Cine punk: Anselmo Beltrán filma el under boliviano
Tras ocho años, sin dinero y con un disco duro como único aporte, el director de Música de abajo cuenta cómo nació su documental sobre Scoria, la memoria y la autogestión punk.
Anselmo Beltrán creció cargando equipos en conciertos precarios y filmando con una cámara VHS-C prestada por su padre. Hoy, a sus 40 años, estrena Música de abajo, un documental de 79 minutos sobre Scoria, la banda de hardcore punk nacida en El Alto en 1992, y sobre el under boliviano que la rodeó. Tardó ocho años, trabajó casi sin recursos y se negó a hacer un simple reportaje: quería una película con protagonista, conflicto y puntos de giro.
Conversamos durante dos horas, y aquí está el recorte.
Pura Cepa (PC). ¿Cuál es tu primer recuerdo de Scoria en vivo?
Anselmo Beltrán (AB). Tenía 13 o 14 años. Mi papá, Raúl Beltrán, actor y director de teatro, organizó un festival en Mallasa con gente de El Alto. Grabó todo con una radio y unos cables RCA a un casete. Yo agarraba esa cinta, escuchaba la parte de Scoria a todo volumen y se la hacía oír a mis amigos. Así descubrí la banda.
PC. ¿En qué momento esa vida de la escena se volvió material de película?
AB. Desde que estudié cine en La Fábrica, en Cochabamba, en 2006. En segundo año tocaba hacer documental y yo venía a La Paz con esa cámara chiquita a filmar ensayos de mis amigos de Anarkotizados. Siempre registré todo. Pero Scoria no fue idea mía. Su cantante, Edgar Mendieta, publicó en Facebook que necesitaban un cineasta. Le escribí, y ahí empezó la aventura.
PC. ¿Cómo se filma con cero presupuesto?
AB. Scoria llegó con unos cinco VHS, afiches, fotos y recortes de prensa. Dinero, ninguno. Solo les exigí un disco duro. A cambio me dieron libertad creativa, “hazlo como quieras”. Pensaron que tardaría uno o dos años; los primeros cinco trabajé sin recursos, con mi computadora, mi cámara y mi micrófono. Luego llegaron D.A.S Street Art y Transbordador, que ayudaron con dinero, color, mezcla y rodajes. Hacer cine en Bolivia es como ser músico del under, todo a pulmón.
PC. ¿Qué pasa con los recuerdos que se contradicen?
AB. Yo era fanático de Scoria y no sabía nada de su historia. Mucha gente cree que Elías Alconz fue el primer cantante; fue el cuarto. Un libro sobre rock nacional dedica a la banda un pasaje que, según mi investigación, no tiene nada que ver con la historia real. Si preguntas hoy en la movida qué es Scoria, te cuentan versiones distintas. Quise dejar algo en claro.
PC. ¿Qué quedó fuera de la película?
AB. El fundador y líder de la banda, que salió en 2003, rechazó participar dos veces, cuando lo llamé hace siete años y luego cuando intentamos con Transbordador, que están en la producción. Sin derechos de su imagen ni de su nombre, tuvimos que contar su parte con imaginación. No lo entrevisté, así que la película solo dice que no quiso. Me inspiré en el documental de Sepultura, donde pasa lo mismo con Max Cavalera. No hay villano ni héroe.
PC. ¿Qué anécdota ni siquiera los fans conocían?
AB. El primer bajo de la banda salió de un aviso de periódico, a inicios de los 90. Se encontraron en El Alto con el vendedor, Pepe Murillo, productor y folklorista. Sin querer, fue su primer impulsor. Lo contó el primer bajista, está en la película y a Murillo lo invitamos al estreno.
PC. ¿Por qué Scoria es “la banda del pueblo”?
AB. Se lo ganó. Desde Justicia Criminal y Corruptocracia hasta Yo no soy ninguno de arriba, sus títulos y letras hablaron de justicia, corrupción y raíces. Anti-Bolivia critica a los jóvenes que adoptan costumbres extranjeras, como Halloween en vez de Todos Santos. Tienen una canción en aymara. Y, para mí, nunca se alinearon con ningún gobierno, de izquierda ni de derecha.
PC. ¿Qué lugar ocupa la política en la película?
AB. Scoria siempre tuvo discurso contestatario, y la película lo muestra sin ahondar. Pude haber hecho un panfleto con mis opiniones, pero preferí dejarlo sobrio. Muestro el momento político y no más.
PC. ¿Qué hace la animación?
AB. Da vida a las anécdotas sin cabezas parlantes. La hizo Arturo Carrasco, mi amigo desde el colegio, guitarrista de Anarkotizados y artista urbano D.A.S. Sus murales y afiches llenan La Paz; la gente los reconoce de inmediato. Yo lo acompañé a pegar afiches a las tres de la mañana, filmándolo.
PC. ¿Por qué insistes en el cine y no en el streaming?
AB. Los documentales suelen ir directo a streaming, pero soy cineasta y quiero que se vea grande. Multicine solo dio dos funciones especiales, porque a los documentales no los ponen en cartelera; Cinebol sí la programa desde el 15. Después vendrá el circuito alternativo, todo 2027, y recién luego las plataformas.
PC. ¿Sigue vivo el under?
AB. Seguimos tocando en locales chicos, pero internet lo cambió. Si subes tu tema, ya no eres tan subterráneo. Aun así, lo que lo mueve no es el dinero ni la exposición, es una necesidad personal. Si no toco cada tanto, me enfermo.
PC. ¿Y las mujeres del under?
AB. Scoria es de hombres, es verdad, pero el under siempre tuvo energía femenina. Hay bandas como Las Intensas, hoy, Las Squirts. Y hubo otras como Cultura Anónima. Aunque son minoría, siempre estuvieron ahí.
PC. ¿Para quién es la película?
AB. Para los rockeros y la gente del under, pero también para los jóvenes de 15 o 20 años que no saben quién es Scoria. Tiene un carácter antropológico fuerte. Y es cine clásico, tres actos, personaje y conflicto.
PC. ¿Cómo viviste el paso del casete al MP3?
AB. Lo viví pocos años. A los 13 años ya existía el MP3 y compraba discografías enteras a los manteros por diez bolivianos. Esperé el Woodstock ‘99 por radio, con el dedo sobre REC, para grabarlo en casete. Hoy no tengo casetera, aunque el casete y el vinilo han vuelto.
PC. ¿Qué disco recomiendas para empezar?
AB. Yo no soy ninguno de arriba, el primer disco oficial de Scoria. Está en internet. De mi banda, Anarkotizados, el primero, Lo que no se calla.
Música de abajo se estrena oficialmente el 15 de octubre en Cinebol, Ciudad Satélite, y el 16 llega a La Casilda Cultural, en Tarija, a las 20:00 horas. Anselmo no promete respuestas cerradas, solo la memoria de una banda que sigue tocando sin aplausos masivos y la de una escena que, según él, existe, aunque nadie la mire. Al despedirse me ofreció pasarme su segundo disco con Anarkotizados, Egregor, porque no está en ningún lado. Es el under, música hecha por necesidad, guardada con cariño y compartida de mano en mano.
De ahí viene la película, de lo que se hace sin permiso y, aun así, sobrevive.








