Vida en familia
Pensamiento crítico: el legado más importante para tu hijo
Esta habilidad es esencial para que niños y adolescentes no caigan en la manipulación y tengan criterio propio, sin embargo, sigue siendo uno de los grandes debes en la familia y también las escuelas: enseñar a pensar por sí mismos
En un mundo dominado por la tecnología y la sobreinformación, distinguir entre lo real y lo falso se ha vuelto un desafío cotidiano. Las redes sociales y la inteligencia artificial difunden millones de mensajes cada minuto, y desarrollar el pensamiento crítico es hoy una habilidad esencial para razonar, cuestionar y no caer en la manipulación. Solo así es posible mantener autonomía intelectual y resistir la presión del grupo en un entorno cada vez más incierto.
El flujo constante de contenidos exige fortalecer esta capacidad, especialmente en niños y adolescentes, para evitar que la desinformación afecte su desarrollo. Pero, ¿se enseña realmente a pensar de forma crítica?
Para Enrique Escandón, experto en educación, este aprendizaje es vital, ya que la mayoría de los jóvenes accede a la información solo por vía digital. Aunque no existe una asignatura llamada “Pensamiento Crítico”, esta competencia se trabaja de forma transversal en las aulas: se plantean retos, debates, proyectos cooperativos y ejercicios con respuestas abiertas. En España, algunos colegios aplican el Proyecto Zero de Harvard, centrado en la comprensión más que en la memorización. “Se promueve que los alumnos se hagan preguntas, evalúen la evidencia, argumenten y contraargumenten. Las ‘fake news’ son parte del entorno y debemos enseñarles a distinguir fuentes fiables”, explica Escandón.
A su juicio, el gran reto de esta época “no es tecnológico, sino humano”. La IA puede ampliar capacidades, pero “nunca sustituirá la de pensar y decidir con criterio”. En un tiempo donde la adolescencia avanza más rápido que la madurez, añade, las redes han evidenciado la fragilidad de la cultura crítica: “La pregunta clave es si estamos enseñando a los jóvenes a pensar por sí mismos o a depender de lo que ven en las pantallas”.
Filosofía y tecnología para aprender a razonar
Fuera del aula también surgen iniciativas para fomentar esta habilidad. Una de ellas es Thinking, un programa extraescolar de la plataforma Smartick que combina tecnología y filosofía para niños de 7 a 14 años. En sesiones personalizadas de 15 minutos, los alumnos dialogan con un robot llamado Socra-Tick sobre temas como la amistad, la mentira o la responsabilidad. Asumen además roles de periodistas o detectives, lo que los ayuda a reconocer fuentes fiables y distinguir hechos de opiniones. El proyecto, creado por un equipo de filósofos, psicólogos y maestros, busca entrenar el pensamiento desde la infancia mediante la curiosidad y el juego.
El hogar como primera escuela crítica
También en el ámbito familiar se promueven herramientas para cultivar esta capacidad. La Fad Juventud y BBVA lanzaron recientemente el videotutorial “¿Hablas en casa con tu hijo o hija de cómo gestionar las diferencias de opinión?”, parte del programa Educación Conectada. Ofrece recursos prácticos para conversar sobre informaciones sin contrastar y fomentar un pensamiento crítico y respetuoso.
Según Teresa Madrigal, directora de Negocio Responsable de BBVA en España, “el hogar es uno de los primeros lugares donde se aprende a convivir con ideas distintas”. Por eso, añade, “fomentar el pensamiento crítico en casa ayuda a tomar decisiones informadas y convivir con la diferencia”. Para Beatriz Martín, directora general de Fad Juventud, “la desinformación no solo condiciona lo que pensamos, sino también cómo nos relacionamos; las familias deben ser espacios donde se dialogue y se enseñe a pensar con espíritu crítico”.
Educar con preguntas, no con imposiciones
La psicóloga Vanesa de la Cruz, también de Fad Juventud, recomienda a los padres abrir el diálogo con preguntas como “¿por qué piensas eso?” en lugar de imponer su visión. “Escuchar con atención es el primer paso para enseñar a cuestionar”, señala. Aconseja mostrar que cambiar de opinión no es rendirse, sino evolucionar. Lo importante, dice, “es que los hijos aprendan a contrastar, identificar fuentes y revisar sus certezas sin miedo”. Que piensen diferente “no es un problema, sino señal de que están formando su propio criterio”.
Comenzar desde la infancia
La psiquiatra Beatriz Martínez, del Hospital Universitario Niño Jesús, insiste en que el pensamiento crítico debe cultivarse desde la niñez. “Hay que responder a sus preguntas, aunque sea agotador. Cuanto antes aprendan a cuestionar, más preparados estarán en la adolescencia”. Recomienda reservar espacios familiares sin pantallas, como la cena, para hablar de temas diversos y guiar sus opiniones.
También sugiere que los padres se interesen por lo que ven o juegan sus hijos. “Hay que saber qué les atrae de un influencer o un videojuego, no para censurarlos, sino para ofrecerles otros puntos de vista”. Conocer su entorno digital, dice, es parte de un acompañamiento responsable: “El mejor control parental son los padres disponibles”.
Martínez advierte sobre los riesgos de no desarrollar esta habilidad. “Veo adolescentes con trastornos alimentarios por seguir dietas en redes. Creen que la felicidad depende de parecerse a los modelos virtuales. Cuando no alcanzan ese ideal, surge la frustración, la baja autoestima y la depresión. Por eso, el pensamiento crítico no es un lujo, es una necesidad para la salud mental”.
