Bolivia: cuando la economía camina con fiebre
Lo que el Banco Mundial acaba de anunciar no es un dato técnico más, sino el diagnóstico de una enfermedad que el país ya venía sintiendo desde hace tiempo: estanflación.
Bolivia registra crecimiento negativo y una inflación superior al 20%. Es decir, no hay expansión productiva, pero los precios suben con fuerza. La economía está inmóvil y, al mismo tiempo, ardiendo.
La estanflación es un fenómeno que mezcla lo peor de dos mundos: la parálisis de la recesión y el descontrol de la inflación. Es como si el paciente estuviera en reposo forzado, pero con la temperatura disparada. Ninguna medicina tradicional parece servirle, y cada intento de tratamiento agrava otro síntoma.
En el caso boliviano, los signos son claros: una escasez creciente de dólares, subsidios insostenibles, dependencia del gasto público y un aparato productivo agotado. El país ha estado viviendo de los restos de un modelo que alguna vez funcionó, pero que hoy se sostiene sobre parches fiscales y expectativas cada vez más frágiles.
Los precios aumentan no por exceso de consumo, sino por escasez y desconfianza. Los productos llegan con sobrecosto, el combustible se raciona, el dólar se esconde y las inversiones se detienen. Mientras tanto, la respuesta estatal es predecible: negar el problema, culpar a factores externos o recurrir a medidas de corto aliento que solo posponen la crisis.
Lo paradójico es que, según cualquier observador atento, la estanflación en Bolivia no comienza hoy. Llevamos más de un año dentro de ella. Los indicadores oficiales lo disimulan, pero la vida cotidiana no miente: salarios que ya no alcanzan, créditos más caros, ahorro en dólares inalcanzable, mercados que ajustan precios cada semana y una producción que apenas sobrevive.
En el lenguaje de la calle, la gente ya entendió lo que los informes recién confirman: todo cuesta más y nada mejora. El crecimiento desapareció sin aviso, y el optimismo económico se volvió un bien escaso.
La economía boliviana camina con fiebre desde hace tiempo. Y aunque el termómetro recién haya sido mostrado por el Banco Mundial, el malestar se siente en cada familia, en cada negocio y en cada mercado del país.
La verdadera pregunta ahora no es cuándo empezó la estanflación, sino cuánto tiempo más vamos a seguir fingiendo que no está aquí.


