• 10 de octubre 2026
  • Menú
    • Opinión
    • Editorial
    • Reflexión
    • Tema del día
    • Columnas
    • Suplementos
    • La Gobernación Informa
    • La Alcaldía Informa
    • La Subgobernación de Cercado informa
    • El SEDEGES informa
    • YPFB Chaco informa
    • Secciones
    • Ecos de Tarija
    • Nacional
    • Internacional
    • Campeón
    • Pura Cepa
    • Crónica
    • Multimedia
    • Merodeos
    • Reportajes
    • El Paisito
    • Búsqueda
    • Listado de autores
    • Semanarios
    • La Mano del Moto
    • La Billetera
    • Cántaro
    • Patria Grande
    • Suscripción Digital
    • Edición
    • Archivo Histórico
    • Archivo Web
    • Despertador / Newsletter
Menú
  • Suscripción Digital
    • Edición
    • Archivo Histórico
    • Archivo Web
    • El Despertador
  • Ads El País
  • Comodín
  • Opinión
    • Editorial
    • Reflexión
    • Tema del día
    • Columnas
  • Suplementos
    • La Gobernación Informa
    • La Alcaldía Informa
    • La Subgobernación de Cercado informa
    • El SEDEGES informa
    • YPFB Chaco informa
  • Secciones
    • Ecos de Tarija
    • Nacional
    • Internacional
    • Campeón
    • Pura Cepa
    • Crónica
    • Multimedia
    • Merodeos
    • Reportajes
    • El Paisito
  • Búsqueda
    • Listado de autores
  • Semanarios
    • La Mano del Moto
    • La Billetera
    • Cántaro
    • Patria Grande
  • Ecos de Tarija
  • Nacional
  • Campeón
  • Edición
  • Comodín
Vida en familia

El descalabro de los 9 años: por qué algunos niños dejan de leer

El hábito lector puede debilitarse cuando las pantallas, las obligaciones escolares y los nuevos intereses desplazan a los libros. La clave está en recuperar el placer de leer sin convertirlo en una imposición

Reportajes
  • Con información de Agencias
  • 10/10/2026 00:00
El descalabro de los 9 años: por qué algunos niños dejan de leer
Obligar a los menores a leer puede resultar contraproducente cuando la lectura se asocia permanentemente con presión

Hay un momento en la infancia en el que algo parece romperse entre los niños y los libros. Han aprendido a leer, comprenden razonablemente lo que leen y los padres respiran tranquilos porque aquella etapa de cuentos antes de dormir, primeras palabras y lecturas compartidas parece haber cumplido su función. Y, sin embargo, precisamente entonces muchos menores empiezan a leer menos.

El fenómeno suele hacerse visible alrededor de los nueve o diez años, cuando el gusto por leer por diversión pierde terreno frente a otras actividades. No existe una única explicación. En esta etapa coinciden cambios evolutivos, escolares, familiares y tecnológicos. Los menores reclaman mayor autonomía, cambian sus intereses y adquiere más importancia el entorno social. Algo que durante los primeros años relacionaron con el juego, el descubrimiento y el tiempo compartido con sus padres puede empezar a asociarse con deberes, exámenes y obligaciones. A ello se suma un competidor difícil de ignorar: las pantallas. Videojuegos, YouTube, redes sociales y vídeos breves ofrecen estímulos y recompensas inmediatas frente al ritmo necesariamente más pausado de un libro.

La psicopedagogía advierte una paradoja: los adultos dedican mucho esfuerzo a conseguir que los niños aprendan a leer y, una vez alcanzado el objetivo, pueden interpretar que su trabajo ha terminado. Dejan de leerles porque sus hijos ya saben hacerlo solos. Al mismo tiempo aparecen las lecturas obligatorias, las fichas, los resúmenes y determinados libros seleccionados por los adultos. La lectura puede pasar así de ser una experiencia afectiva y compartida a convertirse, fundamentalmente, en una actividad académica.

