Los sueños del Guadalquivir
Los de arriba y los de abajo
La ALTERIDAD es central en las nociones de lucha de clases, racismo y machismo y es especialmente útil para comprender las estructuras intrínsecas del conflicto que ellas entrañan



La lucha de clases es un tema recurrente en la literatura sociológica y marxista. Según esta última la sociedad capitalista está destinada a una lucha histórica entre los que tienen (los propietarios de los medios de producción) y los que trabajan (el proletariado), pues se encontrarían en una situación de contradicción estructural. Los intereses materiales de los unos serían incompatibles con los otros, asegurando un conflicto de intereses fundamental.
Esta idea, la de la lucha de clases, es la misma que conocemos de sociedades pre-capitalistas: la de los reyes contra el pueblo y la del pueblo contra los reyes. Es la misma que la guerra de razas (entre blancos y negros) que tanto temían los esclavistas y dueños de plantaciones, y es el mismo “problema” del indio que mantuvo en vilo a las autoridades coloniales y republicanas de las Américas.
Nosotros lo conocemos. Nuestra época está repleta de manifestaciones de esta lucha: la de los ricos contra los pobres y la de los pobres contra los ricos. Porque pónganse a pensar: ¿Quién no ha escuchado hablar mal de los ricos, como predadores naturales no solo de las personas sino del mundo? ¿Y quién no ha escuchado hablar mal de los pobres como flojos e incapaces? Es tan previsivo que hasta son estereotipos. Estoy seguro de que tú, que me lees, crees y estás convencido de que una de estas dos versiones es verdadera: la del pobre malo y el rico bueno, o la del rico malo y el pobre bueno. En base a lo que creas se podría analizar tu propio lugar en la escala social.
El sentimiento de pertenencia es fundamental a la existencia humana. Está demostrado que aquello que puedes aceptar gustoso en alguien de tu mismo grupo, lo puedes odiar de un extraño, especialmente si ya lo has identificado como enemigo
Hay un libro que me encanta y que se llama “Cómo se construyen enemigos” (How Enemies are Made) de Gunther Schlee (2008). Es uno de los mejores libros de teoría del conflicto que conozco. Tal como lo dice el título, los enemigos se construyen discursivamente, independientemente de las condiciones objetivas que parecieran determinarlo. Esto está demostrado ampliamente por ciencias como la antropología, donde se analiza la diferencia cultural, la identidad étnica y el racismo.
La ALTERIDAD es un concepto que hace referencia directa a la construcción de grupos por medio de la diferenciación. Los grupos para poder existir deben crear un sentimiento de pertenencia, de un Nosotros claramente diferenciado de los Otros. Este es un proceso universal que se articula a través de procesos de inclusión y exclusión, operativizado a través de la demarcación imaginaria de fronteras étnicas, de clase o de género entre grupos. Lo importante es comprender que esta diferenciación es imaginaria.
La frontera se puede mover para un lado y para el otro según la situación. Por eso se dice que es situacional y relativa. Se ha demostrado que pueblos que son casi idénticos se pueden odiar a muerte, mientras que en otras situaciones se puede asimilar a poblaciones diferenciadas en base a algunas características que en ese momento escogemos como relevantes. Por ejemplo: que sean cristianos como nosotros.
Ahora bien, lo que es cierto para una cosa lo es para su contrario: lo mismo que nosotros escogemos odiar, podemos escoger no odiar. Y si podemos construirnos enemigos también podemos construirnos aliados. Déjenme explicarles.
Todos tenemos amigos. Gordos, feos, flacos, fregados, borrachos, peleadores, llorones, ricos y pobres. Pero son nuestros amigos y no importa lo que pase, son de los nuestros. Los queremos, hemos vivido muchas cosas juntas y nos acompañaron cuando más lo necesitábamos. Cada uno de nosotros sabemos quiénes son nuestros amigos, y por qué. La lealtad engendra lealtad. Y no solo con los amigos: en el barrio, en la comunidad, en la familia.
El sentimiento de pertenencia es fundamental a la existencia humana. Está demostrado que aquello que puedes aceptar gustoso en alguien de tu mismo grupo, lo puedes odiar de un extraño, especialmente si ya lo has identificado como enemigo. Entonces no es asunto de las condiciones materiales, sino de las construcciones sociales que tejemos a nuestro alrededor.
La solución es bastante simple: debes ampliar tu sentido de pertenencia. Mientras más personas incluyas en tu propio grupo de pertenencia, menos escusas para odiar a los demás vas a tener. No hay límites al número de personas que puedes aprender a considerar como hermanos. Puedes utilizar ejes nacionales, territoriales, culturales, religiosos, de aficiones, sexuales, etc. Es decir: yo puedo sentirme hermano de los argentinos, de los chaqueños, de los pueblos indígenas, de los católicos, de los que les gusta el futbol, de los hombres, de las mujeres, etc.
Es irrelevante qué exactamente escojo. Lo importante es que escojo algo. Y de eso se trata. Las contradicciones estructurales son convenientemente discursivas y siempre benefician a cierto tipo de visión del mundo. Es importante que tú, como persona, lo comprendas. Tal vez no puedas cambiar el mundo, pero puedes cambiar tu propio mundo; y eso ya es mucho.