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Del libro: Enigmática “Puerta del Sol”, en un Tiwanaku coloso y misterioso

1.1 La Portada Lítica como símbolo

Cántaro
  • Julio Cesar Velásquez Alquizaleth
  • 22/02/2026 00:00
Julio Cesar Velásquez Alquizaleth

Julio Cesar Velásquez Alquizaleth

Portada  Enigmática “Puerta del Sol”

Portada Enigmática “Puerta del Sol”

Bloque monolítico de Tunka Punku.  Foto: Haydee Velásquez Alquizaleth

Bloque monolítico de Tunka Punku. Foto: Haydee Velásquez Alquizaleth

Dibujo de “Tunka Punku” Fuente: Colección Epifanio Velásquez Sivila. Realizado por el Cnl. Juan Ondarza. 1846

Dibujo de “Tunka Punku” Fuente: Colección Epifanio Velásquez Sivila. Realizado por el Cnl. Juan Ondarza. 1846

Fuente: Grabado realizado el año 1890.  Colección Epifanio Velásquez Sivila

Fuente: Grabado realizado el año 1890. Colección Epifanio Velásquez Sivila

Puerta del Sol Fotógrafo: Julio César Velásquez Alquizaleth. 1964

Puerta del Sol Fotógrafo: Julio César Velásquez Alquizaleth. 1964

Puerta del Sol

Puerta del Sol

Julio Cesar Velásquez Alquizaleth
Portada  Enigmática “Puerta del Sol”
Bloque monolítico de Tunka Punku.  Foto: Haydee Velásquez Alquizaleth
Dibujo de “Tunka Punku” Fuente: Colección Epifanio Velásquez Sivila. Realizado por el Cnl. Juan Ondarza. 1846
Fuente: Grabado realizado el año 1890.  Colección Epifanio Velásquez Sivila
Puerta del Sol Fotógrafo: Julio César Velásquez Alquizaleth. 1964
Puerta del Sol

“Una palabra o una imagen es simbólica cuando sugiere algo más que su significación evidente e inmediata” Cari Gustav Jung.

“Nadie podrá dudar que los símbolos fueron el lenguaje casi universal de la teología antigua. Fueron también el método más obvio de instrucción; porque, a semejanza de la naturaleza, dirigían la enseñanza por la vista; demostrando muchos textos antiguos que toda participación religiosa se hacía por medio de una exhibición ocular. Los primeros preceptores del género humano emplearon en él gran número de jeroglíficos. Los enigmas en la Esfinge tuvieron, del mismo modo, origen en un sistema de enseñanza tan necesario entonces; enigmas, que, a la vez que excitaban la curiosidad, exponían a un peligro cierto al osado caminante que intentaba descifrarlos. Los dioses, decían, revelan a los doctos su saber, en tanto que a los necios nada enseñan” (Frau/Arus, 1962: 724).

Ante todo, precisemos qué entendemos por “símbolo”. Un símbolo es algo que representa ante la mente la imagen de otra cosa que no se ve en aquel momento pero que le está relacionada. “Los símbolos son ideas con antifaz, en cuyo interior yace inflamada una emoción”.

Como veremos a lo largo del presente libro, nuestros juicios no son teorías sacadas de un escritorio mediante elucubraciones sobre algo desconocido, sino son verdades captadas en el campo o escenario mismo de Tiwanaku, en plena naturaleza y forjadas en completa convivencia con los habitantes de ella.

Este trabajo es una prospección bibliográfica, y como tal, debe juzgarse. En la historia no existe verdad absoluta, lo que sucede son diferentes puntos de vista.

Extremadamente excitante es para el historiador aquel punto en que la historia linda con la leyenda. Esto suele ser lo mejor de todas las tradiciones.

Goethe

Llevar a cabo una historia cierta y real sobre los investigadores que han efectuado indagaciones sobre el significado de la litoescultura o monumento de piedra denominada “Puerta del Sol” de Tiwanaku, permite afirmar que varios de ellos han utilizado dos relojes y, “El hombre que utiliza dos de estas máquinas nunca se hallará seguro de saber cuál de las dos marca la hora exacta”.

