Debate sobre el debate
1. Luego de un malogrado e inútil “debate sobre el debate”, finalmente tendremos este domingo el esperado encuentro entre los candidatos a la vicepresidencia. Hay que celebrarlo. La democracia, en esencia, es deliberativa.
2. Se ha sumado también la posibilidad cierta de un debate “alternativo”, en otra casa, distinta lógica. Un espacio con voces e interpelaciones diferentes. No está mal.
3. A reserva del espectáculo que nos espera en el evento oficial del TSE, queda en agenda la discusión crítica sobre las condiciones del debate electoral. ¿Quiénes lo organizan? ¿Dónde? ¿Con qué moderadores? ¿Cómo se definen los temas y las preguntas? No son cuestiones de forma, sino sustantivas.
4. La premisa es preservar con pulcritud algunos principios. El debate, por definición, es público. Por ello no puede delegarse (a empresas, corporaciones, intereses particulares) ni menos privatizarse.
5. Es imprescindible también garantizar la equidistancia respecto a las opciones políticas en competencia. Ello implica evitar anfitriones con sesgo o camiseta y despejar cualquier posibilidad/sensación de cancha inclinada. No basta ser neutral: hay que parecerlo.
6. Está por hacerse una norma que establezca la obligatoriedad del debate electoral, organizado por el OEP en condiciones plenas de igualdad y pluralismo. El centro no son los actores políticos, ni los medios de comunicación, ni la institucionalidad electoral, sino el derecho ciudadano a una participación informada.
7. Es necesario multiplicar espacios deliberativos más allá de las pantallas. Hay que cuidar la conversación pública en democracia.


