La ley y delito: Corrupción

Uno de los problemas más graves que enfrenta la comunidad boliviana es la corrupción, esparcida en varios diferentes ámbitos de nuestra estructura social. La corrupción caracterizada por el abuso de poder político, social, económico y hasta religioso, teniendo como propósito sustancial, obtener beneficios personales o privados, vulnerando las leyes y los principios éticos. Consiste en utilizar recursos públicos o influencias para el provecho propio en lugar del bien común, lo que destruye la confianza en las instituciones y frena el desarrollo económico. Al parecer pocos son los servidores públicos que hacen honor al cargo que desempeñan, han dejado atrás el juramento o el compromiso de cumplir y hacer cumplir la CPE y las leyes. Quedó eso sólo en los papeles (el acta de posesión).

La honestidad y la transparencia son los pilares éticos fundamentales de la Administración Pública, son la única garantía de eficiencia y eficacia en el manejo de la misma. Precautelar el manejo probo y transparente de los recursos, legitimar las instituciones públicas y asegurar que los servidores actúen para satisfacer el interés general, evitando cualquier beneficio o ventaja personal.

Los principios y valores ético morales establecidos en el Art. 8.1 de la CPE, no pueden ser sólo enunciados de adorno del Texto Fundamental: “El Estado asume y promueve como principios ético-morales de la sociedad plural: ama qhilla, ama llulla, ama suwa (no seas flojo, no seas mentiroso ni seas ladrón), suma qamaña (vivir bien), ñandereko (vida armoniosa), teko kavi (vida buena), ivi maraei (tierra sin mal) y qhapaj ñan (camino o vida noble), de los cuales sin desmerecer a los demás extraemos: Ama Sua: No seas ladrón (honestidad). Ama Llulla: No seas mentiroso (decir siempre la verdad). Ama Quella: No seas flojo u ocioso, sólo el trabajo dignifica nuestra calidad de homo sapiens; principios que regían la convivencia y el trabajo comunitario en el antiguo Imperio Inca (Tahuantinsuyo).

En ese orden los principios, son, guías, caminos, huellas a seguir, diseñan nuestra vida y nuestro comportamiento en un medio social, afincan nuestro presente y porvenir. Conllevan aspectos esenciales que implican Responsabilidad comunitaria Promueven el respeto por el bien ajeno (no robar) y la transparencia en la palabra (no mentir), base de la confianza en cualquier grupo humano; y Cultura del trabajo: Fomentando el esfuerzo colectivo y personal para el desarrollo de la sociedad, rechazando el ocio y la pereza. En apariencia quien no trabaja, no perjudica a los demás, pero el costo social de los que no trabajan es enorme. Al margen de lo estrictamente económico, el ocio engendra vagancia, mendicidad, vicios del alcohol, tabaco y drogas, ligados a otras lacras. 

Estos principios, dada su importancia e influencia fueron adoptados por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) como valores universales para una gestión pública eficiente, transparente y justa, enarbolados en la “CONVENCIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS CONTRA LA CORRUPCIÓN”, en cuyo prefacio sobresale: “La corrupción es una plaga insidiosa que tiene un amplio espectro de consecuencias corrosivas para la sociedad. Socava la democracia y el estado de derecho, da pie a violaciones de los derechos humanos, distorsiona los mercados, menoscaba la calidad de vida y permite el florecimiento de la delincuencia organizada, el terrorismo y otras amenazas a la seguridad humana. Este fenómeno maligno se da en todos los países —grandes y pequeños, ricos y pobres— pero sus efectos son especialmente devastadores en el mundo en desarrollo. La corrupción afecta infinitamente más a los pobres porque desvía los fondos destinados al desarrollo, socava la capacidad de los gobiernos de ofrecer servicios básicos, alimenta la desigualdad y la injusticia y desalienta la inversión y las ayudas extranjeras. La corrupción es un factor clave del bajo rendimiento y un obstáculo muy importante para el alivio de la pobreza y el desarrollo”.

Por su parte la CONVENCIÓN INTERAMERICANA DE LA LUCHA CONTRA LA CORRUPCIÓN en uno de sus Considerandos destaca: “que la democracia representativa, condición indispensable para la estabilidad, la paz y el desarrollo de la región, por su naturaleza, exige combatir toda forma de corrupción en el ejercicio de las funciones públicas, así como los actos de corrupción específicamente vinculados con tal ejercicio”

Lamentablemente, lejos de respaldar con nuestros actos nuestra democracia, muchos hechos referidos a presuntos hechos de corrupción, desde los anteriores gobiernos, alcanzando también al actual, se perfilan igual, como el caso “narco maletas”, donde presuntamente incluye a una ex legisladora, un juez, encargados del Aeropuerto de “El Alto”, policías y otros funcionarios; los bienes y otros vericuetos del tercer narcotraficante, más buscado por la DEA, los constantes asesinatos, incluido el de un Magistrado del Tribunal Agroambiental y “los ajuste de cuentas”; las denuncias de irregularidades por sobreprecios en la compra de la Gasolina Basura, Los hechos oscuros en el manejo de la YPFB y la Aduana Nacional, que derivó en un escándalo internacional de las “narco maderas”. La “malignidad” en el cierre de páginas en redes sociales de medios de difusión, nos alejan de esos propósitos ahora universales de LUCHA CONTRA LA CORRUPCION; y mientras tanto nuestra BOLIVIA, a la que todos decimos amarla, pero que hacemos muy poco para merecerla, seguiremos por los derroteros de nuestra mezquindad y miseria, no sólo económica, sino moral de situarnos en esos rankings como uno de los Campeones o subcampeones de la Corrupción o por lo menos muy cerca de esos deplorables lugares.


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