Fragmentos del libro del Prof, Julio Humberto Arce Arce:
El Llurito de mis Recuerdos Añoranzas y Nostalgias
EL BRIXIA DE LOS HERMANOS CALABI
No estamos seguros de la fecha, pero creemos que entre los años de 1912 al 13 llegó en piezas la primera máquina móvil, el automóvil de los hermanos Calabi, Ángel y Jacinto; era un "Brixia", máquina europea de tres cilindros, ignición a magneto, con capota embreada desmontable y que, fuera de un sonoro claxon, tenía una bulliciosa sirena que, cuando sonaba causaba pavor entre los perros de la vecindad.
Como decíamos lo trajeron desde la Quiaca por piezas a hombros de robustos campesinos y ya en la ciudad los hermanes Calabi lo armaron pacientemente siguiendo las instrucciones del folleto correspondiente.
Así lo armaron y pusieron en funcionamiento para apuros y sustos de los transeúntes, pánico de caballos y jinetes, dispersión de asnos y perros.
En las tardes de primavera, los Calabi, vistiendo un largo guardapolvo de cuero negro, con gorra y antiparras y calzando como cuadra a un '"volante", salían por la plaza en el Brixia e invitaban a sus amistades a subir al infernal vehículo, también acompañaban al fantástico viaje por las calles de Tarija algunas damas de la sociedad, luciendo un traje fresco y sus grandes sombreros adornados de flores artificiales que se estilaban en esos tiempos. La aventura comenzaba en la esquina de la plaza, calle Sucre, el coche subía hasta la calle Cochabamba para bajar por la General Trigo, otra vez a la plaza; varias personas se turnaban y todas ellas cuando bajaban del vehículo lo hacían con la sensación de astronautas después de hacer muchísimas órbitas alrededor de la luna. ¡Habían realizado una gran experiencia con valor y serenidad!...
Lo grave era que no obstante que mientras don Ángel conducía, don Jacinto hacía sonar el claxon y la sirena a todo volumen y, sin embargo ocurría que algún leñatero o alfero con su recua de burros se hacía sorprender y entonces se armaba la de San Quintín. Los burros corrían sin que nadie pueda atajarlos, sembraban las cargas de leña o alfalfa con gran indignación del dueño que entre carcajadas de los espectadores protestaba: "Gringos de la gran p... me han hecho "tackar" las cargas y mis burros se me van "kejteteande" hacia el pago y lo peor se me va a perder el pollino recién comprau. Mientras el Brixia, conducido por los Calabi sigue, a cinco kilómetros por hora, por la calle Potosí para tomar la calle Ancha y bajar por la General Trigo, así ha completado su peligroso recorrido... peligroso para jinetes y transeúntes elevados y con peligro de infarto.
En 1925 se estrenó el camino carretero Tarija- Villazón con la llegada del primer camión Saurer, lo veíamos enorme y lo trajeron los hermanos Burry, después fueron los hermanos Lema "Ulupica" y "Tiznao" quienes trajeron un pequeño Citroen y ya la gente se acostumbró a las movilidades mecánicas y poco a poco iban siendo eliminadas las monturas animales, hoy quien no maneja; autos sin distinción de clases y edades, el peligro siempre y de verdad es para los transeúntes aunque haya "varitas"...
El Brixia de nuestros recuerdos terminó herrumbrado y olvidado en un corralón del tambo de Sama.
EL GUADALQUIVIRSE ENOJA
Mes de enero, las gentes dicen con razón: "Enero loco, febrero poco" o es la contra y ahora estamos a medio enero, llueve a torrentes y después los arróyelos aumentan de caudal y desde la altipampa de Iscayachi por las laderas de Sama, bajan al valle para unirse al Guadalquivir: así lo hacen también las aguas de la Pajchama, los Chorros de Jurina, Canasmoro y Sella y el Guadalquivir antes apacible y manso se ha enojado, ahora baja orillando la ciudad, arrastrando sauces tronchados y "tarackas". Brama y, las gentes al escuchar el fragor de las piedras que arrastra se reúnen en la playa, es que entonces el Guadalquivir adquiere toda su impetuosa majestad.
