El “fraude” como vocación
1. Pese al incuestionable resultado de la votación (diez puntos y más de 600 mil votos de diferencia), la noche del 19 de octubre los derrotados cantaron “fraude”. Es de manual. No conciben ni toleran que haya vida, y decisión autónoma, más allá de sus burbujas.
2. Esta vez fueron los extremistas del tutismo, agitando falacias y mitos: hubo apagón, se cayó el sistema, alteraron actas, se falsearon datos (ufa). Solo faltó que, como en 2019, declararan “fraude monumental” y corrieran a quemar tribunales electorales con venia policial.
3. Los siguientes días se autoconvocaron y marcharon en cinco ciudades. Estaban muy enojados, convencidos de que los masistas/laristas les habían “robado la elección”. No lo iban a permitir.
4. En lugar de asumir una posición pronta y clara, el mismo Tuto fue sinuoso: tardó esa noche en reconocer el “escrutinio provisorio”, poniéndolo bajo sospecha; luego hizo el papelón de pedir por carta al TSE las hojas de trabajo; y se tomó tres días para aceptar finalmente que “Rodrigo es el presidente electo”.
5. Lo de Tuto no es nuevo y puede resultar hasta anecdótico. En 2014 prometió que comería su reloj si Evo superaba el 60 por ciento. Seguimos esperando. Lo que preocupa en serio son estos narradores del “fraude”, en especial jóvenes. Además de impugnar el resultado, expresaban con rabia un discurso autoritario, racista, antisistema.
6. Algunos medios, desubicados, buscaron legitimarlos: “la Gen Z despierta en Bolivia” (sic). ¿En serio? Si esa es la Generación Z, no gracias.
7. Hoy los abanderados del “fraude” están replegados (seguramente en sus trincheras en las redes sociales), pero muchos mostraron que son potenciales antiderechos: más cerca del fascismo que de la democracia.


