Es vital tocar la tierra

Existe una medicina gratuita que llevas contigo a todas partes: tus propios pies.

La tierra tiene una carga eléctrica constante. Y nuestro cuerpo también. Cuando ambos se tocan, algo se reordena por dentro, como cuando el río encuentra otra vez su cauce.

No es casualidad que después de caminar descalzo sobre pasto o arena te sientas más liviano, más claro, más presente. Es tu cuerpo reconociendo su origen.

Vivimos rodeados de suelas de goma, pisos de cemento, zapatos que nos alejan del contacto directo con la tierra. Y con eso, poco a poco, también nos alejamos de esa fuente de equilibrio.

No necesitas ceremonias complicadas ni saber palabras sagradas. Solo necesitas quitarte los zapatos y quedarte quieto un momento. El fuego que arde dentro de ti se aviva cuando la tierra lo alimenta desde abajo.

El agua que fluye en tus venas recuerda su origen. Y tú, hermano, hermana, recuerdas que no estás separado de nada de esto. Vienes de la tierra y a ella regresas cada día que la tocas.


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