Aprender a leer debería ser solo el principio. Seguir acompañando no significa necesariamente sentarse cada noche con un cuento infantil. Puede ser compartir una novela, escuchar juntos un audiolibro, hablar durante la cena de un personaje o recomendarse libros. El objetivo es mantener alrededor de la lectura una experiencia que no esté vinculada únicamente al rendimiento escolar.

Cómo recuperar Lo primero es evitar que el asunto se convierta en una guerra doméstica. Después, investigar: qué le gustaba, cuándo dejó de interesarle y si puede existir alguna dificultad de fluidez, comprensión o vocabulario que haya pasado inadvertida

El ejemplo familiar también importa. Los niños aprenden tanto de lo que escuchan como de lo que observan. Resulta difícil convencerlos de que leer es maravilloso si nunca ven a los adultos de su casa abrir un libro. No hace falta que todos los padres sean grandes lectores; basta con que los hijos perciban que los mayores también encuentran placer, curiosidad o utilidad en la lectura. Pasar tiempo juntos alrededor de un libro puede ser tan importante como el contenido del propio libro.

En Bolivia, este acompañamiento puede construirse con los materiales que las familias tienen a mano: cuentos prestados, libros escolares, historietas, periódicos, relatos de la tradición oral o textos disponibles en bibliotecas. En ciudades y comunidades, las bibliotecas públicas, escolares y los espacios culturales también pueden convertirse en lugares para descubrir nuevas lecturas. No siempre hace falta comprar libros ni disponer de una biblioteca en casa: intercambiar ejemplares con familiares, amigos o compañeros puede abrir otras posibilidades.

Muchas veces el niño no quiere leer el libro que los adultos consideran apropiado, pero puede pasar horas con un cómic, manga, historias de fútbol, fantasía, misterio o una lectura sencilla. Es un error despreciar esos formatos cuando se intenta construir o recuperar el hábito lector. Si un menor que apenas lee descubre una colección que le entusiasma, ese interés puede convertirse en una puerta para recomendar después otras obras y ampliar progresivamente sus gustos. Un libro sencillo no es necesariamente de poca calidad, y uno complejo no tiene por qué ser adecuado para ese niño. Primero hay que reconstruir una relación positiva con la lectura y, a partir de ahí, enriquecer su recorrido como lector.

El dilema se vuelve especialmente complicado cuando el hábito ya se ha perdido. ¿Hay que imponer 20 o 30 minutos diarios? Acompañar no es lo mismo que convertir cada encuentro con un libro en una obligación. Forzar puede resultar contraproducente cuando la lectura se asocia permanentemente con presión, castigo o evaluación. Ante un niño que afirma que odia leer, conviene averiguar primero qué hay detrás: puede que el tema no le interese, que el libro sea demasiado difícil, que existan problemas de comprensión o que haya acumulado malas experiencias. No debemos confundir acompañar con obligar ni libertad con abandono.

Los padres siguen teniendo la responsabilidad de fomentar la lectura, pero pueden empezar con periodos muy breves. Diez minutos al día pueden ser suficientes para comenzar, sin exigir un número determinado de páginas y, si es posible, mientras los adultos también leen. El objetivo no debería medirse solo en minutos o libros terminados. Más importante que completar una cantidad fija al año es ayudar a que los hijos lleguen a reconocerse a sí mismos como lectores.

¿Qué puede hacer una familia con un hijo de 11, 12 o 13 años que prácticamente ha dejado de leer? Lo primero es evitar que el asunto se convierta en una guerra doméstica. Después, investigar: qué le gustaba, cuándo dejó de interesarle y si puede existir alguna dificultad de fluidez, comprensión o vocabulario que haya pasado inadvertida. A partir de ahí, se puede proponer algo sencillo: diez minutos diarios, permitir que el niño participe en la elección de la lectura, visitar juntos una biblioteca o librería y explorar sin prejuicios cómics, manga, deporte, misterio o cualquier temática capaz de despertar su curiosidad. Si el rechazo persiste, conviene comprobar si existen dificultades lectoras o de aprendizaje y, en ese caso, coordinarse con el colegio y valorar ayuda especializada.

