El Mutirão, la Amazonia, la Meta global de adaptación y Bolivia ¿una oportunidad más para la humanidad en la COP 30?

Mutirão

Al momento de lanzarse la convocatoria a la trigésima Conferencia de las Partes (COP 30) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) a realizarse este fin de año en Belem do Pará - Brasil, el Gobierno de Lula decidió nombrarla como mutirão ("Motirõ" en tupí-guaraní)que significa una comunidad unida en una tarea compartida (esfuerzo conjunto), como un principio fundamental de la conferencia.

El lema, aunque aparentemente simple, encierra una potente narrativa y se vincula profundamente con la esencia de la propuesta brasileña para albergar y liderar esta conferencia climática crucial.Mutirão, entendido también como "Juntos en la acción" transmite dos mensajes como: a) Unidad y Colaboración ("Juntos"),como un llamado explícito a superar las divisiones Norte-Sur, entre países desarrollados vs. Países en desarrollo, que históricamente han dificultado las negociaciones climáticas. Transmite que la crisis climática es un problema global que solo puede resolverse con una respuesta colectiva y solidaria; y b) Urgencia y Pragmatismo ("acción"): como crítica a la lentitud de la implementación y a la brecha entre las promesas y la acción real que se ha dado desde la instauración de la CMNUCC. El mensaje resulta explicito en sentido de que se acabó el tiempo de solo hacer declaraciones; ahora es el momento de actuar de manera concreta, decisiva y coordinada.

La ironía radica en que esta búsqueda de unidad hoy es más difícil que nunca en momentos en que la humanidad atraviesa por un proceso de divergencias a todo nivel (guerras comerciales, guerras bélicas, desconocimiento de organismos multilaterales), con intereses económicos y políticos que contravienen la búsqueda de esta acción unida para de una vez terminar de implementar el Acuerdo de Paris suscrito hace 10 años atrás y que hoy necesita más que nunca alcanzar las metas trazadas e impedir que sobrepase el umbral de 1.5°C de incremento en la temperatura media global, que se considera la antesala a los “tipping points” o puntos de inflexión o de no retorno que llevaría a la humanidad a escenarios de total incertidumbre.

Es necesario contextualizar que en el camino hacia la COP 30 de noviembre dos importantes reuniones previas fueron desarrolladas y que marcan el escenario en el cual se moverá la COP 30 y fueron la reunión de New York y la reunión Ministerialen Brasilia, en septiembre y octubre, respectivamente.

La primera sirvió para reforzar la necesidad que los países, especialmente los desarrollados, la Unión Europea, China y la India, anuncien sus nuevas metas a través de sus NDCs (Contribuciones Nacionalmente Determinadas), ya que las propuestas actuales de los países apenas alcanzan a reducir un 2,6% de las emisiones mundiales para 2030, respecto a 2019, lejos del 43% necesario para limitar el calentamiento global (ONU 2025), sumándose a ello el hecho de que el país que históricamente fue el principal causante del cambio climático decidió tirar por la borda sus compromisos. Asimismo, se discutió el objetivo de incrementar el financiamiento climático para los países en desarrollo con relación a la hoja de ruta de Bakú a Belem por 1.3 billones de dólares para la adaptación climática y establecer más recursos para el Fondo de Daños y Pérdidas que aun sólo tiene comprometidos 789 millones de dólares.

Porsu lado, la reunión de Brasilia denominada como Pre-COP30 congregó delegaciones de 67 países en la última gran cita preparatoria antes de la COP30 con cerca de 500 representantes de países y de organizaciones internacionales. Se volvió a señalar que el tiempo de las promesas terminó y los países deben asumir compromisos tangibles en la lucha contra el cambio climático; se denunció que sólo 62 países de 196 miembros de la CMNUCC habían presentado sus nuevos compromisos. El secretario ejecutivo de la ONU para el Cambio Climático, Simon Stiell, advirtió que las NDC "son el talón de Aquiles del sistema climático" y llamó a los negociadores para elevar la ambición y garantizar la implementación".

Lo relevante de la reunión fue el posicionamiento de la ministra de Medio Ambiente de Brasil, Marina Silva, que enfatizó que la reunión de Belém debe centrarse en la "implementación" y dejar atrás "los discursos" para dar paso a "acciones concretas", asimismo remarcó que la financiación para la preservación combate a la deforestación y restauración forestal, es necesario.Brasil busca que el mundo vea la Amazonía no sólo como un lugar que necesita protección, sino como un lugar de soluciones, de ciencia, de cultura y de esperanza. La ministra argumentó que la Amazonía es un símbolo vivo donde la conexión entre las tres convenciones —Biodiversidad, Cambio Climático y Desertificación— es evidente, mostrando cómo están entrelazadas en sus desafíos y en las soluciones sinérgicas que engloba.

Algo remarcable de la reunión en Brasilia fue el consenso alcanzado sobre combustibles sostenibles para que en Belem se adopte un compromiso global para cuadruplicar la producción de combustibles sustentables para 2035.

