lo que le quedaba con lo que empezó. Luego vinieron las charlas con la gerencia para viabilizar una forma de pago, pero era inútil hacerle el financiamiento por un monto tan alto, así que resolvieron reducir la capacidad al mínimo y eso le costaba cincuenta mil dólares, veinte mil dólares al contado y el saldo a tres años plazo, con nueve por ciento de interés anual, más gastos de financiamiento y pagos trimestrales, además hipotecas por la maquinaria y construcciones. Gaspar cierra la compra, entrega los veinte mil dólares y firma todos los papeles notariales que le pusieron a la vista, y Gaspar queda contento diciendo para sí “total que me importa, pero ya soy el panadero más grande de Rapariegos”.
Mientras Gaspar se dedicaba a instalar su panadería con el poco saldo que le quedaba, Melchor duplicaba la venta de su pan casero ya se permitía refaccionar la casa y mejorar su herramienta de trabajo y agrandar su horno rústico pero efectivo.
Cuando le empiezan a llegar las cobranzas, Gaspar las paga con las últimas pesetas que tenía de reserva y con todas las ventas que tuvo en mes y medio de trabajo. Cada tres meses le llegaban las cobranzas que quedaba Impagas, porque la competencia de las grandes panaderías de Arévalo le quitaban sus ventas. Después de la tercera cobranza impaga se vino el juicio ejecutivo y embargo de maquinaria e inmuebles más las costas del juicio, moraleja que Gaspar quedó en la calle y fue a parar a la cárcel mientras cancele las costas que al final las tuvo que pagar Melchor como anticipo a descontar de sus salarios como obrero de la "Panadería Casera de Melchor" así decía su letrero pintado a mano con tinta azul sobre la pared blanqueada de la casa de Melchor.
Distinto fue el caso de doña Abstención, la profesora y Directora de la escuelita del pueblo porque ella cobra por su vigésimo de la lotería la suma de ciento veinticinco mil dólares.
De manera que en el acto le paga a su acreedora con usura, doña Angelines, a quién le dice, ve usted que Dios se acuerda de los pobres? Y usted no tuvo el gusto de quedarse con mi casa y ahora me voy a Madrid a curar a mi hermana, hasta pronto doña Angelines y gracias.
Ya en Madrid doña Abstención se va al hospital del Aire, uno de los mejores que pudo escoger y luego de una breve gestión logra internarla y de inmediato empiezan los exámenes, análisis clínicos, radiografías, etc. determinan los médicos practicarle tres operaciones, una de cadera otra de tobillo en el costado derecho y una tercera en el tobillo izquierdo, lo que llevará unos seis meses de tratamiento para ver como quedaba. Todo se hizo bien y al cabo de seis meses la hermana de Abstención ya daba algunos pasos, pocos todavía, pero con una fisioterapia cuatro horas diarias quedaría bien del todo. Carmencita, que así se llamaba la hermana de Abstención ya podía caminar perfectamente sin ninguna ayuda.
A todo esto doña Abstención consigue un puesto de profesorado en Móstoles en una escuela privada y de prestigio, y para su hermana una plaza el colegio del lugar para terminar bachillerato. Con los fondos sobrantes que le quedaron después de pagar el tratamiento, doña Abste. Resuelve comprarse un Apartamento, pero como le faltaría dinero, resuelve vender su casa en Rapariegos así que arma viaje al pueblo y se va con su hermana Carmencita, allí va directo a buscar a Angelines con dos motivos, uno para ofrecerle su casa en venta y el otro mostrarle que el esfuerzo hecho para curar a su hermana dio sus frutos. Después de charlas y regateos, Angelines se queda con la casa por un precio justo y Abstención compra su Apartamento, nuevo también por un precio justo Abste y Carmencita se radican en Móstoles y siguen una vida tranquila ahorrando para amoblar su apartamento con renovados bríos
Para vivir contenta.
De los siete socios de Lucas el sacristán, de Diego hijo del herrero y de Pedro Luis zapatero remendón nunca se supo nada, simplemente desaparecieron del pueblo. Lucas el Sacristán lo mandó al diablo a su señor cura por explotador y se fue a Madrid para explorar el ambiente y allí conoció los más bellos tablaos, las más lindas Zarzuelas, los mejores Colmados y los teatros más presuntuosos pero sin adarme, ni un tomín en el bolsillo. Como pudo llegó a Móstoles a pedirle prestado para su pasaje a Rapariegos donde se va a la Iglesia en busca del cura y frente a él se arrodilla pidiéndole perdón por las injurias y lloraba de arrepentimiento enjugándose las lágrimas en la sotana del cura quién le dice, hombre Lucas sé que has pecado gravemente, pero te perdono ahora, vete a su cuarto que mañana tenemos misa de cinco. Lucas se va cabizbajo a su dormitorio mascullando algunas palabras incoherentes “lo tomao y lo bailao quién me los quita?.