Hay gentes de los barrios de San Roque, La Pampa, las Cojchas, las Panosas, el Molino y del Centro y entre ellas hay muchachos que desafían las iras del río, como adanes desnudos se lanzan al compás de las olas, algunos nadando a volapié llevan la ropa en la mano sin hacerla mojar, ahí está la gracia, pasar el río, desafiando las fuertes olas y "sin mojar la ropa" quienes lo hacen así son campeones y merecen las felicitaciones del público. Es que ya lo hemos dicho parecería que desde que nacen, su ambiente es el agua y antes que gatear nadan...
Han transcurrido tres o cuatro días y recién desde la Banda, Tabladita, Tablada, Tolomosa, Guerrahuaico, etc., se animan a pasar los campesinos que vienen al pueblo; el río está más manso, pero sin embargo arrastra y a veces los caballos tienen que nadar y los jinetes tienen que ser hábiles y conocedores del " bado ".
Hay más calma en el cielo, también el Guadalquivir está manso y ya las lecheras y verduleras se animan a pasarlo y es todo un espectáculo para algunos "viejos verdes" al verlas pasar y cruzar el río, levantando la pollera hasta medio muslo para que no se le moje y al mismo tiempo defendiendo su pudor; unas llevan la canasta en la cabeza y otras el cántaro de leche y.. . los viejos esperando si la pollera no sube más arriba o la lecherita no ha perdido pie y se ha hundido en las aguas cántaro y todo...
LA CUERDA BRAVA
"La cuerda Brava" estaba constituida por una muchachada (el que menos ya había pasado de los veinticinco abriles o llegado a los treinta, eran casi todos profesionales...), pero se decían muchachos.
Eran una veintena y se entendían muy bien, eran buenos y sinceros amigos, sin color ni distinciones de clase; se sentían con derecho a divertirse cuando era menester sin olvidar sus obligaciones y todo cuidando las apariencias, los buenos modales.
Su modo de vivir se justificaba plenamente si consideramos el ambiente en que se desempeñaban; un ambiente monótono, demasiadamente apacible y sencillo, de una sencillez provinciana.
En aquel entonces no se conocía lugares donde haya distracción o motivo de reunirse y compartir o pasar gratas horas, sólo dos bares modestos; el local del Club Social les era vedado, lo mismo los lugares destinados a los "mayores", los "patricios".
Y esos muchachos de la cuerda brava, ya bastante hombrecitos por su manera de actuar no gustaba a los mojigatos, remilgados, santurrones y a las beatas que no los comprendían; es que esa muchachada era soñadora, noble, unida, alegre y bohemia; gustaba de fiestearse por derecho de hombrecitos ya formados y con personalidad; la prueba es clara que de esa juventud, en su mayor parte fueron buenos, honrados servidores a su tierra, hicieron mucho por ella, mucho más que los gazmoños de esos tiempos.
Pocos sobreviven de aquella época que la llamaríamos de oro, los más nos dejaron y sólo viven en nuestro cariño y respetuoso recuerdo para aquellos que en los carnavales hacían época como: "Los Ases del Flirt", "los Bohemios", "Méjico Alegre"; otras veces con los nombres de "Los Epras".
Mentiríamos si dijéramos que los de La Cuerda Brava eran unos Santos y angelicales; no, tenían sus inquietudes, sus problemas de jóvenes, pasaban en la vida como la pasaron los mayores, pero estos últimos disimulaban sus defectos, amparándose en la edad, en un prestigio que solo les proporcionaba el rancio abolengo cerrado e hipócrita.
