No se puede soñar Tarija desde la exclusión

Que Tarija se proponga soñar en grande siempre será una buena noticia. Iniciar un proceso que busque construir una visión compartida para el desarrollo del departamento es, sin duda, una iniciativa valiosa y necesaria. Es positivo que instituciones públicas, el sector empresarial y la brigada parlamentaria se sienten a dialogar en una cumbre, buscando “Hacer realidad los sueños de Tarija”.  Ese esfuerzo merece reconocimiento y respaldo de todos los tarijeños.

Sin embargo, toda iniciativa que aspire a llamarse “visión compartida” debe hacerse una pregunta incómoda. ¿Quiénes están sentados en la mesa y quiénes quedaron fuera?

A raíz de esta cumbre, me tomé el tiempo de consultar a distintos sectores de la sociedad civil. Grupos de mujeres, organizaciones de las diversidades sexuales y de género, colectivos de defensores y defensoras de derechos humanos, activistas ambientales y organizaciones sociales del área rural. La respuesta fue clara, no fueron convocados a esta cumbre.

Y entonces surge la inquietud. ¿Cómo podemos hablar de una visión común sobre los sueños de Tarija si el proceso no incorpora a poblaciones históricamente excluidas? ¿Cómo proyectar el futuro del departamento sin escuchar a las mujeres, a las diversidades, a las comunidades rurales, a quienes defienden el territorio y los bienes comunes?

Cuando revisamos la lista de invitados principales, vemos ministros, viceministros, autoridades nacionales, presidentes de entidades estatales y representantes empresariales. La presencia institucional es fuerte. Pero cabe preguntarse, ¿Dónde están las mujeres? No se puede construir democracia ni desarrollo sin ellas. La paridad no se agota en las elecciones ni en el 50-50 de las listas. La democracia también se construye en estos espacios de definición de agenda, de prioridades y de rumbo.

Se ha anunciado que uno de los ejes centrales de esta cumbre es la salud. Tarija atraviesa una situación preocupante, especialmente en relación con el VIH, con indicadores alarmantes entre las juventudes. Aun así, las personas que viven con VIH y las organizaciones que trabajan en prevención, acompañamiento y atención integral no fueron invitadas.

En el eje productivo, inevitablemente aparecería Tariquía. Pero tampoco se convocó a comunarios, a defensores, ni a activistas que llevan años trabajando por la protección de la reserva. Se habla del desarrollo del departamento sin escuchar a quienes habitan y defienden los territorios.

Esta no es una crítica a la voluntad política de impulsar el diálogo. Es una reflexión necesaria sobre el cómo. Porque no podemos construir una visión departamental desde la exclusión. No podemos hablar de sueños colectivos si algunos sectores solo son observadores, o peor aún, invisibles.

Si realmente queremos una Tarija con futuro, la participación no puede ser simbólica ni sectorizada. Debe ser amplia, diversa y representativa. Aún estamos a tiempo de corregir el rumbo y convertir esta iniciativa en un proceso verdaderamente democrático, donde nadie quede fuera y donde los sueños del departamento se construyan entre todas y todos.


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