Doña Florentina, más de 30 años de “blanqueadas”
Doña Florentina no lleva la cuenta sobre la cantidad de años que se dedica a la elaboración y venta de “masitas”, pero sabe que ya son más de treinta
Doña Florentina no lleva la cuenta sobre la cantidad de años que se dedica a la elaboración y venta de “masitas”, pero sabe que ya son más de treinta
Aunque los barbijos cubren la mitad de sus rostros, el brillo en sus ojos al recibir a sus habituales clientes refleja la satisfacción que sienten “las vendedoras de San Roque” al retornar a aquel espacio físico que ha entrelazado, para ellas, el trabajo y la familia por décadas.
Doña Florentina Cardozo no lleva la cuenta sobre la cantidad de años exactos que se dedica a la elaboración y venta de las famosas “masitas”, pero sabe que ya son más de treinta. Treinta años de una larga rutina de mezclar ingredientes, amasar y hornear empanadas blanquedas, hojarascas, rosquetes y más.
Su rutina fue interrumpida el 21 de marzo tras el Decreto Supremo N° 4199, que instruyó el cumplimiento de la cuarenta total en todo el país.
Pura Cepa (PC). ¿Cuándo retornaron a su fuente laboral?
Florentina Cardozo (FC). “Hemos salido en junio. Salimos unos días y después nos hemos vuelto a guardar y ahora no hace mucho que hemos salido de vuelta”, dice Doña Florentina, refiriéndose a la cuarentena dinámica que rige en la ciudad desde principios del mes de septiembre.
Su regreso ha coincidido con las fechas en la que se celebra la Fiesta Grande, pero debido a la emergencia sanitaria sus ventas han disminuido considerablemente “para lo que había años antes, no llegamos ni a la mitad.
Ha bajado harto- confiesa con cierta desazón- En este tiempo se vendía más. Estos días sí se ha vendido, pa’ que vamos a quejarse, pero ya está bajando”.
Por lo que su producción también se ha visto afectada “hacemos menos de la mitad de lo que solíamos hacer” confiesa la vendedora.
PC. ¿De qué manera se sustentó durante el tiempo de cuarentena?
FC. “Teníamos que hacer lo posible”, dice doña Florentina mientras atiende el pedido de un cliente. El temor por contraer el virus hace que inmediatamente, tras recibir el billete, lo rocié por ambos lados, con un atomizador que contiene alcohol.
“Yo hacía pancito y ofrecía por ahí. Así hemos pasado, qué vamos a hacer -dice con resignación- antes se vendía bien, ahora no salimos ni sábados ni domingos, solo de lunes a viernes”
Sentadas a los pies de la iglesia, Doña Florentina junto a sus compañeras, otras cuatro mujeres, observaron desde los primeros días del mes de septiembre cómo millares de cintas de colores fueron poblando toda la entrada de la Iglesia San Roque hasta cubrirla por completo.
Doña Florentina, dice -al mismo tiempo que señala el portón de barrotes de hierro cubierto con un manto multicolor- “ponen ahí los que tienen promesas, lo tradicional. Como no han podido bailar, este año los chunchos han ponido cintitas ahí”.
Mientras termina la frase ya un grupo de quince personas se ha congregado en el lugar, frente a la iglesia, elevan sus miradas y oran en silencio.
Su lugar al pie de la iglesiade San Roque forma parte de su vida. Hoy está feliz de retornar a su sitial de venta