UNO DE TANTOS ALMUERZOS DE LA CUERDA BRAVA
Al hablar del populoso barrio "San Roque", algunos cronistas lo llamaban el "Barrio Alegre", pero como si fuera una zona citadina de "chupa" solamente y, tal vez con sus "casas del Pecado" y cuan equivocados andaban quienes así pensaban; porque a él concurrían los "futres" del centro, los viejos que querían beber una fresca, aurea, fuerte y clarita chicha de maíz o un agua'i anchi y, servirse buenos platos sin protocolos y encontraban sinceridad, hospitalidad respetuosa de las buenas gentes del barrio.
Cuando en la Villa no había snacks, Moteles, restaurants o quintas también con derecho, los Jóvenes como los de la "cuerda", buscaban de ir al Barrio Alegre y lo hacían generalmente los días domingos por invitación especial y porque con su presencia hacían alegre el ambiente en la zona.
Por eso, después de oír sanamente la misa del domingo y con la resignación consabida de las mamacitas, reunidos en una de las esquinas de la plaza esperaban la llegada de un buen viejito que se acercaba al grupo a, hacer presente la invitación de una Miss; era el "Mosca Rabón" quien se encargaba de informar que en la casa de Norita había preparado un buen almuerzo, por supuesto roseadito con una de "cien hilos", fuerte y clarita...
Y los de la cuerda sin hacer esperar, pasaditas las once y treinta, dirigían sus pasos donde la invitación los esperaba; llegados y saludando a la dueña, solicitaban la taba para organizar los grupos de concurso, para dilucidar quienes serían los "gringos" y quienes deberían tener la suerte de beber "tisgrá" (gratis); mientras se indicaba a Norita "unas diez para comenzar".
Llegado el momento. Todos ocupaban una larga mesa en el sombreado y ancho corredor y comenzaba el almuerzo, con una buena sopa de mani, su asado de Keperí y su ají de patas y todo bien roseado y ahogado con la fuerte y unos vinos.
Pasado el almuerzo, si había entusiasmo y casi siempre este sobrada, como también las ganas de tomar por el "fuerte calor", se pedía otras botellitas más y alguien pulsaba la guitarra y... a alegrarse que la vida sin música y canto no es.
A la oración, a pagar y arreglar cuentas y después retirarse a sus casas y procurar llegar a tiempo de la cena, salvo "casos muy excepcionales", para que la adorable mamacita no se enoje.
El papá ni que decir nada, total el también alguna vez fue joven y obró lo mismo en sus mocedades y tal vez o se recogía entrada la noche o... no se recogía.
Todo lo malo que se diga de aquella muchachada y nada más... ¡envidiosas!
LOS BURRITOS Y ALFEROS LEÑATEROS
Por la antigua calle Potosí, casi marginal, llegaban de San Luis, San Jerónimo, el Tejar, recuas de burritos cargados con alfalfa para alimentar a los cuis y aves domésticas que se criaban en las casas en los antiguos corrales o también en ciertas casas para alimento de los caballos de estima, que tenían en las caballerizas particulares algunos terratenientes.
Es que entonces no se conocían alimentos balanceados ni pollos de granja, gordos pero sin la enjundia de los pollos criollos de pierna y contrapierna vigorosa y musculada, como las anatómicas del que estas páginas escribe
En los predios ya antes nombrados y en las huertas de los Callejones abundaban los tablones de alfalfa en cuyos linderos o bordes crecían cargados durazneros; el día antes el campesino cortaba el alfalfa para en la mañana siguiente cargarla en el lomo de les sufridos jumentos que tan cargados estaban que apenas se veía de ellos el cuello con la respectiva cabeza, un poco de la grupa y la cola y cuanto costaba la carga? dos reales (veinte centavos); hoy se vende un macito por un peso y no alcanza para satisfacer a un cuis...
