Una conciliación pendiente

Pasado el trámite del Plan Operativo Anual (POA) y con el trauma de la crisis económico – financiera a punto de ser superado, eso sí, a un alto costo, no parece mala idea que la Gobernación de Tarija traiga a colación los muchos millones de bolivianos no conciliados con el Gobierno Nacional. Están lejos las elecciones departamentales y más cerca las nacionales, y después de todo, el MAS debe buscar formas no tanto para congraciarse con Tarija sino por lo menos, amortiguar las cargas negativas que sus políticas dispersas y sus alianzas tránsfugas han generado.

El primer paso debe ser cifrar la cantidad de proyectos ejecutados que no se ha acomodado a las normativas, es decir, aquellos que eran de competencia nacional y que la Prefectura, después Gobernación, decidió afrontar en solitario o segmentando pedazos, y que nunca se llegó a conciliar.

La Gobernación ha estimado esa cantidad en 3.500 millones de bolivianos, una cantidad nada despreciable y que tiene que ver con la aplicación tramposa del factor de distribución en el megacampo Margarita, que no se aplica tal cual se promocionó en su momento, pero también por un buen puñado de kilómetros carreteros, eléctricos, ítems o de redes de gas en las que el Gobierno central no ha reparado.

Tarija es el departamento con mayor renta petrolera del país, porque de sus subsuelos todavía emana la mitad del gas que se comercializa a nivel nacional e internacional, pero también es uno de los departamentos más olvidados en el devenir histórico. Son casi cien años sacando petróleo y gas de las entrañas, y todavía no se ha acabado de asfaltar la carretera vertebral.

Han pasado tres años y medio desde que Lino Condori entregó la Gobernación prácticamente en quiebra, con proyectos comprometidos muy por encima de la capacidad de financiamiento, comprometidos incluso cuando el barril de petróleo ya había empezado a caer vertiginosamente desde los 100 dólares hasta los 30.

Han pasado tres años desde que la Gobernación elaboró un Plan de Rescate en el que el Gobierno tenía una oportunidad de oro para tender la mano al departamento que más quebraderos de cabeza le ha generado en sus doce años al frente del país, pero no lo hizo. Más al contrario, activó en varias ocasiones el pernicioso mecanismo del débito automático.
Han pasado dos años desde que el entonces Ministro de Economía Luis Arce Catacora reconoció que había que inyectar recursos en Tarija para evitar su caída en la recesión, reconocimiento que marcó un antes y un después, aunque el ministro no tardara en salir del ejecutivo por motivos de salud. Entonces se activaron los mecanismos de fideicomisos y de créditos privados luego de una tortuosa gestión burocrática.

Para algunos podía haber sido más sencillo, lo cierto es que el tiempo y la paciencia de los tarijeños están permitiendo una salida en solitario de la crisis, hipotecando nuestros ingresos que además dependen en buena medida de una gestión de hidrocarburos del Gobierno y que no da seguridades. Una salida en solitario en la que una vez más, no le deberemos nada a nadie.

El Gobierno no tiene en marcha ningún gran proyecto hoy por hoy en Tarija, apenas estudios para la planta de tratamiento de San Luis, para la Acheral – Choere o para el túnel del Aguaragüe. También promesas repuestas, como el SIN a Bermejo. Proyectos que de tan manidos, apenas suman. Sería un buen gesto, luego de tres años de penurias, una conciliación de cuentas de buena Fe, ahora que llegan los recursos adicionales.