¿Trump busca el descalabro del Acuerdo de París?

A poco de cumplirse, en noviembre 2025, los 10 años del más importante Acuerdo Climático logrado hasta ahora, denominado el Acuerdo de Paris (AP), el cual será conmemorado en Belem do Pará (Brasil) en noviembre próximo. Este es un año clave para la acción climática global, ya que se constituye en la fecha límite para alcanzar el pico de emisiones globales y mantener los objetivos de París al alcance.

 La Conferencia de las Partes número 30 en Brasil (COP30) es, además, icónica porque se plantearán y definirán las acciones para que los países dimensionen los mecanismos que les permitan alcanzar sus medidas de adaptación al cambio climático y, fundamentalmente, aprobar el mecanismo financiero. Sin embargo, las políticas y acciones del presidente norteamericano, Donald Trump, parecen, entre otras cosas, apuntar al descalabro de dicho Acuerdo.

Se vive un momento, a escala mundial, en el que las "amenazas" del presidente Trump, que directamente apuntan a generar un clima de antesala a una tercera guerra mundial, apoyando las despiadadas acciones israelís en Gaza e Irán, provocando tensiones militares contra los Huties en Yemen y removiendo el avispero de la guerra en el Asia y además rearmando el conflicto ruso-ucraniano presionando a los países de la OTAN para que desvíen sus recursos para provocar un armamentismo descomunal.

 A ello se suma, al mejor estilo de "amo del mundo", la imposición de aranceles a casi todos los países del mundo y con mayor énfasis a aquellos que no comulgan sus políticas, con la intención no de justicia sino de cerrar el enorme boquete generado por su deuda interna y que deben, según él, pagar todos los países.

Sin embargo, indirectamente las intenciones de todo este accionar provoca que los países invisibilicen sus prioridades económicas para el cumplimiento climático del AP. Trump, no conforme con su rechazo, retiró a Estados Unidos de los compromisos suscritos por su país bajo el AP, ahora lo torpedea y pone en riesgo la búsqueda de 1.3 trillones de dólares anuales que se requieren para la acción climática para reducir emisiones de gases de efecto invernadero y adaptarse a los impactos climáticos. Los países en desarrollo y menos adelantados somos los damnificados de la actual crisis climática generada históricamente, entre otros, principalmente por los Estados Unidos.

Trump no se conmueve con los recientes eventos climáticos extremos que se dieron en su país, como las inundaciones en Texas, los incendios forestales en California o las olas de calor extremo que se vivieron en 2024 y que actualmente se repiten. Inclusive se desborda retóricamente con la intención de no subvencionar más a su "amigo" Elon Musk en la fabricación de vehículos eléctricos, todo por las rencillas e intereses empresariales y se conoce que similar actitud impone para las energías limpias.

Un elemento no menor es aquel por el cual Trump sanciona a Brasil, en el año de la COP 30, particularmente al presidente Lula Da Silva, con 50% de aranceles, en su afán de defender a Jair Bolsonaro, otro negador del cambio climático, que implemento en su gestión presidencial acciones para deforestar la amazonia y beneficiar a los grandes empresarios ecocidas.

En este escenario de presión económica sobre los países por parte de Trump, la pregunta es sí podrán éstos cumplir con sus Compromisos Nacionalmente Determinados (NDCs por sus siglas en inglés) bajo el AP, tanto para la mitigación de gases invernadero como para la adaptación al cambio climático, ya que la necesidad de recursos económicos es trascendental para que se fluya hacia una transición justa.

Todo  indica que se debe identificar actores claves para no permitir que el AP termine herido de gravedad y con las tensiones en aumento, por lo que la relación entre la UE y China está en el punto de mira como un ancla potencial para el impulso climático global. Hay mucho en juego para el progreso climático y, como dos de las mayores economías del mundo y líderes en tecnologías limpias, la UE y China son fundamentales para definir el progreso climático global.

China y la UE no cumplieron con el plazo de febrero para entregar a Naciones Unidas sus nuevos objetivos nacionales de lucha contra el cambio climático, los cuales deben detallar cuánto reducirá cada país sus emisiones de gases de efecto invernadero para 2035 y servirán para evaluar el avance global en la prevención de niveles catastróficos de calentamiento.  Se conoce que ambos están trabajando en sus nuevos objetivos a nivel de NDCs de cara a la cumbre climática de noviembre.

Con la COP30 a la vuelta de la esquina y el multilateralismo bajo presión, la Cumbre entre la UE y China, prevista para fines de este mes en Beijín y en Anhui, es una oportunidad para reactivar el impulso hacia  2030 con la limitación de la elevación de la temperatura global en 1.5°C. Un impulso renovado de esta iniciativa podría restaurar la confianza, generar un impacto real y construir una transición global más resiliente e inclusiva y frenar la arremetida “Trumpista”.


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