Por la Banda, desde San Jacinto, San Blas, Tablada y Tabladita o desde Santa Ana, la Piedra Pintada y el Portillo, llegaban también recuas de acémilas cargadas de leña; entonces no se conocía ni se hablada de gas licuado ni natural, ni había elevación del precio de los hidrocarburos, gracias a Dios; los mollee., churquis y algarrobos la pagaban y por ellos la población tenía desde la época colonial un combustible barato y sin problemas. Una carga de leña, seca y grande costaba como la alfalfa dos reales.
Cuando escaseaba por alguna emergencia, llegada del río, lluvias, etc., las "mochas" se encargaban de ir a alcanzar a los leñateros ofreciéndoles buena paga y corral para sus burritos mientras los dueños iban a comprar sus "apachicos" (encargos de la mujer para el hogar) y muchas veces había que pelearla por conseguir leña.
Una nota de progreso es que en muchas casas si bien se usaba la leña era en cocinas "Volcán", de hierro, en vez del colonial fogón; mucho después se pusieron en uso otras a Kerosene y los calentadores eléctricos.
¡Habíamos progresado.
LEYENDAS URBANAS: LOS APARECIDOS, VIUDAS, PEDREAS Y LA SALAMANCA
Las calles mal alumbradas, corriente eléctrica deficiente, débil con la contingencia que en la época de lluvias, se corte porque el río llega y se lleva la acequia que mueve a las turbinas o también en época de invierno, no hay el agua suficiente y es entonces cuando entran en actividad los "aparecidos", "las viudas" y se producen pedreas misteriosas...
Aún con luz eléctrica hay temor supersticioso de pasar por ciertas calles, como las del antiguo hospital en cuya morgue no falta un cadáver o por la calle La Madrid, entre la Campero y la Juan Misael Saracho una cuadra de por si ófrica mal alumbrada.
Se habla mucho de las "viudas" que se aparecen por lo general a los nocharniegos que se recogen a deshoras de la noche ebrios y después aparecen durmiendo la "mona" y "cospachados" en la quebrada de El Monte. Aquellos le echan la culpa a una viuda y así se disculpan ante su "cara mitad" el no haberse recogido a su casa.
Por lo que sabemos hubieron dos viudas, la una se aparecía en la cuadra ya indicada de la Catedral, dicen que lo hacía arrastrando cadenas; la cuestión es que nadie se atrevía a transitar por ella hasta que una noche se recogía un achispado y y se le apareció de pronto la viuda; el susto disipó la borrachera del borrachito y este sacándose él cinto la emprendió con el fantasma femenino y cuando ésta comenzó a quejarse y pedir misericordia se descubrió que la tal viuda era una señora conocida, tal vez lunática o con que motivo salía a asustar con pretensiones de moza y deseos de aventura.
Otra, en la plazuela Sucre salía también a deshoras, pero también fue descubierta por casualidad, ésta era simpaticona y joven pero celosa; los motivos de su salida bien tapada de negro era por descubrir las andanzas de su amado que se confundía maliciosamente de casa y entraba y no equivocadamente, sino a propósito, se entraba a otra donde parece encontraba mejor cama...
Nunca se descubrió quien fuera el ¡hepo!
Durante muchísimas noches había alguien que caminando per las calles, especialmente las marginales gritaba: 'hepo', ihepo', hepo! y atemorizaba al vecindario y eso que en las noches siempre había la "ronda" realizada por los recordados: Loro Gareca y el Teniente Lozano. El hepo los sabía esquivar y nunca, como ya lo dijimos, se hiso pescar; pero tuvo en jaque a los de la policía y a los nocharniegos con beneplácito de las amas de casa.
En una casa, como casi todas las de antes con su gran huerta, una verdadera casona, con amplios patios y corredores, situada al final de la calle Potosí y cerca de la Loma; cuando las sombras de la noche comenzaban a adueñarse de la ciudad, comenzaron a llover piedras escogidas, redonditas y húmedas y ésto no quedó en esa noche sino en las siguientes con gran alarma de los dueños de casa que tenían que acogerse, quieras que no temprano en sus dormitorios.
