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Tarija de antaño

El miércoles de ceniza y el arrepentimiento chapaco

De acuerdo al escritor Agustín Morales el miércoles de Ceniza terminaba el Carnaval y toda aquella gente que había hecho desborde de alegría y entusiasmo se recogía contrita yendo desde la madrugada a la misa

Ecos de Tarija
  • Danitza Pamela Montaño
  • 17/02/2021 00:00
El miércoles de ceniza y el arrepentimiento chapaco
Tarija siempre fue muy alegre, llena de tradiciones pero también muy religiosa

El carnaval en Tarija, antes de la pandemia siempre se celebró a lo grande desde la época de antaño, por lo que cuando llegaba Semana Santa era el momento de arrepentirse. Esta etapa comenzaba cuando terminaba el Carnaval y se ingresaba a la Cuaresma, tiempo que inicia con el Miércoles de Ceniza.De acuerdo al escritor Agustín Morales el miércoles de Ceniza terminaba el Carnaval y toda aquella gente que había hecho desborde de alegría y entusiasmo se recogía contrita yendo desde la madrugada a la misa, donde seguramente se arrepentían de todos los excesos y muy respetuosamente se recibía la bendición. De las iglesias salían renovados con la señal de la cruz marcada con ceniza en la frente.

Cuenta Morales que la Cuaresma se la cumplía religiosamente siguiendo los preceptos de hacer vigilia todos los viernes, absteniéndose de comer carne. Era tiempo de confesarse y comulgar “si quiera una vez al año” como manda la iglesia.La vigilia resultaba estricta e interesante, pues se preparaban comidas especiales a base de huevos, queso, choclos, humintas y frutas. Las personas más piadosas acostumbraban los ayunos y la comunión para cada viernes.

Según relatan la abstención se la cumplía escrupulosamente en lo que concernía a evitar fiestas y regocijos durante toda la Cuaresma. Las normas transmitidas desde antiguas generaciones obligaban al recogimiento, la meditación, la penitencia y la enmienda.La Semana Santa prácticamente comenzaba el Domingo de Ramos con aquella tradicional ceremonia de la bendición de ramos de olivo, que se distribuían gratuitamente a toda la feligresía.

Fervientes católicos y conservando antiguas costumbres la casi totalidad de la población habitante así como el campesinado de los alrededores acudían religiosamente a todas las ceremonias, llenando los templos y asistiendo masivamente a los sermones y a cuanto oficio se realizaba en diferentes horas.Según relata el escritor el recogimiento y la fe cristiana se hacían patentes acercándose a los confesionarios, formando enormes colas desde la madrugada hasta altas horas de la noche. Los padres de familia, patrones y tutores llevaban a sus hijos y dependientes para que cumplieran los preceptos pascuales.

“Llegado el Miércoles Santo no había lugar en las iglesias para contener y atender a todo el pueblo, pero esta situación llegaba a culminar el Jueves Santo cuando acudían verdaderos enjambres de gente a pedir la Santa Comunión”, relata Sonia Linares de 75 años.Cuenta que no quedaba una sola persona, desde chicos hasta viejos, sin acercarse a recibir la Sagrada Hostia y dar muestras de verdadera fe religiosa. “Toda Tarija sin distinción de clase se volcaba a las iglesias incluso desde las cuatro de la mañana a esperar que se abrieran las puertas de los templos para cumplir con las obligaciones cristianas”, dice.

Participación   Fervientes católicos y conservando antiguas costumbres la casi totalidad de la población habitante así como el campesinado de los alrededores acudían religiosamente a todas las ceremonias

La comidas tradicionalesPese a que el ayuno, la abstinencia y las vigilias eran generales, las costumbres estaban tan arraigadas que nadie se atrevía a no cumplirlas. En este tiempo se cocinaban platos especiales sin carne como caldo de maní con huevos y queso, guiso de zapallo con habas verdes, papas ojosas y queso, arroz con leche, humintas en todas sus formas: atadas, azadas, en fuente y al horno; además algunas familias preparaban con el bacalao importado platos especiales.

Todas aquellas comidas no sólo se las preparaba para el propio consumo familiar si no en acción caritativa, las principales casas cocinaban grandes ollas para mandar a los presos de la cárcel, para distribuir a los pobres del hospital y a cuanta gente necesitada había. Ésa era una de las costumbres de la época, ese espíritu caritativo que incluso se evidenciaba en la gente modesta.

Visita a los monumentosSegún Agustín Morales después de haber cumplido los deberes religiosos de la mañana, asistiendo a la solemne misa de Pre santificados toda la gente recién salía cerca del mediodía a servirse chocolate y luego el almuerzo que siempre resultaba ser muy tarde.

Después todos los habitantes se dirigían de nuevo a los templos, pues comenzaban las visitas con una peregrinación de iglesia a iglesia haciendo estaciones, rezando y admirando los maravillosos monumentos.Para arreglar éstos había gente especializada con maravilloso gusto artístico como Humberto Echazú que cada año presentaba diferentes alegorías, altares jamás vistos.

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