Mujeres en la fotografía, en el lente de Lilo Methfessel
Liselotte Methfessel Mraz es una reconocida fotógrafa tarijeña y miembro de la Sociedad de Investigación del Arte Rupestre de Bolivia, SIARB.
Liselotte Methfessel Mraz es una reconocida fotógrafa tarijeña y miembro de la Sociedad de Investigación del Arte Rupestre de Bolivia, SIARB.
Lilo Methfessel nació en Tarija, pero los lazos que la unen a la nación de sus ancestros, Alemania, son inquebrantables, tanto que desde hace catorce años es la Cónsul de la nación germánica en Tarija. “Mis bisabuelos fueron los primeros en llegar aquí”, relata Lilo.
Algo que también heredaría de sus antecesores sería la pasión por la fotografía. Creció entre cámaras, rollos fotográficos y los constantes paseos de su padre, en su afán de retratar la naturaleza, a los que no tardaría en unirse. En el año de 1993, junto a su progenitor, se embarcaría en una expedición sin precedentes en la historia del departamento, el registro fotográfico de pinturas rupestres.
Lilo fue una de las primeras mujeres en incursionar en la fotografía de manera profesional en el departamento, rompiendo estereotipos en una actividad reservada únicamente para varones, y en la que el único sitio que podían ocupar las mujeres era delante del lente, hasta ese momento. Hoy, son varias las mujeres que se desempeñan de manera excepcional en este campo.
Pura Cepa (PC): ¿Cómo nace su afición por la fotografía?
Lilo Methfessel (LM): “Como mi padre y abuelo eran fotógrafos aficionados, desde niña siempre estuve en contacto con el medio. Cuando fui de visita a Alemania, con diez años de edad mi abuelo me regaló mi primera cámara, era pequeña y sencilla. Con los dos primeros rollos… no salió ni una foto”, ríe, al recordar aquella anécdota.
“Bueno, cuando fui a recoger las fotos, allí el vendedor del negocio me explicó qué es lo que tenía que tomar en cuenta. Desde ese entonces poco a poco he ido aprendiendo lo que es la fotografía, casi todo a prueba y error siendo autodidacta. También fue un poco de lo que mi padre me enseñó. Así fue surgiendo mi afición”.
PC: Al ser una de las primeras mujeres en este campo, ¿tuvo algún problema?
LM: “En mi época, cuando yo era la única fotógrafa, era complicado. En algún momento sucedió que como mi nombre es Lilo y termina en “o” y el que no me conoce… -ríe, al recordar aquel desafortunado episodio- cuando me presentaba y decía, “soy la fotógrafa”, ¡me miraban con una cara!”
Lilo relata que en una ocasión fue contratada para una boda, “el cliente buscaba un fotógrafo. Fui allá y al llegar me dijo “¿es usted es el fotógrafo?”, a lo que respondí, “Sí, soy la fotógrafa”. Me miró ¡con una cara! y vi que él no quería una mujer como fotógrafa. Me di cuenta inmediatamente porque él le puso cien mil “peros”. Así que tuve que decir, debido a que él no fue capaz, “veo que no voy a poder hacer el trabajo que usted necesita. Voy a darle otro contacto y le mandé el contacto de un fotógrafo que hizo el trabajo de su boda”.
“Ésa fue la anécdota más chocante que tuve porque me di cuenta que era una persona que no quería trabajar con una mujer”.
PC: ¿Considera que ser mujer representa cierta brecha en su trabajo?
LM: “En la fotografía no, yo creo que ése es un tema de esa persona; no entraba en su mundo que tenía para su boda una mujer como fotógrafa. No volví a tener nunca más algún problema por ser mujer. Más bien, en ciertos temas he tenido ventaja sobre los hombres, como en las sesiones de embarazo y las de bebés, allí tenemos nosotras las mujeres ventajas”, concluye la fotógrafa, que también es madre.
“Es difícil dar una cifra, pero, son más que todo hombres los que trabajan, profesionalmente, en fotografía, aquí”, asegura Lilo.