La misteriosa pedrea, continuó por días y se hablaba en la vecindad de la posible acción de un ocioso duende; intervino la policía, los "rondas" subían a los techos o caminaban por los patios y la huerta, la pedrea se interrumpía y siga la cosa después.
Una noche la cocinera que era de malas pulgas, doña Mónica, se hizo tarde en la cocina en lavar los platos y las ollas y en ese afán, recibió una de las piedritas en la cabeza; doña Mónica a medida que seguían lloviendo las tales, empezó a recogerlas y devolverlas de dónde venían y comenzaron los gritos de la vecina que clamaba: "Mis ollas, mis yambuys y tinajas" (la vecina hacía chicha) y así después de meses se descubrió que el tal duende era el vecino y sus hijos que se ocupaban de asustar a los moradores de la otra casa en afán de que por un tiempo se alejen para que ellos puedan sacar un posible "tapau" (tesoro) oculto al final de la huerta, pues en las noches habían visto arder...
El tapau resultó ser huesos de algún animal, en estado de descomposición.
También en otra casa del centro hubo otra pedrea y se descubrió que la producían en la casa de unas solteronas, unas "imillas pispilas", así las dueñas de casa se metían temprano a su dormitorio, mientras las imillas tenían sus dulces coloquios con sus rondas...
Allá en la Quebrada de El Monte, había una galería o túnel que según dicen los historiadores, hizo construir el General Manuel Ottón Jofré para defender su propiedad "Lourdes" de los avances de la quebrada. Pasaron los años y nadie se acordó del túnel, pero si nació el mito de "La Salamanca".
Las buenas gentes decían que en ella moraban duendes y que en las noches Lucifer iba a visitarlos y "a pasar revista". Lo cierto es que sabemos que algunos' creídos fanáticos de la "Taba" y que prácticamente chupaban gracias a sus buenas manos y hasta vivían gracias a ella, iban a dejar sus huesos en la Salamanca para que el diablo los toque y lo mismo ocurría con quienes sabían hacer vibrar las cuerdas de una guitarra y la dejaban en la noche para que "el diablo la temple'... Cosas de la época sencilla e ingenua como vivían las gentes de mi tierra. Todo duró hasta que muchachos avivados se informaron y robaron lo dejado, sin miedo a Lucifer.
Lo de la Salamanca quedó en el mito. Como lo de Magulla que hacía de adivino y no adivinó su destino...
LOS SIRVIENTES, LAS MOCHAS Y LOS TELÉFONOS
En alguna crónica antigua hemos leído y visto láminas por las que sabemos que en tiempo de la Colonia y después, las damas de abolengo acostumbraban ir a la misa, seguidas de numerosa servidumbre y algunas esclavas morenas.
Por lo visto esa misma costumbre aunque en pequeño existía en el ambiente de la villa y aún en las casa de la clase media, no halla el problema de servidumbre como ahora; en cualquier casa la ama, la señora disponía de la cocinera, la o las sirvientas de mano, alguna "guagüera" y la o las proletarias "mochas".
Las primeras a sueldo y las últimas eran chiquillas que voluntariamente la mamá pobre o con numerosa prole no podía alimentar o era alguna huérfana que el juez respectivo entregaba a alguna casa, para que la mantengan, la cuiden hasta su mayoría de edad. Por eso la "mocha" hacia de todo, para los mandados, los mensajes, cuidado de los más chicos de la casa, sin sueldo y si, recibía, eran golpes.
