Rodrigo Paz: Reformar en meses lo que la izquierda deformó en veinte años
El presidente electo de los bolivianos, Rodrigo Paz, enfrenta uno de los mayores desafíos de la historia contemporánea del país: aprobar en meses las reformas estructurales que la izquierda postergó por dos décadas. Su éxito o fracaso determinará si Bolivia logra recuperar la estabilidad macroeconómica o vuelve a caer en el ciclo de crisis, convulsión y populismo que ha marcado los últimos años.
Tras veinte años de un modelo social productivo, instaurado a partir de la Constitución de 2009, Bolivia heredó un Estado pesado, una economía estancada y una institucionalidad debilitada. Lo que alguna vez se presentó como un proyecto de inclusión y redistribución terminó derivando en un esquema de clientelismo, gasto desbordado y dependencia del gas, que hoy mantiene al país con reservas internacionales en mínimos históricos, un déficit fiscal de dos dígitos y una confianza erosionada en la moneda nacional.
Rodrigo Paz asume con la tarea urgente de restaurar la confianza interna y externa. En el corto plazo, deberá estabilizar el tipo de cambio, recuperar la credibilidad del Banco Central y dar señales claras de disciplina fiscal. Pero más allá de las medidas técnicas, lo que el país necesita es un cambio de rumbo político y moral: pasar del asistencialismo al esfuerzo productivo, de la confrontación ideológica al pacto nacional por el desarrollo.
El nuevo gobierno no tiene tiempo que perder. Los primeros seis meses serán decisivos para marcar el ritmo de la transformación. Las reformas deben apuntar a liberar la iniciativa privada, abrir el país a la inversión extranjera, reducir la burocracia estatal y revisar la estructura tributaria para que producir en Bolivia vuelva a ser rentable.No hacerlo significará condenar al país a un nuevo ciclo de frustración y desencanto social.
El pueblo boliviano ha depositado su esperanza en un liderazgo que promete eficiencia, transparencia y equilibrio. Pero la luna de miel política será breve: la población exigirá resultados tangibles en la economía familiar, en la generación de empleo y en la estabilidad de los precios.
Rodrigo Paz deberá combinar visión reformista con pragmatismo político, porque las resistencias del viejo modelo seguirán activas en las calles, los sindicatos y el Parlamento.
Bolivia necesita certezas.
Si el nuevo gobierno logra ejecutar en meses lo que la izquierda deformó en veinte años, habrá iniciado un nuevo ciclo histórico: el del progreso basado en el trabajo, la libertad y la institucionalidad. De lo contrario, el país podría volver al abismo del que apenas está intentando salir


