Los años dorados del tabaco en Entre Ríos
En los valles de Entre Ríos, pequeños frascos guardan la memoria ancestral de una planta sagrada que, mucho antes de convertirse en cigarrillo industrial, fue medicina, ritual y conexión con lo divino para los pueblos originarios.
Unos pequeños frascos apilados en un viejo estante son el recuerdo del uso medicinal del tabaco, practicado por cientos de años en Entre Ríos. Desde mucho antes, en esta tierra predominaba su uso exclusivamente medicinal, el cual se ha extendido hasta nuestros tiempos como parte de las medicinas que nos heredaron los antepasados.
Pero según el historiador tarijeño Bernardo Trigo, fue en 1900 cuando ingresó la industrialización del tabaco y con ella nació el cigarrillo. La cortina de humo que cubre al tabaco en la modernidad lo ha asociado al cáncer y a las enfermedades respiratorias. Sin embargo, nuevas investigaciones ponen en debate este cuestionamiento e incluso sitúan en Tarija el lugar de origen de la planta. Los estudiosos coinciden en que pocas plantas son tan importantes para el chamanismo y las medicinas tradicionales de los pueblos como lo es el tabaco.
Los recuerdos de Luisa
Luisa vive en Entre Ríos. Sentada en la puerta de su vieja cocina, se toma una infusión de tabaco mientras cuenta que su abuelo tenía extensos cultivos de dicha planta, que en 1934 sustentó la economía de la región. Recuerda que años antes se transportaba el tabaco a lomo de animal.
“De sólo usarlo de forma medicinal se convirtió en una gran industria y se abrió la primera fábrica de tabaco llamada La Tarijeña”, relata la anciana.
Ella tiene 70 años. Un mechón de su cabello blanco entra sin querer a su pequeña taza de mate; lo saca inmediatamente y camina parsimoniosamente hacia un viejo estante donde innumerables frascos de yerbas reposan. La altura de la vieja vitrina delata la baja estatura de Luisa, quien hace un gran esfuerzo para alcanzar un pequeño frasco.
Sus manos temblorosas extraen del recipiente hojas secas de tabaco. “¿Usted nunca ha tomado esto? Es para limpiar el cuerpo”, dice Luisa mientras sonríe. Aprovecha el momento y alardea de sus diez plantas de tabaco que cultiva en su jardín. “Todos los días me hago secar hojitas. Tienen muchos usos medicinales, y así era antes de que ingrese el cigarrillo”, dice con una risa que, por un momento, hace desaparecer sus profundas arrugas.
El fin de una industria
Luisa revela que hace años había en la región el “estanco de tabacos”, que al principio tuvo problemas por mal manejo económico, pero en la república la industria tabacalera comenzó a levantarse, extendiéndose a toda la región del Chaco.
“Un día sacaron una ley y se terminó la fábrica de tabaco”, dice.
Según el historiador Trigo, se trataba de la ley del 7 de enero de 1914 que creó el estanco de tabacos, monopolizó la industria, canceló fábricas y determinó la muerte de este reglón de la economía. La propuesta de monopolio fue originada en el gobierno de Ismael Montes y tenía una duración de 20 años. En el presente la ley fue derogada, pero Entre Ríos no pudo recuperar lo avanzado. Sin embargo, en Naranjos, Chimeo, Itaú, Tariquia, Salinas y Chiquiacá —zonas de cultivo de la planta—, el uso medicinal del tabaco persiste.
A Luisa le importa poco la pérdida de la industria. Para ella, la planta de tabaco es sagrada, pues tiene muchos usos medicinales. “Es un regalo de los dioses”, afirma. Entretanto, nos cuenta que hace poco escuchó que la planta sería originaria de la tierra donde habita, Entre Ríos. “Podría creer esto porque aquí la historia del tabaco es muy larga. Entre Ríos fue la cuna del tabaco que primero se usó para remedio”, asegura.
Características botánicas y usos ancestrales
Esta planta anual de tallo redondo y erecto alcanza los dos metros de altura. Sus hojas son lanceoladas de color verde pálido. Las flores poseen una corola compuesta de cinco segmentos finos de color rosado, y su fruto encapsula numerosas semillas reniformes alojadas en dos valvas.
El investigador Ramón Puig Doménech afirma que la planta era considerada sagrada para muchos pueblos indígenas de América del Sur, y su consumo se limitaba principalmente a un contexto medicinal, ritual y sagrado. “La planta del tabaco es una solanácea original y fue conocida por el ser humano hace unos dieciocho mil años”, señala en su estudio.
Hace muchos siglos que en algunas comunidades de Entre Ríos la planta es empleada de diversas formas: fumada, bebida, como rapé, mascada, como pasta para ser chupada, aplicada en las encías o como enema. Hasta hoy acompaña y está presente en todo tipo de rituales y ceremonias de curación.
La medicina tradicional del tabaco
José Caipiri, curandero de “Naranjos”, dice que la decocción del tabaco es utilizada para eliminar los parásitos, como ser piojos y ácaros. “Cura mordeduras y heridas de flecha”, asegura.
Revela también que la bebida resultante de la decocción en agua, de una dosis adecuada de la planta, es un potente emético utilizado con mucha frecuencia para depurar y fortalecer el cuerpo y la mente. Caipiri explica que la infusión se realiza sacando hojas frescas de plantas de tabaco, para luego limpiarlas con agua y sacarles cuidadosamente la nervadura principal. Seguido de esto, se las debe moler en un metate, que debe permitir extraer el jugo fresco para recogerlo en un recipiente.
