Autonomía y más mujeres en cargos ejecutivos
¿Por qué Bolivia tiene tan pocas alcaldesas y ninguna gobernadora electa?
A más de cuatro décadas del retorno a la democracia, Bolivia ha dado pasos importantes hacia la inclusión de mujeres en la política. Sin embargo, en los espacios de decisión ejecutiva —alcaldías y gobernaciones— los datos muestran una realidad persistente: las mujeres continúan siendo una excepción. En la actualidad, de los 339 municipios del país, apenas unas 24 mujeres ejercen como alcaldesas, lo que representa un 7% del total. En el ámbito departamental, Bolivia aún no ha tenido una sola gobernadora elegida por voto popular. Las únicas experiencias han sido designaciones interinas, como en los casos de Cochabamba y Santa Cruz, sin continuidad institucional.
Este fenómeno no responde únicamente a una cuestión de representación simbólica o de justicia de género, sino que revela dinámicas políticas complejas sobre cómo se estructura el acceso al poder en el país. En Bolivia, las alcaldías y las gobernaciones no solo exigen respaldo electoral; requieren una arquitectura de alianzas, recursos, estructuras partidarias y redes territoriales que no siempre están al alcance de las candidatas mujeres, especialmente cuando las cúpulas partidarias se organizan con lógicas eminentemente estratégicas y competitivas.
Los partidos políticos priorizan perfiles que aseguren gobernabilidad, arrastre electoral y control territorial. En este contexto, muchas mujeres líderes, con experiencia probada en la gestión pública o en liderazgos sectoriales, enfrentan barreras más ligadas a la viabilidad electoral que a su capacidad. No se trata de falta de talento ni de voluntad, sino de la necesidad de construir candidaturas sostenibles en escenarios altamente competitivos y fragmentados, donde los liderazgos femeninos muchas veces no cuentan con las mismas redes, recursos o visibilidad que sus pares varones.
No obstante, esta situación también abre un campo fértil de oportunidades. En los últimos años ha emergido una nueva generación de mujeres con vocación de servicio, formación técnica y experiencia en gestión pública que pueden comenzar a disputar con fuerza los espacios ejecutivos. Algunas ya ocupan cargos importantes como concejalas, asambleístas o presidentas de concejos municipales, y están desarrollando una trayectoria que, con el tiempo, puede traducirse en candidaturas ejecutivas sólidas.
La clave está en generar condiciones reales para que esas trayectorias políticas evolucionen. Se requiere fortalecer mecanismos de apoyo desde los propios partidos, garantizar el acceso a formación política con enfoque en gestión ejecutiva, y promover la circulación de liderazgos femeninos en espacios estratégicos como direcciones de proyectos, secretarías municipales y coordinación de programas. Allí se juega buena parte de la carrera hacia una alcaldía o una gobernación.
El desafío, por tanto, no es simplemente incrementar el número de alcaldesas o tener una primera gobernadora electa. El desafío es lograr que más mujeres puedan llegar a estos cargos como resultado de una carrera política sólida, con respaldo ciudadano, y con capacidad de construir gobernabilidad. Bolivia no necesita una corrección de cifras, necesita una transformación en la concepción del liderazgo político local, donde el acceso a la gestión territorial esté vinculado al mérito, al trabajo, y también al compromiso con una política más abierta y plural.
Si en los próximos años se consolidan estos procesos, y si los partidos logran ver en las mujeres una oportunidad de renovación y eficacia política, el país estará más cerca de contar no solo con más mujeres en el poder, sino con mejores gestoras públicas, capaces de transformar la política desde la experiencia, la cercanía con el territorio y la capacidad de hacer. Porque, más allá de cuotas o porcentajes, lo que está en juego es la calidad de nuestra democracia.
*Licenciada en derecho especializada en Derecho Autonómico; exasambleísta y actual secretaria de Desarrollo Humano de la Gobernación de Tarija


