Del libro: “Nación, independencia y enajenación de la economía” de Jorge O’connor d’Arlach M. La Paz-Cochabamba. 1994
CAPITULO III El Control de la Economía en Bolivia
Bolivia es un país en el que la participación del Estado en la vida económica y en el intento de resolución de los problemas nacionales y locales ha sido históricamente muy importante.
Tradicionalmente el Estado estuvo a cargo de la mayor parte de las actividades relacionadas con la educación y con la salud, haciéndose cargo también de casi todos los emprendimientos importantes como carreteras, construcción de hospitales, ferrocarriles, etc.
Con el fortalecimiento de una conciencia nacionalista que se robustece sobre todo a partir de la guerra del Chaco (1932 - 1935), se crea el convencimiento de que el Estado debe controlar la mayor parte de las actividades importantes de la nación.
La puesta en práctica de estas ideas tiene un avance importante, con la creación de la empresa estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos, el 21 de diciembre de 1936, a la que se otorga el monopolio nacional de la exploración, explotación y comercialización de hidrocarburos, y además se incorpora en la Constitución el principio de que los hidrocarburos son de propiedad imprescriptible del pueblo boliviano; y con la caducidad de las concesiones de la Standard Oil, dispuesta mediante Decreto Supremo del 13 de marzo de 1937. Ambas medidas se tomaron en la presidencia del Coronel David Toro Ruyloba.
El proceso del control del Estado de las principales actividades económicas tiene un avance extraordinariamente importante a partir de la llamada Revolución Nacional de abril de 1952 que lleva al poder al Movimiento Nacionalista Revolucionario, que permanece en el gobierno, en un primer ciclo, ininterrumpidamente entre esa fecha y el 4 de noviembre de 1964. El 31 de octubre de 1952 “nacionaliza" la gran minería que estaba principalmente en manos de dos grandes magnates bolivianos Patino y Aramayo y de uno extranjero Hochschild, dinamiza la Corporación Boliviana de Fomento para emprender la construcción de muchos complejos industriales en áreas en las que se considera que la actividad privada no ha producido nada y no tenía intención inmediata de producir, con la meta de lograr la diversificación económica y librar a Bolivia de una economía casi monoproductora, en la que la actividad preponderante por excelencia era la minería, lo que hacía al país extremadamente vulnerable a las variaciones de los precios internacionales de los minerales.
A raíz de las actividades de la Corporación Boliviana de Fomento o CBF, se construyeron en el país ingenios azucareros, plantas industrializadoras de leche, fábricas de aceite, fábricas de azulejos, fábricas de cemento y otras, ampliando de manera sustancial la actividad del Estado y produciendo en cierto grado la buscada diversificación de la economía.
También se creó la Empresa Nacional de Electricidad en 1962, para que se haga cargo de la generación y transmisión de energía eléctrica en todas las áreas del territorio nacional que no estuviesen atendidas por la empresa privada.
Otra de las empresas importantes que se impulsaron en el período, es la Empresa Nacional de Telecomunicaciones ENTEL, que tiene a su cargo los servicios de telefonía, télex y fax entre los departamentos de Bolivia y entre Bolivia y el resto del mundo.
Se crearon también los Comités Departamentales de Obras Públicas que se convirtieron en Corporaciones Departamentales de Desarrollo, con lo que la actividad estatal para diversificar e impulsar la economía se ejerció no solamente desde el Gobierno Central sino también a través de estas corporaciones que operan en los nueve departamentos que tiene Bolivia.
El 4 de noviembre de 1964 se produce un golpe de Estado que derroca al Movimiento Nacionalista Revolucionario del Gobierno y se inicia un período de gobiernos militares que se prolonga hasta el 10 de octubre de 1982, con brevísimos intervalos de gobiernos civiles que citamos a continuación:
Entre el 27 de abril y el 26 de septiembre de 1969, gobernó el Dr. Luis Adolfo Siles Salinas que fue vicepresidente del General Barrientos y lo sucedió, a su muerte, en la Presidencia y fue derrocado por el golpe militar del General Alfredo Ovando Candia.
El Dr. Walter Guevara Arze gobernó entre el 8 de agosto y el 1ro. de noviembre de 1979 y fue derrocado por el golpe que llevó efímeramente a la presidencia al Coronel Alberto Natush Busch.
La Sra. Lidia Gueiler Tejada gobernó entre el 16 de noviembre de 1979 y el 17 de julio de 1980, fecha en que fue derrocada por el golpe que llevo a la presidencia al General Luis García Meza Tejada.