En cuanto al Símbolo debemos decir que es “dinámico y está cargado de una energía emotiva que despierta distintas reacciones. Puede servir de orientación, o bien para intimidar, instruir, fortalecer, empavorecer, desconcertar o adoctrinar. Es difícil separarlo de los signos y los mitos, y está sujeto a tan amplia gama de interpretaciones con arreglo al contexto, que su significación a menudo parece recóndita y misteriosa. En tiempos antiguos, el hombre reaccionaba con mayor intensidad ante los emblemas, considerándolos en su aspecto mítico, a semejanza de esencias mágicas; hoy día le concede mayor importancia desde el punto de vista de la representación convencional de las ideas, a manera de una taquigrafía tecnológica.

El emblema se considera como un nexo entre el mundo físico y metafísico; revela al hombre verdades trascendentales relativas a sí mismo y al mundo circundante. “Los símbolos más característicos del espíritu y de la intuición con el sol y el firmamento iluminado por aquél”, asevera Paul Diel. “Los de la imaginación y la parte oscura del inconsciente humano, son la luna y la noche. El mar representa la misteriosa inmensidad de la que todo proviene y a la que todo va a parar”.

Bloque monolítico de Tunka Punku.

Foto: Haydee Velásquez Alquizaleth

Todas las religiones atraen a los creyentes por su simbolismo. Los mitos se cuentan en un lenguaje simbólico; los rituales son simbólicos, los héroes son símbolos para la multitud, que se siente enaltecida por sus hazañas; el atuendo de un hombre puede simbolizar su profesión, las agujas de las iglesias simbolizan la elevación espiritual de los feligreses" (MD, 1967: 65, 66).

Tiwanaku, antes de tallar la majestuosa obra de arte llamada “Puerta del Sol”, ya había alcanzado grandes logros en la mayor parte de las ciencias y las artes. En la arquitectura, había construido magníficas edificaciones, entre ellas el Templete Semisubterráneo, gran parte del Templo del Kalasasaya, la pirámide de Akapana y parte de Tunka Punku. Había producido magnificas obras realizadas en arcilla (cerámica), litoesculturas de extraordinaria belleza, además distintas obras en varios metales.

En la agricultura había domesticado variedad de plantas alimenticias; lo mismo hizo con la ganadería. Estos beneficios habían situado a Tiwanaku, como la civilización más desarrollada en la región andina entre los años 1520 a.C. a 374 d. C.

Dibujo de “Tunka Punku”

Fuente: Colección Epifanio Velásquez Sivila.

Realizado por el Cnl. Juan Ondarza. 1846.

Fuente: Grabado realizado el año 1890. Colección Epifanio Velásquez Sivila.

 

“Indudablemente, la historia se hace con documentos escritos. Pero también puede hacerse, debe hacerse, sin documentos escritos si éstos no existen. Con todo lo que el ingenio del historiador pueda permitirle utilizar para fabricar su miel, a falta de las flores usuales. Por tanto, con palabras. Con signos. Con paisajes y con tejas. Con formas de campo y hierbajos. Con eclipses de Luna y cabestros. Con exámenes periciales de piedras realizados por geólogos y análisis de espadas de metal realizados por químicos. En una palabra: con todo lo que siendo del hombre, dependen del hombre, sirve al hombre, expresa al hombre, significa la presencia, la actividad, los gustos y las formas de ser del hombre” (Lucien Febvre).

“Al historiador le interesan los datos provenientes de los censos para investigar la complejidad de las relaciones que se establecen entre el número de los hombres y la evolución de la sociedad’ (Edward H. Carr).

“Cada generación debe repensar la historia” (José Ingenieros).

Puerta del Sol

Fotógrafo: Julio César Velásquez Alquizaleth. 1964.

