Memoria, vivencia y poesía en “Manuelas en la historia”
El médico tarijeño, Julio Enrique Pizarro Hoffman, publicó una obra tripartita que recupera figuras libertarias, relata episodios de la vida regional y despliega un poemario intimista.
El lunes 29 de septiembre de 2025, en el auditorio de la Casa de la Cultura de Tarija, se presentó el libro “Manuelas en la historia – otros relatos breves y poemas”, de Julio Enrique Pizarro Hoffman, cuya trayectoria combina medicina, política y vocación literaria.
Mike Figueroa, director de la Casa de la Cultura, festejó el libro como “parte importante del acervo cultural de nuestra ciudad”. José Paz Garzón, quien fue compañero de curso del autor durante 12 años, ofreció un recorrido histórico por las tres Manuelas y destacó que “Julio nos hace revivir, nos hace rememorar valores que nunca debemos olvidar”. Por su parte, la profesora Hanne Amado centró su intervención en “la complejidad de pasar de la historia al cuento con tintes históricos y al verso con imágenes figuradas”, valorando las “verdades retenidas en el corazón que necesita ver la luz”.
Al cierre, el propio Pizarro Hoffman afirmó que busca rescatar “los gritos de la emancipación histórica”, los relatos de “quienes hacíamos la ciudadanía” y “el sentir del espíritu” en versos íntimos.
Las Manuelas
La primera sección, Pizarro emplea la crónica histórica documentada y la recreación novelesca para hablar de Manuela Gorriti, Manuela Sáenz y Manuela Rojas. El texto sobre Gorriti, pionera de la novela argentina, traza con pulso firme el exilio familiar desde Salta hasta Tarija, su instalación en casa del general Celedonio Ávila, el romance con Manuel Isidoro Belzu y los vaivenes políticos que marcaron su destino, logrando intensidad lírica entre las tensiones de la historia y la imaginación literaria.
El texto sobre Manuela Sáenz, “La Libertadora del Libertador”, explica su participación en las batallas independentistas, y rescata la correspondencia epistolar como vehículo de la pasión. En el caso de Manuela Rojas, la información biográfica se confunde con la astrología, y resulta un cierre difuso para la sección que recupera un patrimonio valioso gracias al vuelo narrativo basado en el ensayo divulgativo y el cuento histórico.
Relatos breves
La segunda parte del libro contiene 13 relatos en los que Pizarro abandona el corsé historiográfico para narrar la vida tarijeña y boliviana del siglo XX con una voz más universal. En “Una chalana hacia el mar”, la travesía de tres amigos desde el río Bermejo hasta Buenos Aires narra el anhelo marítimo sin caer en la solemnidad patriotera. El humor luce también en “Viajando en camión”, que captura un viaje al Chaco con todos sus personajes y cruces al borde del precipicio.
Sin embargo, los textos más abiertamente políticos, “Un narco golpe de Estado” y “Diario de campaña”, son puntos flacos en la sección, pues la escritura se siente apresurada, casi telegráfica, sin la respiración que hay en otros relatos. Pero “Chura imilla la Juanacha”, que muestra la relación entre Mariano Melgarejo y Juana Sánchez, recobra el tono de la primera sección y presenta escenas vívidas con puntos de vista magistrales.
Poemas
El libro cierra con 18 poemas breves, un contrapunto emocional que nos muestra la intimidad del autor, ya despojado de pretensiones que no sean revelar su conciencia de la finitud. Las imágenes son sencillas, cargadas de resonancias: “Me encontré un pétalo / y había sido de una Rosa. / Me encontré una luz / y había sido de una / Luciérnaga. / Me encontré una vida / y había sido de mí / Muerte”.
Hay poemas, como “Juan José de los tormentos”, “Herramienta”, “Juan de la Cruz” y “Gabriel Velasco”, que retratan personajes marginales con compasión y sin condescendencia, en la tradición de la poesía social latinoamericana, pero con más contención. Y las mayores meditaciones sobre la muerte, la memoria y el tiempo vienen al final, cerrando la obra con una sobriedad que esquiva tanto el énfasis como la frialdad.
Un libro para no olvidar
“Manuelas en la historia” es una obra que pasea en las fronteras, lo que puede ser su mayor atractivo y también su debilidad. Hanne Amado observó que el libro “rompe moldes” al mezclar géneros, pero el empeño puede limitar la presentación de figuras históricas cuando no hay rigor documental. En contraparte, Pizarro Hoffman se vuelve un gran narrador cuando deja que el lenguaje respire en el texto sin prisas, y la inclusión de la poesía añade un registro íntimo que complementa la construcción del todo.
Pizarro rescata el testimonio generacional de quienes vivieron las dictaduras, la militancia de izquierda, y las transformaciones sociales de la segunda mitad del siglo XX, siguiendo los esfuerzos de Ricardo Palma y la literatura testimonial, rescatando la memoria colectiva que amenaza con perderse por “el ritmo de la vida cotidiana”.
El médico, militante y ciudadano escribe para no olvidar, para que no olvidemos, y para que aprendamos lo que fue. Es un gesto de resistencia en medio de la desmemoria programática, cuyo valor trasciende cualquier técnica literaria.