En este período preponderantemente militar entre 1964 y 1982, la actividad del Estado en el área económica, en general no disminuye, pues las corrientes nacionalistas que se formaron a partir de la guerra del Chaco influenciaron no solamente a los sectores civiles y partidos políticos, sino que penetraron ampliamente en los sectores militares, aunque esto no signifique ningún juicio sobre los otros aspectos de estos gobiernos, que por otra parte tuvieron importantes diferencias.
El 17 de octubre de 1969, durante el Gobierno del General Alfredo Ovando Candía, y bajo la inspiración del Ministro Marcelo Quiroga Santa Cruz, se revierten al Estado las concesiones hechas a la Bolivian Gulf Oil para explotación petrolera y gasífera, que en esa época controlaba gran parte de las reservas gasíferas conocidas de Bolivia y el Estado se hace cargo del importantísimo proyecto de exportación de gas a la República Argentina.
Durante el gobierno del General Ovando se gestó la instalación de la Fundición de Estaño de Vinto, cerca de la ciudad de Oruro, que fue puesta en funcionamiento durante el Gobierno del General Juan José Torrez González, que constituye un hito importante en el proceso de liberación nacional. Hasta entonces la inmensa mayoría de los minerales bolivianos eran exportados en bruto junto con la roca estéril más las impurezas hasta los países industrializados, principalmente hasta Gran Bretaña, otros países de Europa y los Estados Unidos y la instalación de esta importante fundición en Bolivia nos liberó de pagar fletes falsos y disminuyó nuestra dependencia al diversificar nuestros mercados.
Esta época de preponderancia del pensamiento nacionalista que favorecía la actividad económica del Estado, continuó incuestionada al término de este período militar, con el gobierno del Dr. Hernán Siles Suazo (10 de octubre de 1982 a 6 de agosto de 1985) y recién fue fuertemente cuestionada a partir del último período de gobierno del Dr. Víctor Paz Estenssoro, líder del Movimiento Nacionalista Revolucionario (1985 - 1989).
Sin embargo este período preponderantemente nacionalista que se inicia a partir de la guerra del Chaco en 1935 y dura hasta 1985, tiene sus altibajos y no es una corriente constante en una dirección.
Este proceso que se acentúa en 1952 y que está inspirado por importantes teóricos como Carlos Montenegro, es muy ilustrativo sobre estas oscilaciones y los resultados contradictorios que se obtienen.
Se inicia con la “nacionalización” de las minas en un país tradicionalmente minero y que suministró el 67 % de la producción mundial de concentrados de estaño durante la segunda guerra mundial. (8)
Como hemos dicho este proceso al que se dio el nombre de nacionalización de las minas consistió en la estatización de la gran minería que era propiedad principalmente de tres grandes mineros, a los que en la jerga política de entonces se denominó los “barones del estaño”. Dos de ellos, Simón I. Patiño y Carlos Víctor Aramayo eran bolivianos, es decir “nacionales”, y entre los dos controlaban la mayor parte de la producción boliviana de minerales, en una época en que Bolivia ocupaba el tercer lugar en el mundo en la producción de estaño. El tercer “barón del estaño” era Mauricio Hochschild, como hemos dicho extranjero. Es decir cuando se firmó el decreto llamado de nacionalización de las minas, en 1952, más de dos terceras partes de la producción de minerales en Bolivia estaba en poder de bolivianos. Este proceso, mal llamado de “Nacionalización”, fue pues, sobre todo un proceso de estatización, al cabo del cual, con el mismo partido político en el poder, nos estamos encaminando cada vez más a un control privado de la minería, ya sea a través de “joint ventures” u otras modalidades y lo que se está produciendo es un control preponderantemente extranjero de esta actividad.
Es evidente que para afirmar la independencia del Estado nacional, era un imperativo terminar con el dominio que ejercía, lo que se vino a llamar el super-Estado minero, en todos los aspectos de la vida nacional, y que tantas consecuencias negativas tuvo para el país. Sin embargo no deja de ser paradójico que el balance en el campo de la minería, de este largo período, haya sido acabar en Bolivia con los más grandes industriales nacionales, para entregar la actividad en que eran preponderantes en el mundo a manos extranjeras en la mayoría de los casos.
Pero las vacilaciones y retrocesos en el proceso que se inicia el 9 de abril del 52 no se restringen solo a la minería. El período que se inicia entonces comienza con una fuerte retórica antiimperialista y antinorteamericana, pero conduce a una dependencia de esta nación mucho mayor a lo que era antes de esta fecha.