Inteligencia artificial y falta de referentes
El psicólogo Ángel Terrón, director de Educ-at, observa un fenómeno reciente: jóvenes que consultan a la inteligencia artificial para resolver conflictos personales. “La IA suele darles la razón porque está diseñada para evitar la confrontación, y eso refuerza la idea de tener siempre la verdad. Así se debilita la reflexión, se evita el contraste de opiniones y se pierde el contacto humano”, explica. Cada vez más adolescentes, añade, “reemplazan la conversación con un referente real por el diálogo con una máquina”.
Aun así, Terrón aclara que no se trata de demonizar la tecnología. “En algunos casos, la IA ayuda a expresar emociones o aliviar la soledad, pero no sustituye el acompañamiento real”. Por eso, este
Por ello, este psicólogo aconseja a estos jóvenes:
-No renunciar al contacto interpersonal; es decir, que consulten sus dudas, conflictos, etc., a sus familiares, amigos o profesores para que juntos analicen cualquier duda sobre cualquier situación.
-Aunque, sobre todo a ciertas edades, piensen que sus padres no se enteran de nada y no entienden, la familia es su gran referente y siempre está ahí como soporte de todo lo que le planteen.
-Que no piensen «nadie me puede ayudar» porque no es cierto. Siempre encontrarán a la persona que sabrá guiarles. No están solos.
Del mismo modo, Terrón también recomienda a los padres que aprendan a legitimar las emociones de los hijos. «Hay que escucharles, no pensar que los problemas de los hijos son menores, y darles consejos razonados y calmados, no recomendaciones rápidas como respuesta de nuestra vida estresada para poder seguir atendiendo otras tareas. Es imprescindible crear espacios de comunicación porque muchos padres cometen el error de hablar solo con sus hijos cuando hay un problema y discuten«, concluye.
Así actúan los menores y adolescentes
Un adolescente escucha que «si toma 3 bebidas energética antes de estudiar, le va a ir mejor en los exámenes».
Con pensamiento crítico
Pregunta: ¿De dónde salió esa idea? ¿Lo dicen estudios confiables o solo amigos y publicidad?
Analiza consecuencias: Mucha cafeína puede causar insomnio, nerviosismo o taquicardia.
Evalúa opciones: Tal vez dormir bien, organizar el tiempo y alimentarse mejor sean alternativas más sanas.
Decisión: No se deja llevar por la moda ni la presión. Decide no consumirla hasta tener información confiable.
Sin pensamiento crítico
Escucha el comentario y lo cree sin cuestionar.
No busca fuentes ni piensa en efectos secundarios.
Toma la bebida porque «todos lo hacen» y confía en que realmente le ayudará.
Actúa por imitación, sin reflexión.
Es decir, la diferencia es que el pensamiento crítico lleva a una decisión informada y responsable, mientras que la falta de él hace que la persona se guíe solo por la presión social o la primera información que recibe.
Habilidades blandas: sorteando un mundo que requiere alta flexibilidad
Por Anael Torres/Psicóloga
Vivimos en un mundo donde se valora el éxito material por sobre muchas cosas y donde también se hace mucho énfasis en las competencias académicas, científicas y las relacionadas con los conocimientos y las pericias técnicas.
Sin embargo hay una serie de competencias que a la par de las habilidades cognitivas pueden condicionar el éxito en lo que se emprenda. Esas competencias son las llamadas habilidades blandas o soft skills.
Algunos las definen como la mentalidad o hábitos mentales. Se trata de una serie de competencias que se aprenden a lo largo de la vida y que permiten que colaboremos y nos relacionemos de manera exitosa con los demás.
Entre las más importantes están saber comunicar, negociar, colaborar, ser empático, tener autocontrol, tener capacidad para trabajar en equipo, la gestión del tiempo, la resolución de conflictos, la adaptabilidad, la creatividad, la proactividad, la resiliencia y la toma de decisiones. Estas habilidades nos permiten adaptarnos a situaciones nuevas, manejar las emociones y enfrentar los desafíos cotidianos.
Aunque no sean tan promocionadas como las habilidades duras, es decir las técnicas, académicas y científicas; se considera que son fundamentales para el éxito en todas las áreas de la vida. En el colegio ayudan a que los niños aprendan mejor, participen activamente en sus clases y puedan trabajar bien con sus pares. A nivel social les permiten sostener relaciones sanas, resolver adecuadamente los conflictos y adaptarse a diferentes espacios sociales. Y en lo laboral son actualmente muy demandadas pues permiten el trabajo en equipo, sostener liderazgos así como aumentar la innovación y productividad. Al respecto el Instituto de Investigación de Stanford y la Fundación Carnegie Mellon ha estimado que el 75% del éxito laboral se atribuye a las habilidades blandas. También se cree que en el futuro una tercera parte de las habilidades requeridas en ámbitos laborales serán de tipo social y que las soft skills serán competencias exigidas por encima de los conocimientos.
Las habilidades blandas se pueden entrenar desde la primera infancia y especialmente desde casa pues conllevan un tiempo importante de proceso. Algunos consejos para desarrollarlas es que los niños tengan la oportunidad de resolver situaciones diarias y que como padres les permitamos hacerlo. También se recomienda asignarles responsabilidades en casa de acuerdo a su edad para desarrollar la empatía. Se pueden realizar actividades y ser parte de grupos de voluntariado, bien social y autogestión, e incluir a los niños para que comprendan por qué es importante vincularnos en este tipo de espacios.
Es también importante incluir a los niños en situaciones a veces poco habituales como acudir a cursos y actividades recreativas diferentes que le permitirá desarrollar la capacidad de adaptarse.
Incentivar las habilidades y los procesos creativos de los niños también es de importancia; así como desarrollar la inteligencia emocional, es decir la gestión asertiva y adecuada de las emociones y sentimientos para afrontar los retos y desafíos que les presenta la vida.