Diego el hijo de herrero, apurando el fuelle y con el sudor en la frente pensaba que Lucas fue el más inteligente de los tres, porque después de pasarse la gran vida en Madrid volvió de sacristán, en cambio yo, le doy la plata a mi padre para que compre fierros y me haga trabajar el doble sin darme ni siquiera un chatito de vino para el calor...
Pero Luis el zapatero remendón, con poca plata para herramientas, se vuelve maestro zapatero aunque sigue haciendo remiendos, medias suelas y tacos, pero según ‘el todo estaba bien menos gastar toda su plata en un gran matrimonio con la Manuela...
A Roque Herrero le pasa lo que a todos, pero peor. entrega al partir su finca, sus cerdos y sus vacas. A Pepe Grillo, pequeño personaje de ojos vivaces, petiso y barrigón con una nariz de largo calibre pero siempre con la sonrisa en los labios. Ahora a trabajar petiso y cuidado con hacerme travesuras porque te mato y ahora me voy a vender muebles.
Ocurría que el hijo de Roque herrero, Simoncito llega un día a casa gritando de alegría, papá, Sale don Roque y furibundo le dice: que pasa chaval, pero por qué gritas como un estúpido? es que no soy papá me saqué la lotería… ¿qué me dice muchacho? ¿es que te has vuelto loco como los demás?, lo que pasa papá es me saqué la lotería junto con Román Pablo y Mateo, te juro papá que es cierto, pregúntales a ellos, Roque le dice: hombre explicarme como es este lío. No es ningún lío papá, es que yo puse mi parte para la fracción y nos la sacamos, así que tenemos que partirnos entre los cuatro y nos sale a treinta y un mil doscientos cincuenta mil a cada uno, hombre de dios, le dice Roque, esa no es ninguna plata, son dólares papá son dólares le replica Simoncito, bueno, bueno dice Roque con voz suavizada, eso cambia hombre, eso cambia, entonces habrá que hacer planes para tu futuro, mañana veremos que hacemos.
Toda esa noche se pasó en vela meditando como sería mejor invertido el dinero ganado en la lotería por su hijo Simoncito. Hombre, decía Roque, este muchacho no va a poder tanto dinero, no hay más remedio que mandarlo a estudiar la secundaria a Arévalo y yo encargarme de sus finanzas y creo que lo mejor será poner una mueblería, que aquí en el pueblo no hay una sola, que vergüenza, ese será un buen negocio trayendo los muebles de Barcelona que son buenos y baratos, eso es, mujer que dices tú, ¿no te parece bien? Y la mujer soñolienta le contesta, puede que si y puede que no ¿quién va a comprar tanto mueble aquí que somos pocos?, Pues la gente mujer, ustedes no saben de negocios y este es muy bueno, te lo digo yo mujer, si lo dices tú así será pero déjame dormir hombre de Dios.
Roque persiste en el negocio y ejecutivo como es, en el tapial de su casa, cuyo fondo daba a una calle a trasmano, hace un gran salón para exhibir los muebles ya pedidos a Barcelona de acuerdo a catálogo.
Concluida y decorada la mueblería “El Roble” y los muebles de toda clase y color muy bien dispuestos, Roque empieza el acto de presentación, remarcando la calidad y duración de la mercadería traída de Barcelona, acto seguido vienen los vínachos, los picaditos y para sellar el acto rompen una botella de champan beben una copa de coñac y luego todo el mundo hace mutis por el foro.
A los días la gente comenta lo bien que estuvo la inauguración pero como le irá al pobre Roque con el negocio que los riesgos son muchos y los clientes pocos. Sin embargo los primeros meses Roque vendía bien para pagar obligaciones pero que a medida que pasaba el tiempo, las ventas disminuían hasta pasaban meses pa vender alguna pequeñez, hasta que Barcelona ya no le mandaba muebles, pero Roque no dejaba de abrir la mueblería. Entre tanto, Pepe Grillo hizo de las suyas con propiedad, las cosechas, los cerdos y las vacas, todo vendido y no le rindió cuentas de nada porque sencillamente estaba cruzando el Atlántico rumbo a la América. obviamente Simoncito volvió al pueblo a sentarse en la mueblería y Roque a empezar de nuevo en la finca sin cosecha, sin vacas y sin cerdos, solo dos marranos, y ninguna hembra.
De los socios de Simoncito, sabemos que Román se fue a Sevilla para hacerse torero, Pablo a Fuen Labrada Monte en Extremadura a criar venados para que los señoritos puedan cazar y cobrar por cada pieza muerta y finalmente don Mateo se fue a Ciudad Real a vender churros con chocolate espeso. De sus vidas nada se supo después.
En conclusión, hoy, en ese pueblito pintoresco y agradable se sigue disfrutando de sus costumbres y tradiciones como si nunca hubiera pasado nada. Padre Ajo sigue escribiendo la Historia de las Universidades Latinoamericanas y ya debe estar en volumen 14, yo lo dejé en el No 11 y los pobladores que fueron pobres ahora son ricos y los que sacaron la lotería ahora son los pobres, cosas del destino.