Una de las causas es que a raíz de la llamada nacionalización de las minas, sobre la que originalmente se tenía la intención de que fuera sin indemnización, se producen grandes presiones externas que agravan un proceso inflacionario galopante, y de aguda crisis económica y escasez, en que para conseguir los artículos de primera necesidad era preciso obtener cupos, que se daban preferentemente a los militantes del partido de gobierno, y para los que había que hacer interminables colas.
Ante la magnitud del descalabro económico el gobierno se vio obligado a efectuar un profundo viraje en lo que respecta a su actitud nacionalista. Se reconoce y paga una jugosa indemnización a los “barones del Estaño” que hasta hace poco eran presentados al público como los mayores enemigos del pueblo boliviano.
“El gobierno fijó en favor de las ex Empresas un monto indemnizatorio de 18 millones de dólares, aproximadamente. No obstante se les pagó más de 22 millones de dólares hasta 1961. La nacionalización de las minas resultó así, un buen negocio para las grandes empresas, que en medio siglo de explotación intensiva, habían agotado ya las buenas vetas. Los obreros bolivianos tuvieron que seguir trabajando, después de 1952, para pagar la indemnización a quienes habían dejado huecos en los pulmones de los trabajadores en los que anidaba la silicosis. En 1968 Antenor, hijo de Simón Patino, declaró que su fortuna había alcanzado los tres mil millones de dólares, mientras el producto nacional bruto de Bolivia no llegaba a la cuarta parte de esa fortuna particular." (6) y (7).
“La indemnización pagada a las tres grandes empresas mineras se descompone del siguiente modo: Grupo Patiño 9.683.826 dólares, Mauricio Hochschild 7.295.565 dólares y Grupo Aramayo 3.259.272 dólares.” (9)
“En el lado constructivo de la Revolución Nacional, figura su visión integradora y modernizadora de la sociedad boliviana, arrancándola de su atraso y marasmo colonial y el símbolo de esa tarea se encarnó en ese “constructor de imperios” como llama Pierre Lenoir a Alfonso Gumucio Reyes, Presidente de la Corporación Boliviana de Fomento y luego Ministro de Economía. Todo centavo disponible para la inversión y varios créditos y donaciones provenientes de la ayuda norteamericana, se destinan a la vertebración caminera, al reforzamiento de Yacimientos Petrolíferos, el fomento de nuevos cultivos en el Oriente y la creación de industrias en el valle y el Sudeste. Concluyese el camino pavimentado a Santa Cruz y se inicia la etapa de despegue de ese Departamento que vio duplicarse su población entre los años 1952 y 1964. En menos de diez años, Bolivia se hizo autosuficiente en arroz y azúcar, que antes debía importarse. Y a estos productos se añadió el cultivo intensivo de otros como el algodón, la soya y el café.” (6)
En el último gobierno del Dr. Víctor Paz Estenssoro, líder histórico del Movimiento Nacionalista Revolucionario, (1985 - 1989), se cuestiona, por primera vez desde la guerra del Chaco, el papel preponderante del Estado en el área económica.
Este reexamen profundo y sistemático de la orientación estatizante del país, es motivado por la profunda crisis económica en que este se encontraba y que se atribuye principalmente al descontrol del gasto público, la emisión inorgánica de moneda y al déficit generado por algunas de las empresas del Estado, entre las que sobresale la Corporación Minera de Bolivia o COMIBOL.
Durante este período se pone en vigencia un programa de estabilización y control del gasto público, que tiene como uno de sus componentes importantes la reducción dramática en el número de funcionarios y obreros de COMIBOL.
El programa del Gobierno del Dr. Paz Estenssoro es exitoso principalmente en lo que se refiere a la estabilidad monetaria, que se mantiene hasta nuestros días, y si bien en el mismo se comenzó con alguna retórica en contra de las empresas del Estado en general, no disminuyó de manera importante el control de la economía del país por los bolivianos.
Durante el gobierno del Lic. Jaime Paz Zamora (1989 - 1993), se mantuvo la estabilidad económica y se avanzó en lo que se refiere a disminuir el control de la economía por parte del Estado, principalmente con la privatización o venta de algunas fábricas de las Corporaciones Departamentales de Desarrollo, como la fábrica de aceite de Villamontes y de algunos hoteles de propiedad estatal, sin embargo estas ventas fueron efectuadas a ciudadanos y capitales bolivianos, con lo que si bien disminuyó el área de la economía controlada por el Estado, no disminuyó el control de los bolivianos sobre su economía.
En este período se intentó privatizar a la línea aérea nacional, el LLoyd Aéreo Boliviano LAB, y se procuró interesar a capitales extranjeros, pero por diversas razones este intento no prosperó.
