Joselyn Toro: de miss internacional a empresaria del bienestar
Diez años después de representar a Bolivia en Las Vegas, la exreina de belleza construye restaurantes, empresas de moda y un club de wellness. La reinvención después de las coronas.
Joselyn Toro tenía 22 años cuando subió al escenario del Miss Grand International 2016 en Las Vegas. Llegó como reemplazo de última hora —a la ganadora original le negaron la visa— y representó a Bolivia ante el mundo. Pasó discreta por el certamen, pero esa Joselyn de entonces aún vivía en el brillo de una carrera meteórica: entre 2012 y 2016 había acumulado coronas como quien colecciona estampillas. Miss Teen de las Américas, Virreina Miss Global Teen, Miss Tourism Planet América, Miss Model Fashion, Miss International 2014. Eran los años del podio perpetuo.
Luego vino el silencio. O más bien, la vida real. Joselyn no desapareció; simplemente dejó de ser noticia. Trabajó como modelo, fue reina de comparsa, condujo un programa de tendencias en ATB llamado “Con Joselyn Toro”. Pero cuando llegó 2020 y la pandemia paralizó el mundo, ella hizo lo que muchos: se reinventó desde cero.
Fundó Descubre Moda, una empresa de confección que marcó su salida progresiva del modelaje profesional. Abrió el restaurante Toro de Oro y desarrolló Supérate Catering. Tres proyectos, tres apuestas, tres maneras de construir desde otro lugar que no fuera una pasarela. Porque detrás de esa transición había algo más profundo: años de dietas estrictas, de exigencias físicas que terminaron pasándole factura. La anemia la obligó a replantear su relación con el cuerpo, con los estándares, con esa versión de sí misma que solo buscaba brillar.
Hoy, en 2026, Joselyn Toro tiene 32 años y está de regreso. Retomó el modelaje, esta vez con la mirada de quien ya conoce el camino y sus trampas. Trabaja con el productor Diego Guillen y dice hacerlo “desde un lugar más consciente”. Pero su apuesta más ambiciosa no está en las pasarelas, sino en Amory Wellness Club: un proyecto que incluye podcast y coaching de vida, nacido de una premisa simple pero honesta: “Si hubiera tenido una guía en ciertos momentos, mi camino habría sido menos complejo”.
Se formó como coach porque entiende que el verdadero cambio no viene de las coronas, sino del trabajo interno. Porque extraña la inocencia de aquella chica de 22 años que solo quería descubrir el mundo, pero no cambiaría la madurez que le costó llegar hasta aquí. Porque aprendió que representar a un país es un honor, pero también un peso. Y porque hoy, lejos de los reflectores del Miss Grand, construye algo más duradero: una versión de sí misma que ya no necesita títulos para brillar.





