Maritza… a 100 años
Mabel León Darwich relata la vida de Ana María Teresa Navajas Mogro, la visionaria educadora que revolucionó la enseñanza en Tarija y abrió las puertas del conocimiento a generaciones de mujeres.
…También era 5 de octubre, pero del año 1925.
…En el seno de una de las familias más distinguidas, nacía Ana María Teresa Navajas Mogro, Desde pequeña la llamaron simplemente Maritza, abreviando los tres nombres de pila con que la bautizaron; y este es el nombre con el que se la conoció y con el que está registrada en la historia de Tarija.
Sus padres, don Jorge Navajas y doña Ema Mogro, una ejemplar pareja en cuyo hogar se vivía y respiraba un ambiente de sólidos valores cristianos, sociales y culturales.
La residencia de la familia fluctuaba entre la casa señorial de la ciudad de Tarija, y la “casa de hacienda” que tenían en la comunidad de Erquis. Allí pasaban largas temporadas, era un sitio muy querido por Maritza.
La familia Navajas Mogro entendía que “el tener era para saber; no para parecer.” Por eso se empeñaron en dar a los seis hijos la oportunidad de estudiar carreras profesionales en las universidades argentinas de La Plata y Buenos Aires.
Al terminar el bachillerato, en el colegio “San Luis”, con su amado hermano Heberto, se fue a La Plata, en cuya universidad se matriculó en las carreras de Filosofía y Letras y de Pedagogía. Obtuvo el doctorado en la primera; y la licenciatura, en la segunda.
La universidad le ofreció un deslumbrante ambiente cultural que maravilló a la jovencita. Esos intensos años de estudio, estimularon su insaciable sed de saber, despertaron inquietudes y potenciaron los sueños de querer compartir sus conocimientos entre sus paisanos tarijeños. Su vocación por la enseñanza era muy evidente en ella.
En la primera mitad del siglo XX, Tarija era un pequeño pueblo muy necesitado de renovación. Maritza llegó con ideas novedosas. Entusiasta como era, organizó grupos de análisis sobre la realidad histórica y política de Bolivia, de América y del mundo. Entre los selectos intelectuales de las tertulias estaban el joven poeta y profesor Oscar Alfaro; el cantautor Nilo Soruco; el pintor y muralista Oscar Alandia Pantoja; la abogada Ema Navajas, hermana menor de Maritza; el multifacético artista, pintor, escritor y poeta, Edgar Ávila Echazú, quien a los pocos años se convertiría en su esposo y padre de los cuatro hijos que tuvieron: Ilsen, Diego, Miguel y Giomar. Edgar era hijo de otro preclaro hombre de letras, don Federico Ávila y Ávila (fundador de la Universidad Juan Misael Saracho). El tejido familiar que comenzó a urdirse no hizo sino fortalecer la riqueza cultural de sus protagonistas.
Doña Maritza nació predestinada para ser educadora, la actividad más brillante de su vida. Pronto inició su tarea docente: comenzó a dar clases en el Colegio Nocturno “Eustaquio Méndez”, donde cursaban el bachillerato los jóvenes trabajadores. Este entorno la comprometía más y más por educar a quienes menos oportunidades tenían. Por sus destacadas cualidades, la eligieron subdirectora, cargo que desempeñó hasta 1965.
Fue una mujer visionaria, una maestra de mente amplia y de horizontes inmensos. Para ella, las mujeres tarijeñas no debían estar atrapadas en un modelo fatal: ser solamente buenas esposas o elegantes amas de casa. Maritza Navajas estaba convencida que toda mujer merecía un destino diferente, y por esos ambiciosos sueños empeñó su vida y su futuro profesional.
Para doña Maritza, la educación era la garantía infalible que forja otro destino para las jóvenes generaciones. De esta convicción nació un nuevo colegio para señoritas, donde se enseñara y aprendiera con una visión liberadora, de respeto y de igualdad de oportunidades para las jovencitas de todos los estratos sociales. Inspirada en innovadoras corrientes pedagógicas, entusiasmó a los más inquietos y progresistas profesores; y con ellos, el año 1965 abrió sus puertas el soñado colegio. Para darle identidad local y que formara parte del destino de esta tierra lo bautizaron como LICEO “TARIJA”. Desde entonces, en Tarija las oportunidades intelectuales no fueron un derecho reconocido únicamente para los hombres.