De ambas reuniones se puede concluir la existencia aun de unabrecha significativa entre la urgencia climática y la acción política concreta. La presión brasileña por elevar la ambición y pasar de las promesas a los hechos se topó con la realidad de que la mayoría de los países aún no ha actualizado sus compromisos. El único consenso tangible alcanzado parece ser la propuesta sobre combustibles sostenibles, pero los temas críticos de financiamiento y metas de emisiones quedaron sin resolver y se pateó el tablero para el acto central en Belem.

La amazonia

Queda evidente que la aspiración de alcanzar el mutirão estaría muy lejana, salvo decisiones y acuerdos de último momento que Brasil pueda lograr negociar particularmente con relación a su propuesta delFondo de Bosques Tropicales para Siempre (TFFF), que permitiría realizar pagos a países que garanticen la conservación de bosques tropicales, beneficiando a más de 70 países en desarrollo; la propuesta consiste en captar recursos de países inversionistas y del mercado privado mediante la emisión de deuda (bonos) de bajo riesgo a bajas tasas de interés, reinvirtiéndolos en un portafolio con mayor tasa de retorno, destinando el diferencial a países que protejan sus bosques tropicales en proporción al área preservada.

Brasil busca reunir hasta noviembre 25 mil millones de dólares en capital inicial de países inversionistas, que funcionará como atractivo para apalancar capital del sector privado hasta alcanzar 125 mil millones de dólares para invertir en conservación de bosques tropicales. Las proyecciones apuntan a que el mecanismo debe viabilizar 4 mil millones de dólares anuales para la preservación ambiental, representando casi el triple del volumen aplicado globalmente hoy en la protección de bosques tropicales. Una de las reglas previstas es que el 20% del valor transferido a cada nación con bosques tropicales debe destinarse a las poblaciones indígenas y comunidades locales.

Brasil intentará seguramente que este Fondo sea “el logro” a alcanzar, toda vez que los países anfitriones de las COP siempre tratan de conseguir algún acuerdo internacional de renombre y en este caso el Fondo podría ser el gran catalizador para proteger la amazonia, el pulmón y bioma más importante del planeta y de esta manera lograr alcanzar la estrategia que su presidente Lula está promoviendo a través de una bioeconomía en el bosque amazónico que proteja la biodiversidad y ayude a los pueblos indígenas, buscando una economía ecológicamente intacta, rentable, neutral en carbono y respetuosa con sus numerosos habitantes.

Seguramente Bolivia, siempre que participe en la COP 30, intentará adscribirse a esta iniciativa, toda vez que en la ultima reunión de la OTCA (2023), precisamente realizada en Belem do Pará, el país no firmó un compromiso internacional de protección de la amazonia, donde varios jefes de Estado lanzaron una nueva agenda común basada en protección del bioma, desarrollo sostenible con inclusión social, valorización de ciencia y tecnología, estímulo a la bioeconomía, y reconocimiento del protagonismo de los pueblos indígenas.Es de hacer notar también que, en agosto de 2025, la V Cumbre de presidentes de la OTCA en Bogotáincluyó una declaración de apoyo a la iniciativa brasileña del Fondo Bosques Tropicales para Siempre.

Meta global de adaptación climática

Un elemento sustantivo que tiene como reto la COP 30 es el aprobar la Meta Global de Adaptación (GGA) crucial para el éxito de la COP 30. De hecho, para muchos países en desarrollo, es incluso más importante que los temas de mitigación. El reto está en convertir la ambición de "aumentar la capacidad de adaptación" en metas medibles y con plazos definidos. El marco de la GGA debe ir indisolublemente ligado a compromisos de financiamiento específicos para su implementación, de lo contrario, será un documento de buenas intenciones. La adaptación es local y por tanto el marco debe reconocer y canalizar apoyo hacia las soluciones basadas en comunidades indígenas y locales, algo que Brasil, como anfitrión amazónico, puede destacar poderosamente.

El tema del financiamiento para la adaptación tiene enfrentados a los grupos de países puesto que mucho países desarrollados desean imponer medidas e indicadores por resultados como condición para optar a financiamiento, otros como los países de la UE desean incorporar al sector privado en todo el proceso, sin reglas muy claras, otros desean que los países insulares y exclusivamente los menos adelantados sean los beneficiarios de los recursos a lo que se oponen otros países en vías de desarrollo que se sienten también damnificados del cambio climático como el nuestro.Bolivia estos últimos años mantuvo una posición de dura exigencia para que los países desarrollados apoyen financieramente en la formulación e implementación de los planes nacionales de adaptación de los países en desarrollo, sin ningún tipo de concesiones.

La negociación también se centrará en el conjunto de indicadores que servirán de control de la GGA a partir de métricas de alto nivel agrupadas en temas clave (por ejemplo Agua, Alimentación, Salud, Infraestructura, Ecosistemas). Así como los procesos de reporte por parte de los países y los mecanismos de evaluación.

Todos los ojos estarán puestos en Brasil como una última esperanza de salvar el planeta del cambio climático, de que los verdaderos responsables de la crisis climática asuman sus compromisos efectivamente, que los países como el nuestro que está y estará afectado por el cambio climático, pueda alcanzar posicionamientos que le permitan contar con financiamiento tanto para proteger la Amazonía, sin aceptar incentivos perversos, y que los recursos para la adaptación al cambio climático contribuyan para enfrentar los impactos del cambio climático. En síntesis, esperamos que el mutirão sea una realidad.


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