La picadura de una araña provocó que se carcomiera el brazo de Hugo
Los 24 perros de Hugo, el mecánico de Montecristo - Tarija
En los últimos meses, don Hugo ha compartido su tiempo entre su taller, la construcción de su vivienda solidaria y el cuidado de los canes. En total son 24 perros los que dependen de él, algunos callejeros o de dueños irresponsables que no los atienden, que llegaron hasta su puerta en busca de alime



Allá, en uno de los últimos rincones del barrio Montecristo de Tarija vive don Hugo. Una polvorienta calle por donde atraviesa el agua que se escurre de algunos domicilios por falta de alcantarillado, conduce a su casa, aquella que recién la terminará gracias el programa nacional de vivienda. Si en el último trayecto empiezan a aparecer perros, es la dirección correcta.
Unas tres cuadras antes de llegar a su domicilio los perros empiezan a salir de sus escondites como por arte de magia, menean la cola y rodean la motocicleta en la que va Maricruz, maestra de profesión y voluntaria que ayuda a alimentar a los canes callejeros de esa zona. Antes de bajarse empieza a despedazar el pan “caspita” que compró de una tienda del barrio San Bernardo. “Cuando lleguemos te darás cuenta de la clase de persona que es don Hugo”, comenta mientras vuelve a montar el vehículo de dos ruedas.
Es necesario esquivar una seguidilla de baches en el camino y donde éste ya termina se avizoran autos viejos y arruinados que sirven de sombra para los perros. De entre medio de arbustos sale don Hugo rodeado de sus “amigos” que empiezan a aullar y ponerse inquietos porque saben que llegó la hora de la comida.
Él viste unas zapatillas desvencijadas que dejan entrever parte de sus dedos del pie, tiene barba pronunciada y cabello largo, su ropa tiene manchas negras pues tiene el oficio de mecánico de autos. No puede exponerse al sol porque un día antes realizó un trabajo de soldadura que le dañó los ojos. Hace una década también tuvo otro problema, le picó una araña y provocó que su piel se carcomiera hasta quedar expuesto el hueso, pero esa es otra historia que luego marcó su vida junto a los canes.
En total, son 24 perros los que dependen de él, algunos callejeros o de dueños irresponsables que no los atienden y para saltear el hambre llegaron hasta la puerta de este mecánico que los reconoce a cada uno y los llama por el nombre que él les puso, a una le dice Holanda, otro es Nerón, Tony, Terry, Zorrillo, Scooby y así la lista continúa.
Recuerda que su madre aborrecía a los canes, pese a ello, cuando él tuvo 12 años de edad, le regalaron una perrita que recibió el nombre de Perla. Era de esas razas cazadoras que, por su destreza, llegó a ser querida y aceptada en la familia, en sí, por la mamá de Hugo.
Luego, tuvo otra perrita de raza pastor alemán que murió por viejita, logró llegar a los 22 años de edad el último día de vida. La camada de cachorros que tuvo fueron robados de la casa de Hugo, así se quedó sin ningún ejemplar, como sucedió en otros capítulos de su vida.
Cuando él estuvo internado en el Hospital Regional San Juan de Dios (HRSJD) porque le había picado una araña extraña que trajo a médicos de Brasil y Japón para estudiar su caso, los ladrones robaron varios objetos de valor de su vivienda que con tanto esfuerzo había conseguido comprar a lo largo de los años, en términos de don Hugo, los delincuentes “hicieron su América en su domicilio”.
A raíz de ello, otra vez aceptó que le regalasen una perrita, la cual tuvo otros cuatro cachorros, desde ese entonces empezó todo el apego con los canes, que no precisamente son porque él los haya conseguido, sino porque los animales se apegan a su casa en busca de comida. Incluso, dice que llegan perros callejeros que rondaban el mercado El Dorado, el cual queda a unos kilómetros de su vivienda.
28 perros fue la cantidad máxima que llegó a tener, cuatro murieron, tres por viejos y uno a raíz de que un vehículo lo chocó. Don Hugo los enterró para que no sean devorados por los buitres, también para que no contaminen el medio ambiente. En la actualidad comparte su vida con 24 canes.
Sus vecinos le han reclamado de todo y le sugirieron envenenar a los perros, pero él no quiere hacer eso y tampoco tiene corazón para botarlos. Todos los días se preocupa para que tengan alimento, les cocina arrocillo o sale a recoger desperdició de los restaurants o algunos mercados, también agradece la ayuda que le da Maricruz, quien le colabora alimentando a sus animales, como algunos clientes de su taller que en ocasiones le llevan comida o productos vencidos.
En los últimos meses don Hugo ha compartido su tiempo entre su taller, la construcción de su vivienda solidaria y el cuidado de los canes. Habla de la tenencia responsable de las mascotas. Como muestra de ello, dice que a todos los hace vacunar contra la rabia canina cuando llega la campaña de inmunización, aunque algunos se ponen ariscos, logra pillarlos para que reciban su dosis.
En la actualidad, no hay ladrón que se acerque a su casa, tiene a sus 24 guardianes, diferente a aquel tiempo cuando estaba internado en el hospital y entraron a robar a su vivienda. Recuerda que la picadura de una diminuta araña le provocó que sintiera como una especie de partículas de fuego en el brazo derecho, generando que su piel se secará y carcomiera. Asegura que su caso dio la vuelta al mundo mediante la Internet por un grupo de médicos. Estuvo cuatro meses en el nosocomio y otros ocho meses tardó en regenerarse su brazo. Ahora tiene extensas cicatrices pronunciadas.
El daño no solo fue en el brazo, también le atacó al riñón y los médicos le recomendaron someterse a hemodiálisis, pero don Hugo se negó a ello. Ahora dice que fue una buena decisión, porque está sano y sin molestia, haberlo hecho le lleva a imaginar que estaría en los últimos días de su vida.
Maricruz, quien hace más de un año colabora con la alimentación de estos canes, señala que pocas veces en su vida ha conocido personas tan solidarias como don Hugo, que no solo brinda alimentación a estos animales. Sino también un techo y compañía. Ella recorre tres veces a la semana la zona, casi siempre en pleno sol, asegura que muchas veces le ha pedido a Dios por don Hugo, que le dé más vida, pues sin él, muchos animales quedarían desamparados.
Hugo espera en unos días más finalizar la construcción de su casa, trabajar unos años más y luego envejecer junto a sus perros, aquellos que llegaron a su puerta en búsqueda de comida y terminaron quedándose y convirtiéndose en su familia.
HUGO Y LA CRIANZA DE PERROS EN TARIJA
Recolectando alimentos
No es necesario ser parte de alguna organización para ayudar. Cuando en ocasiones ella no puede ir a alimentar los canes, le genera preocupación y peso de conciencia. Ella colabora a don Hugo, a veces con pan, otras veces compra menudencia de las carnicerías para cocinar para los perros. Lleva más de un año en esa labor.
El brazo de Hugo
El brazo de Hugo quedó con pronunciadas cicatrices luego de la picadura de la araña, que según le explicaron, ese insecto habita en una determinada franja de varios continentes que, al parecer, reúnen las condiciones climáticas para su supervivencia. En el caso de Tarija, era común en la parte de La Victoria
Cuidado de canes
Sus vecinos le han reclamado de todo y le sugirieron envenenar a los perros, pero él no quiere hacer eso y tampoco tiene corazón para botarlos. Todos los días se preocupa para que tengan alimento, les cocina arrocillo o sale a recoger desperdicio de los restaurants o algunos mercados de la ciudad.