Diez de Medina, al referirse al génesis de Tiwanaku, expresaba: “El andícola pobló la cuenca del Lago Titicaca. En sus riberas florecieron las primeras sociedades civilizadas del Ande. Agricultor, guerrero y pescador, se adaptó a un tipo de civilización cerrada como el circo de sus montañas. Relativamente moderna, deja breve huella de su cultura. Pero los fósiles y las capas geológicas, revelan que el andícola prehistórico arranca de la era paleolítica. Aunque ya de épocas más recientes, los monolitos y sus indescifrables jeroglíficos hablan de culturas superiores. La cerámica correspondiente a las civilizaciones del segundo, y del tercer Tiwanaku, expresa fina educación artística. Y las ruinas del Palacio de Kalasasaya, de los templos del Sol y de la Luna, de Puma-Punko, Akapana y la Gran Portada del Sol, revelan un genio arquitectónico capaz de elevarse a la altura de la ciencia secreta de los egipcios”

Tiwanaku es la bruma del origen americano. Según el Padre Cobo, su primitivo nombre fue “Taypicala”, que significa “piedra de en medio”. La tradición dice que este pueblo estaba ubicado al centro mismo del mundo, y que pasado el Diluvio, de Taypicala salieron nuevamente los hombres a poblar el mundo”.

José María Camacho, historiador prestigioso, estima que debió ser un centro político y religioso y, desde luego, la cuna más antigua del pasado del Nuevo Mundo.

En realidad nadie sabe lo que fue Tiwanaku. Ni soñadores ni hombres de ciencia. Poco es lo que se vislumbra en las escasas ruinas tres veces destruidas por la naturaleza, el conquistador y la república. Hay un desequilibrio incomparable entre los inmensos bloques pétreos y las pobres armas primitivas de los museos. Nada se sabe, de concreto, acerca del primer, segundo, y del tercer Tiwanaku. El cuarto, más accesible, tampoco manifiesta caracteres definitivos. Los monolitos de arcilla rojiza, y los grandes bloques guardan su secreto. Cada día se inventan nuevas significaciones, se bordan extraños simbolismos sobre las cuatro épocas tiwanaquenses. Pero mientras no llegue un visionario a la manera de Scheliemann, capaz de tomar contacto con las capas imantadas de la prehistoria y la poética del símbolo, desafiando a los arqueólogos y a los investigadores sistemáticos, poco se habrá esclarecido” (Diez de Medina, 1944: 87,-88).

“Cieza de León llegó a Tiawanaku en 1549 y es el primer cronista que describe las monumentales edificaciones. Encontró la ciudad casi intacta, pues para entonces sus compatriotas no le habían causado aún estragos de importancia. Interrogados los indígenas del lugar acerca del origen de ella, rompieron a reír, pues era tan antigua que no le quedaba memoria de quienes la hubiesen construido; más bien oyeron a sus antepasados contar que todo aquello que se veía apareció hecho en una sola noche. Meditando sobre el caso, Cieza considera que es lo más antiguo que hay en todo el Perú. Atribuye las obras a algún pueblo evolucionado que vendría de algún punto ignorado del territorio interandino y que al final habría sido exterminado en guerra por los vecinos. El autor encontró, aparte de los admirables edificios, “los aposentos de los ingas y la casa donde nació Mango inga, hijo de Guainacapa”. Por lo visto, los Inkas tributaban el homenaje de su respeto y de su veneración a la memoria de los antepasados que erigieron la soberbia ciudad, eligiéndola como punto de itinerario y residencia temporal. Porque además allí mismo edificaron un templo espléndidamente dotado y servido por muchos sacerdotes. Sobre los cimientos de ese templo, como sobre los de Qórikancha del Cuzco, el clero español levantó un templo católico, el mismo que se ve hoy día en la localidad de Tiawanaku.

