Del libro: RECUERDOS DE MI TIERRA de Tomás O’Connor d’Arlach. 1917
El rancho
Al pié de la verde loma,
el rancho de paja y barro
alzase del campesino
pobre, humilde, pero honrado.
El rancho está limpio, fresco
todo en orden, bien aseado,
la tarima con la cama
y sus pullos bien cardados;
unas silletas de cedro,
de nogal o palo santo;
un lavador de madera
o de barro vidriado
y de madera de rosa
cucharas y algunos platos,
una mesita de pino
que cubre un mantel muy blanco,
una sejrana y un peine
tras de la puerta colgados
en las cerdas de una cola
de buey, un bonito cuadro
del labrador San Isidro,
en media pared colgado.
Afuera, junto a la puerta
del rancho un añoso taco,
donde se guarda la chala
en invierno y en verano;
y el corral de las ovejas
y el chiquero más abajo,
luego la yunta de bueyes,
la picana y el arado
y de un gran charqui a la sombra
los campesinos echados
tranquilos sobre sus ponchos,
mates de chicha tomando,
comiendo un rico picante
o de matambre un asado.
De entre ellos el principal,
que es el compadre Anastasio,
se sienta sobre su apero,
saca de chala un cigarro,
lo enciende y empieza a hablar
ante el grupo de paisanos
que lo escucha atentamente,
con respeto y con agrado,
hasta que llega la noche
y cada cual a su pago
se retira dando rienda
suelta a su lindo caballo.


