De la escuadra a la plática: la geometría de la cotidianidad
¿Y si resulta que el secreto mejor guardado de nuestras charlas de café no es la complicidad, sino la geometría pura? Me lo cuestionaba el otro día cuando veía como, entre apurones, marchas y saludos en la esquina, nosotros medimos el mundo y nuestras propias vidas, con círculos viciosos de los que, a veces, nos da pereza salir.
¿Y qué decir de la política nacional, donde las leyes de la aritmética parecen doblegarse por completo ante la necesidad del discurso? No es raro escuchar en los noticieros nacionales promesas de crecimiento económico con "crecimiento cero" de la inflación, o promedios nacionales que ocultan la cruda realidad de nuestras regiones. Basta recordar aquella famosa y polémica frase del "50/50" en los debates sobre la coparticipación tributaria y los recursos, donde se blandían porcentajes absolutos como si repartir el país fuera una simple operación de división exacta sobre el papel, ignorando por completo la compleja topografía social y económica de Bolivia. Frente a los micrófonos, los números y las proporciones se convierten en una trampa retórica; nos prometen un equilibrio perfecto que desafía cualquier lógica, demostrando que en el ajedrez del poder, la verdad estadística suele ser la primera en ser sacrificada.
A estas alturas, las auténticas "cornadas" a la lengua como diría el gran Lázaro Carreter se han vuelto parte del paisaje cotidiano de nuestros medios y calles. ¿Quién no ha escuchado al comentarista de un medio de comunicación asegurar que un problema social es "infinito", cuando en realidad quiere decir que es sumamente complejo y grande, olvidando que en el mundo real lo infinito no cabe? O cuando calificamos de "redondo" un vaso o una mesa, ignorando que su perfil es simplemente circular, reservando la redondez tan solo para la absoluta simetría de una esfera. En la cotidianidad, el lenguaje popular abunda en estos pequeños deslices geométricos: usamos el "cero a la izquierda" para descalificar a alguien con una fría precisión matemática, o pedimos que nos den algo "al milímetro" cuando apenas calculamos a ojo de buen cubero.
¿De dónde surgen exactamente estas formas de medir el mundo con la lengua? A menudo lo sabemos por pura intuición, aunque en nuestras charlas cotidianas nos conformemos con hablar por aproximación y con un optimista "más o menos". Sin embargo, para quienes vivimos habitados por el rigor de los números, ese margen de duda no tiene cabida. Las matemáticas son una ciencia exacta donde las palabras no flotan a la deriva: se definen con precisión y se sostienen sobre demostraciones irrevocables.
¿Acaso no es el amor la más compleja y caprichosa de las construcciones geométricas? Aunque las personas se empeñen en ver en él un territorio ingobernable, lo cierto es que pasamos la vida entera intentando trazar sus coordenadas exactas en medio de nuestra geografía afectiva, hablamos de "medias naranjas" que buscan su simetría perfecta, de "paralelas" que se persiguen sin tocarse jamás por obra de un destino esquivo, o de dolorosos "círculos viciosos" de los que ninguna ecuación emocional parece capaz de sacarnos. Al final, la prueba más clara de que necesitamos de la geometría para intentar poner orden al desorden más hermoso de la vida.
Y si ampliamos la mirada más allá de las calles, descubrimos que esas formas geométricas no son solo un invento de las aulas, sino el lenguaje con el que está involucrada la propia naturaleza. En nuestros paisajes, basta con alzar los ojos hacia el altiplano para toparse con la forma casi perfecta de un cono volcánico, o adentrarse en los valles y la Amazonía para encontrar la arquitectura hexagonal de los panales y las espirales exactas de la vida silvestre. La naturaleza no improvisa, obedece a un diseño matemático impecable, recordándonos que las figuras con las que nombramos el mundo ya habitaban, mucho antes que nosotros, en las entrañas de la tierra.
Al final, usar la geometría en nuestro cotidiano vivir no es cuestión de sacar transportadores ni de resolver teoremas, sino de aceptar que nuestras vidas son, en esencia, un mapa que vamos trazando sobre la marcha. La próxima vez que digamos que estamos "atrapados en un callejón sin salida", que alguien nos sacó "de quicio" o que simplemente nos vemos "a la vuelta de la esquina", reconozcamos que las matemáticas están ahí, la geometría es apenas el pretexto para medir el tamaño de nuestros afectos, descifrar el caos del mundo y recordar que, siempre hay una línea recta esperando ser descubierta.
GABRIELA L. CHOQUE M.
Bibliografía
González Urbaneja, P. M. (2016, 4 de febrero). La geometría está muy presente en el lenguaje coloquial [Entrevista por A. D.]. La Tribuna de Albacete. https://www.latribunadealbacete.es/noticia/z963fbe04-0460-805c-4ad45711d24c7e60/201602/pedro-miguel-gonzalez-urbaneja-la-geometria-esta-muy-presente-en-el-lenguaje-coloquial.