Otros cronistas visitaron también la ciclópea ciudad. Reginaldo de Lizárraga, en “Descripción de las Indias”, pondera la magnitud y belleza de las piedras labradas como “con escuadra”, encuentra gigantescas estatuas monolíticas y acaba declarando que “Ahora se aprovechan de aquellas piedras para el edificio de la iglesia del pueblo”. Pedro de Villagomes, en “Exhortaciones e instrucción acerca de las idolatrías”, al admirar las losas gigantescas y singularmente pulimentadas y al dejarse atraer por una que parece ser la Puerta del Sol, se inclina a pensar “que muchos siglos antes que los Inkas comenzasen a gobernar, estaban ya edificados” (Lava, 1990: 121-122).

1.2 FIGURAS DEL FRISO DE LA PUERTA DEL SOL

Puerta del Sol

Es así que conviene indicar que las investigaciones arqueológicas llevadas a efecto por ilustres personalidades, afirman que el sumo de la civilización tiwanakota, se halla plasmado en el friso de la “Puerta del Sol”, por lo tanto, merecen ser tomadas como punto de referencia en el presente trabajo.

En esta línea, el hecho que llama la atención es que la interpretación de las figuras del friso de la “Puerta del Sol”, hoy como ayer, sigue siendo motivo de especulación.

¿Cuándo lograremos conocer en verdad el significado que presenta el friso de la principal portada lítica de Tiwanaku?

¿Estará ahí plasmada la memoria de la civilización tiwanakota?

¿Cuánto tiempo se necesitará para esto?

Sobre la gran civilización tiwanakota, han escrito diversidad de intelectuales; cada uno de ellos con sus particulares puntos de vista, desde los más fantasiosos hasta los moderados, que siguen buscando respuesta a sus interrogantes en los enigmáticos restos monumentales que quedan de ella, hasta ahora desconocido para los hombres de ciencia y todos aquellos personas dedicados a desenmarañar el misterio que encierra esta civilización en sus secretas entrañas, negándose mostrarlas a luz.

El erudito Arturo Posnansky, en la obra Antropología y Sociología de las Razas Interandinas y de las Regiones Adyacentes, al referirse a la Puerta del Sol, opinaba: “Antiguamente juntaban varias balsas en sitios abrigados y favorables para la pesca y pasaban temporadas con sus familias en la laguna, cocinando sobre la embarcación. De noche, encorvaban la vela haciéndola servir de todo. Las balsas no eran por supuesto antes del insignificante tamaño que ahora; hace algo de 30 años conocí una balsa de apreciable tamaño que hacía el tráfico, llevando ganado, víveres, carga y pasajeros, entre la isla del Sol y Yampupata. Transportaban hasta bueyes y una carga de seis toneladas en total. Sin duda, cuando la cultura de aquellos y otros pueblos lacustres estaba en pleno auge, construían balsas de gran desplazamiento.

El bloque de los escultores de “Tihuanacu” ha labrado la Puerta del Sol, pesaba antes de esculpirlo alrededor de quince toneladas y necesitaba, con más sus acompañantes, una balsa de cuatro metros de ancho por siete de largo, más o menos. Posiblemente, se acoplaron, entonces, para el transporte dos balsas de a dos metros de ancho cada una y del mismo largo. Bloques mucho más pesados que el de la Puerta del Sol (Al sur de los tres ídolos acuáticos, en Tihuanacu, que se hallan al lado de la línea del ferrocarril, se encuentra un bloque llevado allí por la vía acuática. Pesaba quizá el triple más que aquel del que se esculpió la Puerta del Sol. Ultimamente, malas manos han principiado a trozarlo) fueron transportados por agua en época de Tihuanacu, desde su cantera situada al pie del volcán Kjaphia, península de Copacabana, o sea más o menos 60 kilómetros de distancia. Es así que no sería de extrañar lo que los cronistas de la primera época de la conquista relataban respecto a que pueblos enteros de Urus moraban en balsas sobre el agua” (Posnansky, 1937: 73-74).

