Tarija y la constitución de Bolivia
El territorio decidió por su libertad, pero acabó atrapada entre las exigencias de Salta y quienes preferían el Alto Perú
Cuando Bolivia se conformó en República el 6 de Agosto de 1825, Tarija llevaba al menos 16 años ejerciendo una independencia de facto, señala Miguel Molina, y probablemente más, pues la cuestión de Tarija está abierta casi desde su fundación y llegó a su cénit en 1807, cuando en un cabildo abierto donde los tarijeños se alzaron contra la administración de la Corona española exigiendo la separación de la intendencia de Potosí, pero tampoco acataron las exigencias de formar parte de la intendencia de Salta del Tucumán. El germen de la independencia ya estaba sembrado.
Aquello fue el resultado de una gestión de olvido sistemático excepto para las cuestiones de orden militar. “Tarija fue gobernada por sí misma en los 16 años de lucha independentista, es un absurdo que en Tarija se pongan efigies de Bolívar o de Sucre como sería absurdo que se pusieran de San Martín, de Artigas o de O’Higgins. Tarija fue territorio autónomo e independiente de las decisiones políticas y económicas tanto del Alto Perú como del Río de la Plata” señala Molina, quien además argumenta que las columnas militares tanto del Alto Perú como de las Provincias Unidas coordinaban con Tarija su participación para el uso de la fuerza en determinadas campañas. “En Suipacha, en Cotagaita, en el Alto Perú solo con algunos guerrilleros. Pero jamás en Tarija se puede considerar que se le debe el logro de la independencia a unos o a otros, porque luchó por sí misma”.
En aquellos años, Tarija, Potosí y el norte argentino ser habían convertido en una especie de último teatro de operaciones donde el Ejército Realista intentaba resistir a la espera de refuerzos que nunca llegaron por la situación en Europa. Las Provincias Unidas del Río de La Plata habían resuelto su vida independiente con el Congreso de Tucumán del 9 de julio de 1816.
Tarija se seguía resistiendo a someterse a Salta – aunque algunas fuentes discrepan de esta afirmación – por el impacto que habían generado algunas unidades de los ejércitos mandados desde Salta – según la historiadora Giovanna Maritza Delfín Pino – y por la posterior influencia del José María Pérez de Urdininea, uno de los militares bolivianos más olvidados de la historia y que alentó la independencia.
Urdininea, a principios de 1825, bajo el mando del gobernador salteño Juan Antonio Álvarez de Arenales, participó en una campaña al Alto Perú. Arenales lo envió como jefe de una avanzada, a enfrentar a Pedro Antonio Olañeta, pero éste murió en un enfrentamiento con sus subordinados, de modo que, una vez sin misión, se independizó de la autoridad de Arenales y continuó su camino hacia el norte, hasta recibir la rendición del último oficial realista de esa parte de América, José María Valdez. Posteriormente lo adoptó el mariscal Sucre – protagonista en la cuestión de Tarija -, e incluso le dejó el mando presidencial.
Poner orden
El 18 de febrero de 1825 Bolívar le comunicaba en carta a Santander que se dirigía al Alto Perú para “solucionar aquel caos de interés” que exigía absolutamente su presencia.
Antes, el 9 de febrero, Sucre había cruzado Desagüadero y convocado a los Altoperuanos a una Asamblea; así se lo comunicó a Bolívar quien calificó esta Resolución como ofensiva a los derechos del Río de la Plata.
Sucre sin embargo no perdió el tiempo y movilizó al General Francisco Burdett O'Connor, militar irlandés que se involucró como mercenario con mucho entusiasmo en las luchas independentistas de América. O’Connor tuvo la misión de expandir lo más posible el Alto Perú hacia el sur y hacia la costa, y así llegó a Tarija, llegó a Cobija – Puerto La Mar y retornó a Tarija donde se convirtió en el “alma de segregación del territorio tarijeño” de la República Argentina según Delfín Pino.
Apercibidos de la situación en el Alto Perú y los planes de Sucre, que había convocado Asamblea de las provincias para el 25 de mayo, el gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata decidió dar autonomía a las cuatro provincias altoperuanas, pero no así a Tarija, cuyo pleito se circunscribía a Salta, siendo el general Arenales el que trataba de imponer su autoridad en la región que, hacía mucho tiempo, había optado por su independencia.
En ese contexto surgió un movimiento autonomista liderado por Bernardo Trigo y Eustaquio Méndez, todo bajo el auspicio militar de O'Connor, que en realidad buscaba la incorporación al Alto Perú. Y aunque Bolívar ya había instruido dejar la cuestión e Tarija en las Provincias Unidas y Sucre había instruido a O’Connor no intervenir, en mayo O’Connor desplazó al gobernador nombrado pro Salta, Felipe Echazú, y designó a Bernardo Trigo que después propició la elección de representantes para la Asamblea del Alto Perú.
Las deliberaciones de Tarija, sin embargo, llegaron tarde, y Bolivia se constituyó sin la participación de Tarija, pues nunca había sido invitada como ente independiente. Arenales intentó restituir el control del territorio por parte de Salta, y finalmente, en octubre de 1825, con Bolivia ya fundada, una delegación argentina se presentó ante Bolívar, que estaba en Potosí, para explicar los reclamos sobre Tarija, a los que el Libertador accedió tras dos semanas de deliberaciones ignorando seguramente que la voluntad genuina del pueblo tarijeño había sido el de la independencia. El 27 de octubre el Libertador concluyó la reunión diciendo: “Señor Mariscal, es preciso que el Perú se desprenda de sus pretensiones sobre Tarija”[1]
La villa de Tarija fue entregada al delegado argentino teniente Ciriaco Díaz Vélez el 4 de febrero de 1826, pero el cabildo le pidió pronto su conformación como provincia autónoma. Arenales volvió a intervenir nombrando gobernador a Mariano Gordaliza y exigiendo la entrega total. Poco tiempo después sospechó de las intenciones de Eustaquio Méndez y un Burdet O’Connor apostado a las afueras, detuvo a Méndez y ordenó su remisión a Salta, lo que propició la rebelión de los montoneros, que destituyeron al gobernador, repusieron a Bernardo Trigo y declararon su adhesión a Bolivia el 26 de agosto de 1826
El 26 de septiembre recién fueron aceptados en Chuquisaca Gabino Ibáñez, José Fernando de Aguirre y José María de Aguirre como diputados y el 3 de octubre de 1826, el presidente Antonio José de Sucre, promulgó la ley boliviana que autorizó la incorporación de los diputados de Tarija al Congreso Constituyente de Bolivia. La Guerra del Brasil que libraban las Provincias Unidas contra el Imperio del Brasil facilitó la continuidad de la anexión de Tarija a Bolivia.
Hubo algunos coletazos: Los tarijeños José Felipe de Echazú y Domingo Arce viajaron en 1826 como representantes tarijeños ante el Congreso Constituyente Argentino que se celebraba en la ciudad de Buenos Aires y que aprobaría la Constitución Argentina de 1826, unitaria, y el 24 de noviembre de 1826 Tarija fue reconocida oficialmente como provincia dentro del territorio argentino, aunque nunca se llegó a operativizar como tal, al igual que la decisión original de los tarijeños de constituirse en forma independiente a la nueva vida libre del continente americano.
[1] Nueva revista de Buenos Aires. Pág. 48-49. Publicado por C. Casavalle, 1884.





