Un pedacito del mundo de un estudiante con discapacidad intelectual grave
Mi día empieza muy temprano, me alisto según mis posibilidades; a veces me pongo la ropa al revés, pero lograrlo es un gran paso para mí.
Espero el transporte escolar fuera de mi casa y saludo con mucho entusiasmo a todas las personas que conozco.
Llego feliz a mi Centro de Educación Especial, donde sé que me espera un delicioso desayuno. Posteriormente voy a mi aula con mi maestra, ella me apoya en mi aseo personal, trato de lavarme la cara y los dientes, pero hay días en los que no me dan ganas, cuando eso pasa ella pone una de mis canciones favoritas y baila conmigo para animarme ¡Por cierto se ve muy graciosa!
Realizo mis tareas con mucho apoyo, porque para mí es muy complicado concentrarme ya que me distraigo con facilidad.
En el recreo me encanta ir a la cancha y correr lo más rápido que puedo, imaginando que soy un atleta de competencia y es más divertido cuando mis amigos me acompañan.
Luego, salimos al jardín, tomo mi regadera, mi sombrero y riego las rosas para que se vean bonitas.
Después de un rico almuerzo, espero el transporte y me voy a casa, con muchas ganas de volver al día siguiente.


