Los sueños de San Roque
L@s hij@s de San Roque: Un centro de investigación social para Tarija



Porque el reino de los cielos es semejante a un hacendado que salió muy de mañana para contratar obreros para su viña. Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Y salió como a la hora tercera, y vio parados en la plaza a otros que estaban sin trabajo; y a estos les dijo: “Id también vosotros a la viña, y os daré lo que sea justo”. Y ellos fueron. Volvió a salir como a la hora sexta y a la novena, e hizo lo mismo. Y saliendo como a la hora undécima, encontró a otros parados, y les dijo: “¿Por qué habéis estado aquí parados todo el día sin trabajar?” Ellos le dijeron: “Porque nadie nos contrató”. Él les dijo: “Id también vosotros a la viña”. Y al atardecer, el señor de la viña dijo a su mayordomo: “Llama a los obreros y págales su jornal, comenzando por los últimos hasta los primeros”. (Mateo 20: 1-8)
Esta última semana tuve casi siete días de viaje para conversar con San Roque. Y me dijo repetidamente que no podía abandonar completamente la investigación de la Fiesta Grande ni de los chunchos promesantes. Lo hizo por boca de personas reales: Laura Tárraga, Edman Pino, el monseñor Jorge Saldias, Alberto Diaz y Lautaro Núñez. Todos ellos me insistieron, y yo pude escuchar el eco de San Roque en sus palabras.
Así que nos pongamos a negociar, le dije. Es verdad que no puedo acabar con todo de golpe, como si nada, pero vos ya me has dado el permiso para hacer otras cosas. Y la verdad yo ya estoy volando por cielos lejanos. Mi investigación sobre la sexualidad prohibida de Tarija está viento en popa, y los otros temas que estoy trabajando están brotando cada uno a su ritmo en tierra fértil. ¡No puedo hacer todo solo, me faltan manos!
Entonces me mostró el camino a seguir. Así como él sabe hacer, poniéndome las respuestas en frente. Y la respuesta que me dio fue a través de pupilos. Hace tiempo que tengo el antojo de trabajar con las nuevas generaciones y enseñarles a hacer lo que yo ya sé hacer: hacer buena investigación. Y ahora de pronto me empiezan a saltar al pescuezo. A brotar como si de tierra fértil se tratara luego de las primeras lluvias de primavera y entrando a verano. Yo los veo y solo puedo pensar en la cosecha abundante que vamos a tener cuando llegue el momento.
Así que bien, San Roquito, hagamos un trato: vos me ayudas y yo te crio una nueva generación de investigadores e investigadoras que hagan todo el trabajo que yo no puedo hacer. Cuando yo comencé todo esto yo le dije a San Roque (aunque en ese entonces yo no sabía que me escuchaba) que esa era mi promesa: la investigación. Entonces esto no es más que la continuación de la promesa que le hice más de una década atrás.
Cuando volvía, atravesando el espinazo de los Andes y perdido en la inmensidad del Altiplano lejano, me puse a pensar cómo proceder. Y la respuesta a la que llegue fue a través de un Instituto de Investigación. Sin plata y sin institucionalidad, pero con muchas ganas y con toda la experiencia adquirida a la sombra de San Roque. La idea es bastante simple: yo, como investigador senior, ofrezco ayudar y acompañar a cualquier investigador o investigadora junior a desarrollar su propia investigación, y luego ayudarles a sacarla al mundo. No es mucho, pero es mejor que lo que yo tuve para comenzar. Confío que llegarán lejos.
Tarija fue la que rompió el techo de las investigaciones locales de los bailes chuncho. Pero nos hemos dormido. A las autoridades de Tarija (y de Bolivia también) no les interesa salir de nuestras fronteras. Pero el mundo sigue viendo en nuestra dirección. Yo confío en que nuestros nuevos investigadores e investigadoras sabrán romper fronteras, para adentro y para afuera. Yo los voy a llevar a todas las fiestas que puedan ir, a todos los congresos científicos que se adecuen a ello, y vamos a publicar sus trabajos uno tras otro.
La universidad, la alcaldía, la gobernación y el ministerio podrían todos hacerse de este instituto de investigación. Pero yo les voy a pedir, les voy a exigir que si quieren colocarle su sello institucional tienen que pagar su derecho de piso. Porque ahora se trata de una nueva generación y de un nuevo proyecto: si no están dispuestos a financiar el trabajo de los y las nuevas investigadoras no vengan a estorbar. Tenemos mucho trabajo por hacer como para perder el tiempo.
Los chunchos de Yacuiba, de Erquiz y de San Lorenzo me vienen pidiendo desde hace tiempo que escribamos la historia de sus chunchos. Don Mauro y don Ivar, dos de los tres viejos maestros de baile de los chunchos de San Roque, me vienen diciendo que quieren trabajar sus temas, y yo ya he pensado por dónde podemos comenzar (¡con sus bailes!). Y desde Chile ya me han dicho que quieren que organicemos un congreso científico internacional en Tarija, además de escribir algunos artículos científicos en revistas indexadas. Trabajo no falta. Necesitamos manos y una decisión inquebrantable para seguir adelante.
Y no se trata solo de San Roque. Él ya nos ha mostrado de que está abierto a nuevos campos de investigación, así que así también serán los nuevos hijos e hijas de San Roque: un grupo de visionarios que reconstruyan el horizonte del conocimiento de Tarija más allá de nuestra imaginación. Este es el nuevo templo de San Roque que vamos a construir, grande más allá de nuestros sueños y con ladrillos que no son de este mundo.
Así que ya lo saben: hoy se abren las puertas del Instituto de Investigación de San Roque. Tod@s son bienvenid@s. Hombres y mujeres, propios y ajenos, estudiantes universitarios, de colegio, de posgrado, tesistas, folkloristas, músicos tradicionales, promesantes, del interior del departamento y donde quieran venir. Asesoramiento gratis y posibilidades académicas insospechadas. Vengan, que el manto de San Roque es grande y cabemos todos.