Las empleadas, por lo general, eran por años, cama adentro, sin salidas los sábados o domingos y algunas se encariñaban tanto con sus patrones que, terminaban su vida sirviendo en la ...casa y considerándose ya como parte de la familia; había lealtad y no las impostoras de hoy. No eran exigentes en el sueldo ya que tenían la comida segura y lo que ganaban lo empleaban para los estrenos o para ayudar a su familia; las 'mochas" se vestían con la ropa dejada por las niñas y se las llamaba mochas porque de un principio cuando se las recibía, se las hacía cortar el cabello al "cero" por si tenían parásitos no gratos, de inquilinos en la cabeza y así se quedaban cuando más con el cabello corto y con el apelativo hasta creciditas o hasta que se escapaban con algún despistado. Cuando hablábamos de los teléfonos, decíamos que estos artefactos sólo había en pocas casas y por eso en las demás las mochas eran los teléfonos humanos, llevaban y traían mensajes, hacía de Vicha vicha, ejercitaban el espionaje para la patrona celosa, siguiendo los pasos del marido bellaco... buenas detectives...
UNA ANÉCDOTA VERÍDICA
Doña Rosendita era una simpática, agraciada y modesta costurerita que con su trabajo mantenía a los suyos; era mocita y apetecida y no faltó el picarón que supo hábilmente hacerla suya y así vivían sin que el sagrado vínculo del matrimonio los uniera legalmente; pero se adoraban y el amor lo puede todo. Pero nunca falta el "pero" ni las malas lenguas y las "sinceras amigas" que se encargarían de amargar y envenenar y alguna, le vino con el cuento: el "bien amado visitaba continuamente a otra agraciada que tenía su tiendita, donde también vendía chicha, de segunda mano", "embotellaba". Era la Clodo.
Rogelio que así se llamaba el Casanova y a quien nada le dijo, la discreta Rosendita, tuvo que viajar a La Paz; mientras tanto Rosendita, se mordía por la revancha y ella se presentó cuando ausente el motivo; Rosendita mandó a su "mocha" para que en nombre de Rogelio se fíe unas veinte de la "clarita y fuerte"... después, como si nada ella recibirá' la visita del "Bien amado" para abonar la cuenta.
Rogelio seguía por razones personales en La Paz, sin saber nada, por supuesto y pasaron muchos días prudenciales y Clodo creía que ya era tiempo de cobrar las veinte y decidió mandar a su mocha que vaya a cobrarlas. La mocha llega donde Rosendita y le dice: Ha dicho la niña Clodo que le mande el dinero de las veinte botellas que don Rogelio debe y Rosendita le dice: "Anda"' decile a tu patrona que, NO LE VOY A PAGAR, que la deudora soy yo y no el sinvergüenza de Rogelio "No le voy a pagar porque las veinte que reclama valen por el FLETE DEL BERRACO"... Es sabido en BERRACO es el cuchi, el cerdo o el chancho sin castrar sirve solo y se lo reserva para la procreación. Así nos le contaba precisamente un sincero y buen amigo de Rogelio, él, el amigo nos acompaña y sigue siendo el ocurrente, el simpático amigo del por razones obvias, no le ha de gustar, ni a él ni a la víctima del cuento; ambos viven para alegría y complacencia de los que aún vivimos en este valle de Tarija la Linda.
NUESTRO QUERIDO COLEGIO NACIONAL "SAN LUÍS" Y SUS ANÉCDOTAS
Nuestro querido Colegio Nacional "San Luis" tiene una larga historia; pocos la conocen porque los más, sus alumnos y los que hicieron esa historia ya abandonaron este mundo de pecadores y son pocos los que quedan para recordar lo acontecido.
Con subtítulos vamos a recordar algunos, hechos de los que tal vez, hemos sido actores:
LOS MUCHACHOS DEL "SAN LUIS" COMPRAN LEÑA
Los muchachos de entonces eran estudiantes y como tales, no sólo estudiaban porque los padres vigilaban, controlaban y eran fieles colaboradores del maestro, sino por amor propio, porque muchos ansiaban salir de su situación social y económica y veían el futuro; estudiaban porque había disciplina drástica, había respeto al maestro, un segundo padre y porque había más responsabilidad y menos libertad. Si, estudiaban porque el que no lo hacía se aplazaba y a veces perdía el año miserablemente y sin los desquites de ahora, sin huelgas de hambre que, por desgracia las inventaron hombres maduros, inveterados políticos.
