¿Quién dijo que los hombres no podían hacer ballet clásico?
Fausto Otondo “Los hombres también bailan”
Lo primero que hace Fausto al llegar a la “Academia de Danzas Sol de América”
Lo primero que hace Fausto al llegar a la “Academia de Danzas Sol de América” es cambiarse su atuendo, vendando sus pies para luego cubrirlos con las zapatillas de “punta” o “media punta”, tan típicas del ballet clásico, las medias que lleva, un tanto holgadas, estilizan sus tobillos y piernas. Lo segundo que hace, y no menos importante, es encender la música.
Sus movimientos son gráciles. Con cada salto y con cada giro, sus músculos se tensan bajo la malla ceñida que lleva puesta. Fausto Otondo Camacho lleva casi 20 años en el mundo de la danza y alrededor de doce practicando ballet clásico.
Las enseñanzas de Ana Canedo, una de las figuras más icónicas de la danza local y nacional, cambiarían la visión que él tenía sobre la danza, “yo con ella conocí el mundo del ballet clásico, ella me abrió la mente”, cuenta Fausto.
Con el tiempo algunos cometarios respecto a su género serían inevitables en su carrera como bailarín, “y tú ¿te paras en puntitas?”, “¿usas las mallitas?”, “¿se te marcan las partecitas?”. Para él, aún “hay un desconocimiento en la sociedad tarijeña”.
Como otros bailarines, Fausto se adentró en la danza a través del folclore. Durante su infancia eran muy populares las “verbenas” sobre todo en el barrio San Roque, a las que, sin falta su familia acudía. La chacarera marcaba el ritmo del momento por aquel entonces.
Fausto nació en Tarija, pero las raíces de su familia influirían en su imaginario cultural. Con un padre potosino y una madre chuquisaqueña su concepción sobre el folclore estaría representada por un caleidoscopio de colores y ritmos.
Un día, su padre dijo: “yo quiero ver bailar a mi hijo el Tero Tero”. Aquellas palabras calarían hondo en él, el mayor de tres hermanos. “Yo me traumé con eso”, confiesa hoy, que tiene 32 años, “me dije a mí mismo, mi papá quiere un hijo bailarín”.
Por primera vez, a los 13 años, Fausto perteneció a un ballet, “quedé impresionado al ver a los bailarines, sus saltos y palmoteos”, dice. En solo seis meses adquirió un dominio excepcional en la danza folclórica. “Parte de mi infancia y toda mi adolescencia me fui autodescubriendo”, cuenta.
A medida que crecía y se acercaba el momento de elegir una carrera, los comentarios de su familia y maestros eran más contundentes, “Fausto, estas perdiendo el tiempo”, “con esto no vas a vivir”, “una vez que se te olvide el baile vas a conocer la vida de verdad”. “Esos comentarios se me clavaban en el alma”, dice hoy el fundador de la Academia de Danzas Sol de América.
Para el 2005, con 17 años y en España, Fausto descubrió conceptos nuevos, que no había escuchado en su ciudad de origen, como pedagogía de la danza, metodismo, etnografía del folklore. Unos meses después, al regresar a Tarija, optó por estudiar la carrera de Gestión del Turismo, sin dejar de lado su pasión por la danza.
En el año 2009, con 21 años de edad, fundó la Academia de Danzas Sol de América. “El ballet clásico me ha abierto muchas puertas. Empecé tarde, no me considero un bailarín de danza clásica, pero soy un practicante y un estudiante al cien por ciento”, concluye.
“Hay profesores de gran trayectoria, quienes ha hecho camino ya con el tema de danza clásica, para que lo varones lo visibilicen como algo profesional”, dice Fausto.





