El desafío Paz-Lara: entre el mercado y la esperanza de un nuevo rumbo económico

Rodrigo Paz y su binomio llegan al poder en un momento económico delicado: tras una campaña que prometió un “capitalismo para todos”, reformas estructurales y mano dura contra la corrupción, el país enfrenta alta inflación, escasez de divisas y una ciudadanía cansada de dos décadas de políticas del MAS. La victoria de Paz marca un giro político importante que abre espacio para reformas pero también plantea riesgos macroeconómicos inmediatos.

En campaña, el nuevo gobierno propuso medidas heterogéneas: flexibilizar el tipo de cambio, reducir subsidios energéticos, recortar cierta inversión pública, impulsar crédito y acceso para pymes, recobrar confianza mediante políticas promercado y, en palabras recurrentes del equipo, “hacer que el mercado funcione para la mayoría”. El binomio también puso énfasis en la lucha anticorrupción y en un discurso de descentralización. Algunas propuestas concretas —como revisar el rol de la Aduana y recortar aranceles— fueron explícitas y generaron debate.

Desde un punto de vista macroeconómico las prioridades claras son tres: estabilidad macro (inflación y tipo de cambio), liquidez externa (reserva y acceso a dólares) y sostenibilidad fiscal. La eliminación o flexibilización de controles cambiarios y subsidios puede mejorar la asignación de recursos y atraer inversión, pero si se aplica de forma abrupta puede detonar una devaluación rápida, alimentar la inflación importada y reducir el poder adquisitivo. Por ello la transición debe ser calibrada: señales de mercado acompañadas de anclas institucionales (metas de inflación claras y comunicación transparente).

En el frente fiscal, recortar gasto sin medidas compensatorias (mejor recaudación, eliminación de exenciones ineficientes) podría aumentar el desempleo y la pobreza en el corto plazo. Políticas pro-crecimiento —créditos para pymes, simplificación administrativa— tardan en materializarse; mientras tanto será necesario proteger a los hogares más vulnerables con transferencias focalizadas para mantener la estabilidad social. El reto es combinar disciplina fiscal con un escudo social temporal que evite protestas que paralicen la economía.

Externamente, Bolivia necesita restablecer confianza en los mercados de capital y en socios comerciales. Un programa creíble de corto plazo para restaurar reservas (negociación con multilaterales, ordenar pagos, atraer inversión directa) será decisivo para evitar las restricciones en importaciones que ya afectaron a la producción. La falta de una mayoría parlamentaria clara amplifica la incertidumbre: reformas ambiciosas requerirán negociación política y compromisos que moderarán el ritmo de los cambios.

Conclusión: el gobierno de Paz tiene una ventana para corregir desequilibrios heredados, pero el éxito dependerá de la transición —gradual y comunicada— entre mercado y protección social, del manejo prudente del tipo de cambio y de la capacidad para restaurar reservas y construir acuerdos legislativos. Un enfoque técnico, transparente y socialmente sensible reducirá el riesgo de shock y aumentará la probabilidad de una recuperación inclusiva.

 

*es Economista


Más del autor