El nuevo colegio nació con una sólida estructura pedagógica, con objetivos claros, pero carecía del imprescindible espacio físico donde funcionar. La solución vino de la empatía entre Maritza y el profesor Carlos Vidaurre, Director del “Eustaquio Méndez”, quien cedió las aulas del colegio nocturno. Ahí funcionó el Liceo por muchos años.
Doña Maritza fue nombrada Vice Cónsul Honoraria del Reino de España. Ejerció estas funciones ad honorem, durante varios años. Tenía gran admiración por España, por la inmensa riqueza cultural que posee, por la inigualable calidad de escritores, científicos, personajes históricos y artistas, y por la gran valía que tiene el idioma castellano en el habla tarijeña y en el consenso mundial.
La vida le tenía reservado un verdadero regalo para su espíritu culto y deseoso de ir a las mismas fuentes del conocimiento, cuando a su esposo, el escritor Edgar Ávila Echazú, lo nombraron en 1980 Consejero Cultural de la Embajada Boliviana en Madrid. La familia Ávila Navajas en pleno, se fue a España.
Al volver a Tarija, otros desafíos la esperaban: había salido su jubilación y ya no podía seguir ejerciendo como directora del liceo “Tarija”. Sin embargo, nadie pudo impedir que siguiera soñando y dando forma a quijotescas ambiciones.
Corría el año 1992, insignes profesionales de Tarija, crearon la “Fundación Educativa, Científica y Cultural Tarija”. Una de sus obras fue la apertura Universidad Católica Boliviana, que nació con el nombre de San Bernardo y ahora es la Universidad Católica San Pablo.
Doña Maritza tuvo destacada participación en estos y en otros proyectos, como la conversión del colegio Antoniano en “La Salle”. La comunidad religiosa convocó al Hno. Felipe Palazón, afamado educador español, para que asumiera el proyecto. La sapiencia del Hno. Felipe Palazón entusiasmó a Maritza, quien de inmediato formó parte del plantel docente, a la vez que propuso un nuevo y atrevido reto: Que el de Tarija sea el primer colegio lasallano mixto, Y así fue. Nuestra querida Maritza nuevamente fue la subdirectora.
Pero su mente creadora no se detuvo, comenzó a idear otro proyecto más ambicioso, el último: un colegio donde conjugaran instrucción, educación en valores y potenciación de las cualidades personales de niños y jóvenes. Su admiración por la valía del Hno. Felipe le dio el indiscutible nombre propio.
Ella gestó y elaboró, letra a letra, el desafiante proyecto educativo, que comprende varios apartados, y que involucra a los tres protagonistas de la educación: las familias, los profesores y los estudiantes. Todos con importantes obligaciones y aportes de inexcusable responsabilidad. Lo destacable, por ser único es el PROYECTO DE LECTURA que es el sello de especial importancia y que da gran valor a la enseñanza que se imparte en el colegio, porque la lectura obliga a pensar, a saber y a crear.
Nuevamente era un hijo que nacía sin techo. Fue un alemán, don Fritz Lochmann, propietario de la cervecería “Astra”, quien proporcionó los ambientes y las instalaciones que usaban para la Oktoberfest. Aparecieron las aulas, que estaban rodeadas de amplios jardines.
Pocos años después, la administración del colegio se ahogaba ante las perentorias obligaciones económicas impuestas por el empresario. Doña Maritza contactó con la familia Granier, y con mucha mejor suerte el proyecto educativo se salvó.
Con entusiasmo y compromiso sin límites trabajó en este colegio, hasta el año 2002, cuando el 31 de enero de ese caluroso verano, su generoso corazón dejó de latir en su amado Erquis, donde pasaba esa última vacación.