En el contexto boliviano, también es importante que la escuela y la familia trabajen en la misma dirección. La lectura no debería aparecer únicamente como tarea, control o examen, sino como una práctica que permite imaginar, comprender otras realidades y desarrollar criterio propio. Los docentes pueden recomendar textos adecuados a las edades e intereses de sus estudiantes, mientras las familias pueden conversar sobre lo leído sin convertir cada pregunta en una prueba.

Lo que conviene evitar es utilizar los libros como castigo, comparar al niño con hermanos o compañeros, despreciar sus preferencias o convertir cada lectura en un examen. Hay que recuperar el vínculo antes de exigir resultados mayores. Quizá ahí esté la paradoja: los padres acompañan a sus hijos durante años para enseñarles a leer y, precisamente cuando consiguen hacerlo solos, se retiran. Pero saber descifrar palabras no convierte automáticamente a nadie en lector. El hábito se construye con tiempo, libertad, ejemplo y compañía.

 

El ejemplo de los adultos es clave

El hábito lector puede debilitarse alrededor de los nueve años. Scholastic, editorial estadounidense, denomina Decline by Nine a la caída del gusto por leer entre los ocho y nueve años. Según sus estudios, los niños que leen por diversión entre cinco y siete días por semana bajan del 57% a los ocho años al 35% a los nueve. Entre quienes dicen que les encanta leer, la proporción cae del 40% al 28%.

Especialistas españoles apuntan a varias causas: los niños buscan autonomía, cambian sus intereses y dan más importancia a sus amigos. Además, la lectura puede empezar a sentirse como deber u obligación, mientras videojuegos, redes sociales y vídeos breves compiten por su atención.

Las cifras corresponden a Estados Unidos y no miden el hábito lector en Bolivia, pero dejan una advertencia: aprender a leer no convierte a un niño en lector. El ejemplo adulto y compartir libros, además de permitir que los menores elijan historietas, manga, deporte o fantasía, puede ayudar a recuperar el placer de leer.

 

Bolivia ante el desafío: comprender para aprender

Leer es mucho más que reconocer palabras: significa comprender ideas, interpretar información, reflexionar y construir opiniones propias. Sin embargo, en Bolivia, el desarrollo de estas capacidades representa un desafío educativo que exige atención.

Los datos disponibles evidencian la magnitud del problema. El Observatorio Plurinacional de la Calidad Educativa (OPCE), en su diagnóstico preliminar de 2023 aplicado a estudiantes de sexto de secundaria, registró un promedio de apenas 43 respuestas correctas por cada 100 preguntas de lectura. A este panorama se suman los resultados de una evaluación del Ministerio de Educación realizada en octubre de 2025 a 250.062 estudiantes de tercero y sexto de secundaria. El promedio de aciertos fue del 36,87% en tercero y del 54,55% en sexto, según un análisis publicado posteriormente.

Las cifras invitan a reflexionar sobre una realidad preocupante: cuando un estudiante tiene dificultades para comprender lo que lee, también puede enfrentar obstáculos en Matemáticas, Ciencias y otras materias. Además, la comprensión lectora es esencial para identificar información falsa, analizar mensajes en redes sociales y tomar decisiones informadas.

El hábito lector no nace de la obligación, sino de la motivación y el acompañamiento. La constancia es más importante que la cantidad de páginas. En la primera infancia, leer en voz alta, observar ilustraciones y conversar sobre los personajes estimula el lenguaje y la imaginación. En la edad escolar, conviene preguntar qué entendieron, cuál es la idea principal y qué parte les llamó la atención. Con los adolescentes, es importante respetar sus intereses: novelas, historietas, biografías, deportes, ciencia y artículos digitales también pueden despertar el gusto por la lectura.

