María Eugenia Vargas, diez años moldeando sueños
Fundación Guadalquivir nace como el sueño familiar de cuatro hermanos
Fundación Guadalquivir nace como el sueño familiar de cuatro hermanos, Oscar, Cecilia, María Eugenia y Liliana Vargas Hernández, por honrar la memoria de su padre Oscar Vargas Molina, propietario de la Cerámica Guadalquivir, a través de la creación de una organización sin fines de lucro que brinde oportunidades a personas y familias en situación de vulnerabilidad social.
A la fecha, la Fundación ha impactado la vida de más de 120 familias y ha recibido el apoyo financiero de ONG’s europeas como ‘Manos Unidas’ de España y ‘Liliane Fonds’ de Holanda, con las que ha llevado a cabo programas que han permitido equipar talleres y brindar capacitación.
María Eugenia Vargas, fundadora y coordinadora de la Fundación, explica que trabajan con jóvenes con discapacidad, que asisten al taller tres veces por semana para recibir apoyo psicológico y capacitación que les permite desarrollar sus habilidades moldeando la arcilla en piezas de cerámica esmaltada de alta calidad. “Se les ha enseñado a cernir y a lijar. Los que están trabajando mejor, vienen a ayudar y se les paga. Este programa está financiado por la ONG ‘Liliane Fonds’ de Holanda”.
Otro de los grandes sectores con los que la Fundación trabaja son los privados de libertad en el Penal de Morros Blancos. “Con la ayuda de ‘Manos Unidas’ de España pudimos capacitarlos mejor. Ellos hacen el trabajo en madera reciclada que recibimos como donación del aserradero Montana”, explica María Eugenia. Los trabajos en madera que ellos realizan forman parte del producto final que es comercializado, como marcos para los cuadros.
El apoyo de la ONG española, con la que trabajaron en dos ocasiones, durante los años 2013 a 2016, fue fundamental para impactar la vida de los privados de libertad, tanto varones como mujeres, creando uno de los pocos programas de reinserción con los que cuenta el centro penitenciario. María Eugenia, cuenta con satisfacción, “logramos construir un taller de cerámica y damos clases tres veces a la semana en el penal de Morros Blancos. Tenemos hornos y una profesora que es pagada por nosotros. Hemos logrado certificar nuestros títulos a nivel de técnico superior y medio a través del Ministerio de Educación”.
Debido a la pandemia por el Covid-19, los talleres de capacitación dejaron de impartirse de manera presencial y a partir de junio fueron retomadas de manera virtual. La fundadora, cuenta “hasta el momento seguimos pasando los talleres tres veces por semana vía zoom, tanto con los chicos como con los padres, con terapeutas y psicólogos, inclusive para la parte del trabajo en arcilla, los papas vienen, llevan el material y los chicos están produciendo pequeñas cositas. La Fundación se ha convertido en la única actividad que tienen”.
“No tenemos utilidad, con la venta de los productos, se pagan los materiales y se paga al artista. Los artistas no dependen de un salario sino de un pago y un precio justo por el trabajo que realizan”.





