Sr. Condorito, especialista en salud vaso a vaso
Lino llegó de Urmiri con sus manos y una receta. Cada mañana recorre Tarija a pie, repartiendo batidos que, asegura, curan el mal de garganta. Tiene 77 años y no piensa parar.
A las seis de la mañana, cuando la mayoría de Tarija todavía está entre las cobijas, don Lino ya está en la calle. Vaso en mano, ruta trazada de memoria: el Matadero los lunes, Tabladita los martes, la Loma después, el norte de la ciudad cuando puede. Setenta y siete años cumplidos el 21 de septiembre, piernas que no paran y un apodo que se puso él mismo y luce con orgullo en el mandil: Sr. Condorito, ESPECIALISTA.
Llegó desde Urmiri, un pueblo del departamento de La Paz famoso por sus aguas termales sulfurosas, ferruginosas, calientes, con propiedades curativas que brotan directamente de la roca entre serranías que las protegen del viento altiplánico. Allá creció entre huertos y valles anchos, aprendiendo a trabajar la tierra con la precisión de quien conoce cada injerto, cada ciclo, cada planta. Tanto, que en Tarija llegó a trabajar con los ingenieros del proyecto de agua de la empresa San Jacinto, indicándoles él, que no tiene título colgado en ninguna pared, pero sí décadas de saber acumulado.
Un día quiso probar suerte en Argentina. Se sumó a una fila de compatriotas que habían puesto en práctica la solución colectiva para zafar del requerimiento de los gendarmes: juntar el dinero en común para que cada uno mostrara el fajo de fondos suficientes cuando le tocara el turno. La estrategia funcionó hasta que le tocó el turno a don Lino, el último de la fila. Para entonces, los gendarmes ya habían descifrado el esquema y le negaron el paso arrugando su pasaporte. Se quedó de este lado y siguió moviéndose.
Hoy su oficio cabe en una canastilla que transporta botellas de bicervecina y claras batidas a punto de nieve. El blanco y el negro se mezclan en un brebaje dulce, acaramelado, perfecto para empezar cualquier mañana. Para el mal de garganta, la receta cambia, y en lugar de la malta entra el jugo de naranja con otro tanto de singani. A veces usa eucalipto, pero del que crece en su pago, que es otra especie. Tiene clientes que cruzan desde Argentina y se recuperan de los males. Don Lino lleva su número anotado en un papel donde también se leen cosas que recomienda a quien quiera fortalecer su salud: carnes de vaca, cordero y pescado, mates diferentes, chocolate, agua hervida, frutas y Tampico. Receta práctica, sin pretensiones, escrita a mano.
Tiene clientes fijos, días, esquinas. Cada uno sabe cuándo le toca. Almuerza donde le agarra la hora. Su hijo está en España. Él sigue en Tarija, sosteniendo el sueño de ver cómo Johnny Torres le cede una caseta para atender a la población. Todavía no ha ido a pedírselo, pero lo tiene pensado. Mientras tanto, sale a las seis, vuelve a las ocho de la noche, y en el medio reparte sus batidos, vaso a vaso, el resultado del oficio tranquilo de quien aprendió que la vida se sostiene dando.
Contacto: 68697295, Señor Condorito, don Lino.





