Una lucha diaria
Un encendedor, la esperanza de una familia para sobrevivir en la pandemia
Toda la familia sale todos los días desde Pampa Galana en el afán de vender unas diminutas motos que las elaboran de partes de encendedores viejos e inservibles que la gente los desecha



Era poco más de la 1 de la tarde y Rebeca buscaba algo en la calle, por las aceras y entre la basura tirada por el piso. Mauro, su compañero, estaba en la plaza del frente, empujando un carro de bebé y con una niña al lado, también con la cabeza gacha, como buscando algo. Ambos veían al piso para ver si encontraban algún encendedor o una pila triple AAA que les pueda servir en su lucha contra la pandemia.
Los dos vestían ropa sencilla, llevaban puesta un gorra y también el barbijo de rigor, calzaban chinelas y él tenía en sus manos una vieja caja dura de un celular que cuidaba celosamente. Se encontraba precisamente en la plaza del inicio del barrio de San Luis, pasando los cuarteles, casi frente a la cabaña El taco y grande fue la sorpresa al saber que llegaron caminando desde la zona de Pampa Galana.
Mauro Guzmán tiene 21 años de edad y Rebeca Alfaro 25. No están casados pero conviven desde hace 4 años y tienen dos hijos, una niña de 9 años y un niño de 2, al que lo trasladan en un carro de bebé.
Los cuatro salen todos los días desde su cuarto en Pampa Galana, a caminar por diferentes barrios y arterias de la ciudad, llenos de valor y fe, cargados de una pequeña caja vieja de celular en la que depositan toda su esperanza de poder encontrar algo de dinero, alimentos o vestimenta que los ayude a sobrevivir en estos tiempos duros de pandemia.
En la caja hay poco más de una docena de diminutas motocicletas que son elaboradas solamente con partes de encendedores viejos e inservibles que muchos los tiran, pero que Mauro rescata para poder construir aquellas “motitos” que les están ayudando en su lucha contra la pandemia.
Rebeca y Mauro cuentan que desde que comenzó la pandemia tuvieron que ingeniárselas para poder sobrevivir, toda vez que desde ese momento, ambos perdieron sus fuentes de empleo. Él trabajaba en una lavandería de autos la cual cerró desde que comenzó la cuarentena, y ella dice que antes de esta pesadilla, solía salir acompañada de su concubino a las diferentes ferias y actividades rurales a vender caramelos, anticuchos, refrescos y hasta choripanes, para juntar dinero y sobrevivir.
Pero desde el inicio de la cuarentena su familia se vio duramente golpeada, por lo que tuvieron que buscar la manera de salir adelante. Para eso, primero, tuvieron que salir de la casa de la mamá de Rebeca, quien vive por la zona de San Andrés, debido a la lejanía y poca actividad que hay por aquel lugar, y se alquilaron un cuarto en Pampa Galana.
“Hace un mes atrás comencé a hacer estas motitos porque ya faltaba leche para mi niño y alimento en la casa, pero además no tenemos para pagar el alquiler. Yo no sabía hacer estas motitos, por lo que tuve que buscar en el internet y así aprendí. Como tenía harto encendedor busqué qué podía hacer con el encendedor y me salió todo eso: trencitos, helicópteros, autitos, motos”, cuenta Mauro sobre el origen de su habilidad.
Consultado sobre porqué sale con toda su familia en tan duras y largas caminatas, Rebeca interviene y dice que cuando él sale solo, la gente piensa que es mentira que tiene familia y no le quieren colaborar. Pero cuando salen todos, ven que tiene pareja, y dos niños, entonces hay más predisposición a comprarles y hasta ayudarles con algo de comida o ropita.
Mauro dice que el aporte que pide por cada motito es de 10 bolivianos, pero si las personas quieren su artesanía y no tienen dinero, pues recibe también alimentos o ropa si así lo desean. Durante este tiempo que están con esta actividad, ambos dicen que fueron por diferentes zonas, como el Campesino, La Loma, San Roque y el centro de la ciudad, además de San Gerónimo y San Luis.
Expresan que “gracias a Dios”, de momento no les fue tan mal y lograron vender durante este tiempo unas 50 motitos, que ya les sirve para lo de su alquiler y alimentos. Pero además, dicen que las personas también les colaboraron dándoles alimentos y algo de ropa.
Consultados sobre cómo puede hacer la gente para ubicarlos, en caso de que quieran comprarles las motos o darles alguna ayuda, dicen que solo tienen un numero de celular que está habilitado para el WhatsApp, mediante el cual pueden ubicarlos. Éste es el 62857313.