Los de nuestros tiempos eran otros estudiantes, algunos flojos, pero estudiantes y con todas sus picardías, pero no huasos y malcriados... claro que también había excepciones.
No obstante la deficiencia de textos apropiados y de profesores titulados, todo se superaba con la buena y decidida voluntad de quienes hacían de mentores y del deseo de superación de alumnos y la colaboración de los mismos padres que se esmeraban y controlaban los estudios de los hijos y su comportamiento.
Respetuosos y hasta temerosos a sus maestros, con todo sabiéndose estudiantes alguna vez no faltaba la picardía donde se demostraba y volcaba el espíritu estudiantil como aquella vez que un grupo de alumnos del Nacional, compraron leña a nombre de un papá imaginario (el Director del establecimiento).
Una tarde no faltaban muchachos que iban al colegio antes de hora; pasaba por la calle un campesino leñatero ofreciendo leña y un estudiante chusco, con toda malicia le preguntó si era para vender su leña, a la contestación afirmativa del dueño, hizo descargar la leña en el zaguán del colegio haciendo entrar previamente a los asnos según aquel al corral hasta que el hombre pueda buscar sus apachicos y que llegue el presunto papá y así le pague.
Cuando llegó el director y profesores tuvieron que entrar al colegio por la dirección en la esquina, así encontraron a varios muchachos ejercitando equitación asnal... Mientras llegó el dueño a reclamar el pago de la leña y el director indignado le hizo ver que había sido víctima de una picardía que sería sancionada. El dueño de la leña ayudado por los mismos alumnos tuvo que cargar de nuevo la leña e irla a ofrecer a la calle Ancha, con maldiciones a los "cholos" de la ciudad, a los muchachos y al mismo director...
LOS SAN LUISEÑOS SE ROBAN LA BANDA DE MÚSICA
Hasta que se fundó el después legendario Regimiento "Ayacucho", Tarija sólo contaba con los "rondas" de la policía y alguna vez una pequeña guarnición de soldados rezagados en su paso al Chaco. Por eso, fundado el regimiento Ayacucho, el pueblo contribuyó con su banda departamental a que la unidad tenga su Banda.
Teníamos un regimiento en la Villa hasta que el Comando determinó que éste marchara a la zona chaqueña y así Tarija se quedaría sin su banda y sin retretas... alegría de nuestros jóvenes.
La mañana antes del día en que debía partir' el regimiento al Chaco, misteriosamente en la Región Militar amanecieron los cuatro soldados de guardia amarrados y amordazados; según ellos habían sido sorprendidos desde una huerta vecina; pero lo peor es que los instrumentes de la banda desaparecieron. Comenzaron las investigaciones y averiguaciones por parte de la policía y los jefes militares y los de la guardia se mantenían en lo mismo: "al notar algo en la huerta vecina dos soldados fueron a averiguar y como no regresaban, fueron los otros dos y cuando vieron los cuerpos de sus compañeros tendidos por unos encapuchados que, como ellos otros los amarraron y amordazaron.
De esta manera, los mismos encapuchados se llevaron los instrumentos.
Los jefes, más o menos sospecharon que fueron tarijeños los de la hazaña y como el tiempo urgía, dejaron instrucciones para que la policía continúe las investigaciones. El regimiento viajó sin banda, pasaron los días y nadie se acordó del asunto.
Una mañana cuando los empleados se retiraban de sus oficinas y había afluencia de gente en la plaza, con gran sorpresa y entre risas vieron llegar, muy orondos a un grupo de "Sanluiseños" portando los instrumentos perdidos y que entregaron al Prefecto, quien naturalmente los amonestó y bien que él estaba interiormente satisfecho de los hechos... él también, alguna vez fue alumno picarón del potente "San Luis"