Si se analiza de manera general y esquemática lo que fue el pensamiento preponderante en el control de la economía en el período más amplio comprendido entre nuestra independencia y el final de gobierno del Lic. Paz Zamora (1825 - 1993) se puede decir que siempre hubo la idea subyacente de que lo mejor para el país era que el control de la economía estuviese en manos de bolivianos, aunque quizás en la última parte de ese largo período hubiese signos de un debilitamiento de esa convicción.
Es necesario aclarar que en ese amplio período el control de la economía nacional por los bolivianos no fue siempre y necesariamente sinónimo de control de la economía por el Estado, sino que la iniciativa privada de los bolivianos jugó un papel destacable en el mismo.
Baste recordar la importantísima labor de don Simón I. Patino para conseguir el control accionario de la mina más importante de nuestro país en ese tiempo, Llallagua, que estaba en manos de capitalistas chilenos. Esta fue una verdadera nacionalización con la que esta enorme riqueza de nuestro subsuelo pasó a manos bolivianas, aunque debe insistirse que los beneficios para la inmensa mayoría del pueblo boliviano fueron ínfimos o inexistentes.
En efecto, “en 1924, al cabo de varios años de lentas maniobras realizadas con la Duncan Fox y el Banco Anglo Sud Americano, obtuvo la mayoría de acciones de la Compañía Estañífera Llallagua. Con esta empresa, hasta entonces de propiedad chilena, aseguró su completo dominio en la zona.
La fusión de La Salvadora y Llallagua, realizada en 1924 sobre un capital de 6.250.000 libras, hizo nacer, en Delaware, Estados Unidos, el que sería el corazón del imperio Patiño: la Patiño Mines and Enterprises Consolidated (Incorporated). Las dos empresas rindieron hasta 1952, 300.000 toneladas de estaño fino”. (8)
También es destacable la labor de don Guillermo Kyllmann, que en 1925, junto con un grupo de ciudadanos bolivianos y alemanes funda el Lloyd Aéreo Boliviano, que juega un papel muy importante en la integración nacional, en un país como el nuestro, de territorio muy extenso en relación a su población y en el que las vías camineras históricamente fueron precarias o inexistentes.
Tampoco puede dejar de mencionarse la acción de la casa Suárez en el oriente boliviano, que sobre todo en el tiempo del auge de la goma se constituye en esas alejadas regiones en un poder económico que contribuye a asentar nuestra soberanía.
También son dignos de elogio los esfuerzos de don Mariano Peró que, con un talento y tenacidad admirables, vence innumerables inconvenientes que se oponen a toda empresa importante, además de los obstáculos puestos por la gran minería que tenía sus intereses ligados a los de las fundidoras del exterior, y logra establecer en las proximidades de la ciudad de Oruro la primera fundición de estaño FUNESTAÑO, que funciona hasta hoy.
En este largo período, lo que si se entendió, es que el control de la economía del país por bolivianos, sea a través del Estado o de la iniciativa privada es importante, y que cuando este control cae en manos extranjeras, se pueden esperar problemas, sobre todo en lo que se refiere a la soberanía.
Este convencimiento se vio corroborado con lo que ocurrió con nuestros vecinos.
El caso más patético para Bolivia, sin duda, es la pérdida de nuestro Litoral arrebatado por Chile, y está en la conciencia nacional que este proceso se inició con el control de la explotación del guano, el salitre y la actividad minera por capitales chilenos.
La pérdida de nuestro territorio del Acre sigue las mismas pautas. Esta vez son siringueiros brasileños que se asientan en este inmenso territorio y monopolizan casi en su totalidad la actividad de la extracción de la goma, en pleno auge de esta materia prima. Una vez que la economía de este territorio está en manos de extranjeros, la pérdida de la soberanía en él se hace inevitable, se produce un movimiento separatista y se proclama la República del Acre, que termina anexándose al Brasil.
En el caso del Chaco ocurre algo parecido, aunque no exactamente igual, en el que el petróleo está en manos de una transnacional, la Standard Oil, y existen grandes estancias en manos argentinas, cuyos líderes consideran al Paraguay como parte de la civilización rioplatense y miran con poca simpatía la presencia boliviana en la zona.
Si bien no se puede decir que sean estas fuerzas extranjeras las que desencadenan la guerra del Chaco, como en los dos casos anteriores, sin duda juegan un papel importante en la suerte del conflicto.
Vemos pues, de manera clara e inequívoca, que cuando el manejo de la economía, en ciertas porciones de lo que fue nuestro territorio original, cayó en manos extranjeras, especialmente de países limítrofes, se inició un proceso que concluyó invariablemente con la pérdida de la soberanía boliviana en esos territorios.