Carlos Ponce Sanginés, uno de los más prestigiosos arqueólogos bolivianos, al referirse a la época de los viajeros que llegaron a Tiwanaku, en un artículo escrito para el Internet, publicado en ANTI, Año I, N°3, Junio de 2000 intitulado: “Tiwanaku en breve resumen” sustentaba que:

“La era de los viajeros se inició a continuación, al cierre del siglo XVIIIy prosiguió en el XIX... Puede definírselo como prearqueología. Abría el listado de dichos viajeros, Tadeo Haenke (1761-1817), naturalista bohemio, que participó en la expedición marítima española de Malaspina y remató domiciliándose en Cochabamba. En 1794 estuvo en Tiwanaku y tuvo la suerte de ser el primero en contemplar la llamada Puerta del Sol, tumbada sobre el suelo. El secretario del consulado inglés en Perú, Joseph Barclay Pentland (1797-1873), fue comisionado para prestar un informe sobre el naciente estado y como no podía ser de otra manera acudió a contemplar Tiwanaku. Le siguió el naturalista francés Alcides Dessalines d’Orbigny (1802-1857), que recorrió el lugar en dos días escasos de 1833. El pintor germano Johan Moritz Rugendas (1802-1858) con sus pinceles a mano en un par de días de 1844 documentó las ruinas. Leoncio Angrand (1808- 1866), que desempeñaba funciones diplomáticas, en la navidad de 1848 tomó unos valiosos dibujos y publicó después una carta donde incurría en variados errores. Su compatriota y comisionado oficial de su gobierno, Francis de Castelnau, que vino con propósitos geográficos, en 1845 estuvo algunas horas y formuló una breve descripción. En 1851 se editó en Viena la lujosa obra intitulada Antigüedades peruanas, cuyos autores eran el arequipeño Mariano Eduardo de Rivero (1798-1857) y J.D. Tschudi (1818-1889), donde se consignaban algunos dibujos sobre Tiwanaku. En la nómina prosigue el británico Clements R. Markham (1830-1916), patrocinador de la hipótesis del imperio megalítico andino. Luego el geólogo escocés David Forbes (1809-1868), que probablemente estuvo allí hacia 1863. Cabe recordar al estadounidense Ephraim George Squier (1821-1888), siendo el primero en utilizar un aparato fotográfico. El ex-presidente argentino Bartolomé Mitre (1821-1906), político, militar e historiador, editó un opúsculo en 1879 donde consignó sus comentarios y su aventurado conocimiento de Tiwanaku. Charles Wiener, viajero austríaco naturalizado francés, un tanto extravagante, durante una semana pernoctó en Tiwanaku en mayo de 1877 y tres años después puso en circulación una gruesa obra con el relato de su periplo en Bolivia y Perú. Cierra históricamente el ciclo de los viajeros el alemán Ernest W. Middendorf (1830-1908) a fines de la década de 1880, con una obra en tres tomos que sobrepasan el millar y medio de páginas, de las cuales 22 consagra a Tiwanaku... (Ponce Sanginés).

Al intelecto de Carlos Ponce Sanginés, se debe la creación del Centro de Investigaciones Arqueológicas en Tiwanaku', del Instituto Nacional de Arqueología; la restauración del Templete Semisubterráneo; del majestuoso Templo de Kalasasaya, donde se encuentra situada la Puerta del Sol; el descubrimiento del monolito “Ponce”, una de las asombrosas litoesculturas trabajadas en piedra andesita, que corresponde a la época clásica de Tiwanaku (374-724 d.C.); el enmallado de la parte monumental de Tiwanaku', fue creador de los museos arqueológicos de: Tiwanaku, Aukapata, Samaipata y otros; fue autor de más de una cincuentena de obras históricas, arqueológicas y otras; en fin sería extenso seguir numerando los trabajos llevados a efecto por el ilustre boliviano, que como muy pocos, trabajó denodadamente en bien de la arqueología boliviana.

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