Asimismo, es fundamental que los niños tengan acceso a libros y materiales adecuados a su edad, tanto en el hogar como en las escuelas y bibliotecas.

Otro aspecto importante es enseñar a los niños y adolescentes a distinguir hechos de opiniones, identificar las ideas principales y contrastar la información que encuentran en internet. En una época de abundantes contenidos digitales, comprender lo que se lee es también una herramienta para desarrollar autonomía y pensamiento crítico.

Cuando las dificultades de comprensión persisten, es recomendable conversar con los profesores y buscar apoyo pedagógico oportuno.

Bolivia necesita fortalecer la lectura desde la infancia y garantizar oportunidades de aprendizaje para todos. Las cifras no deben servir para etiquetar a los estudiantes, sino para impulsar soluciones. La escuela necesita estrategias eficaces, materiales adecuados y seguimiento; el Estado, políticas educativas sostenidas; y las familias, tiempo, paciencia y compromiso.

Cada cuento compartido, cada conversación y cada página leída pueden abrir nuevas posibilidades. Fomentar la lectura en casa es contribuir a formar niñas, niños y adolescentes más autónomos, críticos y preparados para construir su futuro.

Apoya al periodismo independiente

Tienes acceso libre a 200 notas al mes. Para tener acceso ilimitado y muchos beneficios más adquiere tu Suscripción Digital. Comienza tu prueba gratis ahora

Suscríbete

¿Ya estás suscrita/o? No olvides iniciar sesión

Acceder

Si te interesa una suscripción corporativa o institucional llámanos al (+591) 78259007

  • #Reportajes
  • #Vida en familia
Comentarios

  • Lo más visto
  • Lo Último
    • 1
      Brasil: Ordenan el arresto de Eduardo Bolsonaro
    • 2
      Senamhi alerta un bajón de temperaturas en Tarija
    • 3
      Cívicos recuerdan “Acuerdo por Tarija” ante la visita de Paz
    • 4
      Entre dudas, Urioste nombra a Fiscales “antiguos” en distritos
    • 5
      “Los 100 bolivianos ya no alcanzan”: vecinos alistan marcha y cacerolazo en Tarija
    • 1
      Reclaman a Bustamante reactivación del Oncológico
    • 2
      Detectan bolsas quintaleras de arroz con seis kilos faltantes
    • 3
      Unión juega el domingo por Simón: Horario y precios de las entradas
    • 4
      Partido con situaciones, pero sin goles: Tomayapo empató en su visita a San Antonio
    • 5
      Encuentran 22 paquetes de marihuana en minivan

Noticias Relacionadas
Cómo enseñar a comer sano y variado a tus hijos
Cómo enseñar a comer sano y variado a tus hijos
Cómo enseñar a comer sano y variado a tus hijos
  • Reportajes
  • 26/09/2026
Cómo acompañar a nuestros hijos en la era de la Inteligencia Artificial
Cómo acompañar a nuestros hijos en la era de la Inteligencia Artificial
Cómo acompañar a nuestros hijos en la era de la Inteligencia Artificial
  • Reportajes
  • 12/09/2026
Cómo pueden los padres apoyar efectivamente la lactancia materna
Cómo pueden los padres apoyar efectivamente la lactancia materna
Cómo pueden los padres apoyar efectivamente la lactancia materna
  • Reportajes
  • 22/08/2026

Puedes publicar tu anuncio en la
página de inicio o en el interior de las notas

Escoge una opción para ver
los espacios disponibles

Página de inicio Interior de Nota

Contacto

  • Calle Colón No. 968 - Tarija, Bolivia
  • (591 4) 664 2732 - (591) 78259007
  • [email protected]

Acerca de Nosotros

  • Quiénes somos
  • Términos y condiciones
  • Políticas de privacidad
© Copyright 2026 :: Boquerón Multimedia | Desarrollado por ITGROUP SYSTEMS