Aunque ahora se redujo el cultivo de tabaco en Entre Ríos, la venta en mazo, en su estado natural, persiste en tiendas de la región y algunas familias poseen entre tres a cinco plantas en sus jardines para uso medicinal.
El tabaco sagrado
Caipiri dice que es también habitual el uso del tabaco para rituales, pues es una costumbre que el chamán o curandero sople humo de tabaco sobre el paciente enfermo, principalmente en el área afectada, o para proteger y “limpiar” personas, espacios u objetos. “El tabaco se ha utilizado desde la antigüedad hasta hoy con esta finalidad y es una práctica adoptada por algunos de los centros pioneros en los usos de la medicina tradicional”, dice Armando Cambria, médico naturista.
Nuevas investigaciones sobre su uso medicinal
En 1565, el médico sevillano Nicolás Monardes publicó un folleto llamado Historia Medicinal de las cosas que se traen de Nueva España. En este se indicaban las cualidades curativas del tabaco; el texto fue traducido al latín, al inglés, al francés y al italiano. Describía los efectos beneficiosos de renovación y limpieza que tenía sobre el cerebro humano, su uso para el tratamiento de “males de pecho”, para tratar la podredumbre en la boca, el malestar de cualquier órgano interno, el mal aliento, las lombrices, las piedras en el riñón, el dolor de muelas, las mordeduras y heridas de flecha envenenada, las picaduras de insectos, y se lo empleaba también como cicatrizante y analgésico para cualquier tipo de herida.
En 1828, el descubrimiento del principio activo del tabaco —el alcaloide de la nicotina— provocó una nueva serie de investigaciones, y las revistas científicas publicaron los resultados de diversos experimentos realizados con nicotina, que resultó ser un remedio eficaz para tratar desarreglos del sistema nervioso, hemorroides (vía enema de tabaco), malaria, tétanos, y se consolidó como un antídoto contra la estricnina y otros venenos, como el de la serpiente, si se administraban las dosis correctas.
En 2006, el científico chino Zao Bauru, miembro de la Academia China de Ciencias, difundió en varias publicaciones especializadas —entre ellas el British Journal of Pharmacology— los resultados de 20 años de estudios acerca de las posibilidades del uso de la nicotina con fines terapéuticos para prevenir problemas neurológicos como el alzheimer o parkinson. También en 2006 se hicieron públicas unas investigaciones realizadas por la Facultad de Biología y Centro de Química Farmacéutica de La Habana sobre la obtención de una proteína de alta calidad, que será aplicada a pacientes con problemas renales y que se encontraban en fase preclínica.
Tabaco versus cigarrillo
Según el análisis del científico e investigador Ramón Puig Doménech, el tabaco es consumido fuera de su contexto ritual, sagrado o medicinal —como ocurre con otras plantas consideradas “sagradas o maestras” por diversas culturas milenarias, como la coca, la amapola y el cáñamo.
Para Doménech, los efectos de cualquier sustancia psicoactiva dependen de tres factores condicionantes: sustancia, consumidor y contexto. De hecho, tomado aisladamente, ninguno de estos elementos es susceptible de provocar una patología adictiva; es necesaria la sinergia de los tres.
En sí no habría tampoco ninguna sustancia “tóxica”, ya que la toxicidad depende de la dosis, del sujeto que consume, de la forma de consumo y del contexto afectivo, emocional, religioso y ritual.
La especie botánica Nicotiana rustica, utilizada por los chamanes en América del Sur, contiene hasta 18% de nicotina, mientras que el porcentaje de nicotina contenido en las hojas de tabaco tipo Virginia (Nicotiana tabacum) utilizada para los cigarrillos industriales varía del 0,5% a 1% en Europa, y alcanza el 2% en Estados Unidos.
Ramón Puig Doménech plantea una seria y profunda reflexión acerca de la supuesta nocividad e incluso culpabilidad que atribuimos con demasiada frecuencia a ciertas plantas y sustancias. Asegura que esto es provocado por una actitud simplista que muchas veces exime al ser humano de asumir sus propias responsabilidades en su relación con ciertas sustancias y su consumo.
El famoso orientalista y musicólogo Alain Daniélou señala: “Los espíritus de las plantas del cáñamo, del tabaco, de la amapola, de la coca, son divinidades amigas del hombre que permiten suavizar sus sufrimientos; tanto su prohibición como su uso irracional son igualmente erróneos y provocan la malevolencia de las divinidades ultrajadas, que se manifiestan en forma de adicción”.
La planta de tabaco se originó en Entre Ríos
Aunque las primeras noticias que dio Cristóbal Colón acerca del origen del tabaco hablaban de una especie proveniente de los territorios Arahuac (al norte y este del continente sudamericano), los estudios del botánico cochabambino Martín Cárdenas y otros científicos revelan que el tabaco se originó en territorio boliviano, probablemente en lo que hoy es el municipio de Entre Ríos del departamento de Tarija. Según el científico, desde ese rincón, el viento se encargó de esparcir las semillas por todo el continente, y fueron varios los pueblos que domesticaron la planta antes de la llegada de los españoles.
Coincidentemente, la historiadora Lupe Cajías afirma que en las últimas investigaciones sobre el tabaco —aún poco difundidas— está un dato que merece un estudio cuidadoso, pues Cárdenas reveló que se encontraron pipas arqueológicas de hace 500 años antes de nuestra era en el sur de Bolivia, en lo que ahora es Entre Ríos. El dato fue corroborado por el investigador europeo Thomas Harper Goodspeed.