Quizás no se ha analizado suficientemente en el pasado que el dominio de la economía boliviana por extranjeros, aunque no sean de países limítrofes, está trayendo las mismas consecuencias, no ya sobre porciones de nuestro territorio sino sobre la totalidad de él.
Es cierto que esta pérdida de la soberanía se está produciendo de una manera más sutil y menos aparatosa que con guerras de conquista y pérdida de territorios, pero no por eso deja de ser menos cierta y, quizás precisamente por su carácter gradual y disfrazado es mucho más peligrosa, pues en su inadvertencia la conciencia nacional está como aletargada y no se levanta la voluntad nacional para combatirla.
No se pone suficiente atención en que de una manera igualmente determinante que con la pérdida de un territorio, la soberanía nacional también se pierde cuando los componentes de lo que hemos llamado nación pierden el control de su destino.
En este caso lo que está en juego no solo son determinados territorios sino el alma nacional en su conjunto, pues se perdería la soberanía sobre la totalidad de lo que resta de nuestro territorio.
Quizás lo que hace menos claro este proceso es que con demasiada frecuencia se confunde a la nación con el espacio geográfico que ocupa, es decir con el territorio.
Pero lo esencial de la nación son sus habitantes que han formado un conjunto solidario, por lo menos en lo que se refiere a compartir las mismas circunstancias presentes y las perspectivas de su destino. Son pues los habitantes actuales y sus descendientes los que deben preocuparnos. Y si estos habitantes pierden el control de su destino ya no quedará un lugar en el que puedan ejercerlo en el futuro pues ya no se está hablando de una porción del territorio, sino de la totalidad de lo que queda de él.
De esta manera lo que se llamó Bolivia no será más que una ilusión perdida y algo de lo que muy pocos se acordarán. Quiere decir que toda la concepción de forjar un destino común, del cual no seamos espectadores pasivos sino actores habrá dejado de tener vigencia. Esto es algo muy grave pues es negarle a un pueblo el ser el artífice de su propio destino, con su propia visión del cosmos y cometiendo sus propios aciertos y equivocaciones.
Un pueblo en esas condiciones, cuando no vive de acuerdo a sus dictados profundos, se convierte en un conjunto híbrido, en el que por querer imitar los valores e idiosincrasia de otros pueblos siempre será segundón, porque el que imita nunca es igual al imitado.
Toda una manera de ser, rica en su interpretación profunda de la vida se habrá perdido y los sobrevivientes de esta pseudo-nación serán individuos desconectados que nunca podrán alcanzar plenamente su destino colectivo.
Como dijimos la comprensión de esta tragedia se ve a menudo obscurecida por la confusión entre nación y territorio. Puede ser que en un futuro en nuestro territorio haya progreso, pero si ese progreso no es dirigido y beneficia a la actual nación boliviana, nosotros y nuestros descendientes habremos perdido el desafío de la historia.
Si cedemos los últimos vestigios de soberanía que nos quedan, que se manifiestan en el control de nuestra economía, viviremos en un Estado en el que las decisiones de nuestro futuro, (que se debe electrificar, que proyectos se deben construir, como se debe encarar la exploración y explotación de nuestros hidrocarburos, cuando podemos obtener contratos de consultoría, construcción o provisión de materiales para estas empresas que serán controladas por transnacionales y que un día fueron nuestras), serán tomadas no ya por los bolivianos sino en alguna junta de accionistas en algún lugar del extranjero.
Esto, sumado a lo que actualmente ya está ocurriendo con el predominio extranjero en las comunicaciones,(a consecuencia del que la mayoría del tiempo vamos al cine o miramos televisión, no para ver obras relacionadas con nuestra problemática y nuestra realidad, sino obras que, o presentan problemas de otras sociedades, o no hacen ninguna referencia a ninguna cosa de trascendencia, para dar la impresión de que en el mundo todo está bien y solo hay que preocuparse de obtener los nuevos productos o viajar a los lugares de moda de vacaciones, y en las que se reflejan modos de vida, costumbres y hábitos de otros pueblos pero no del nuestro) nos llevará a un futuro castrado en el que no seremos los protagonistas de nuestro propio destino.
REFERENCIAS
-5. -Como apoyo a diversas partes del libro, se ha utilizado la publicación “ENDE, 30 años al Servicio de Bolivia, 1962 - 1992”
-6. Mariano Baptista Gumucio, “HISTORIA CONTEMPORÁNEA DE BOLIVIA”
-7. Augusto Guzmán, Historia de Bolivia.
-8. Sergio Almaraz Paz, “EL PODER Y LA CAÍDA”.
-9. Charles F. Geddes “Patiño the Tin King”.


