Autopsia: Las “cámaras de desinfección” y el Covid-19
Enfrentarse a lo desconocido, crea algo de ansiedad (por decir lo menos) aún en los más parcos. La incertidumbre, el temor, las preguntas sin respuestas…están a flor de piel ante la pandemia. Desde que se desató oficialmente esta emergencia, que puso a todo el mundo de cabeza, han...
Enfrentarse a lo desconocido, crea algo de ansiedad (por decir lo menos) aún en los más parcos. La incertidumbre, el temor, las preguntas sin respuestas…están a flor de piel ante la pandemia. Desde que se desató oficialmente esta emergencia, que puso a todo el mundo de cabeza, han transcurrido apenas un poco más de 3 meses y todos, incluidos los científicos más reconocidos, estamos en un proceso de aprendizaje continuo y a una velocidad inimaginable.
Se identificó el virus, se conoce su genoma, se tiene ubicado con asombrosa precisión el lugar donde se gestó este desastre (aunque aún falta transparentar lo que realmente ocurrió), se sabe cómo se contagia, cada día se describe con mayor detalle lo que produce en los diferentes órganos de las personas que tienen la desgracia de contraer la enfermedad; se ha determinado con bastante exactitud la proporción de pacientes con síntomas y aquellos que, pese a estar infectados, se mantienen asintomáticos.
Se tienen también las pruebas para el diagnóstico. Se habla de los fármacos que pueden ser útiles para el tratamiento, todos aún con resultados por evaluar. Se sabe que las mejores medidas para evitar la propagación de la enfermedad son el aislamiento físico y el lavado frecuente de manos con agua y jabón por al menos 20 segundos.
Ante esta situación de espanto que vivimos, es natural que se desarrollen iniciativas que pretendan ayudar. Iniciativas que procuran evitar el contagio de los nuestros y también de los otros; porque si algo nos está enseñando con tremendo dolor esta pandemia es que no podemos “salvar” a los nuestros si no ayudamos a “salvar” a los otros.
Son éstas las circunstancias que, creo yo, han dado lugar a que en nuestro país se empiecen a multiplicar las denominadas “cámaras de desinfección”, como iniciativas de privados en primera instancia y emuladas por algunas autoridades después. Y ahí están proliferando las mentadas cámaras en las entradas de clínicas y hospitales, en los ingresos de los mercados, en las puertas principales de algunos bancos, en los ingresos a los condominios…en fin, en cuanta institución o lugar donde pueden hacerlo.
¿Dónde se puso la primera cámara en nuestro país y quién fue el gestor de la iniciativa? es algo que no estoy en condiciones de afirmar, sin embargo en un diario cruceño se afirma que fue un anestesiólogo de esa ciudad el que logró, junto a otros compañeros, instalar dichas cámaras en varios hospitales y el que “adecuó” la fórmula del producto de desinfección; especialista que, según lo que refiere la misma nota, lamenta el uso que se les está dando y el negocio que emergió detrás.
En la China, la “meca” del coronavirus, se describe el uso de luz ultravioleta para la limpieza de ascensores, autobuses y billetes; sin embargo, no está recomendada para la desinfección de humanos.
La Organización Mundial de la Salud advirtió que las lámparas UV no deben usarse para esterilizar las manos u otras áreas de la piel por sus efectos nocivos para la salud.
En México se han instalado lo que ellos llaman los “túneles o cabinas sanitizantes”, supuestamente para “purificar” y “desinfectar” hasta 30 personas por minuto y coadyuvar en la lucha contra el coronavirus, sin embargo ya salió la Secretaria de Salud a decir que “hasta la fecha, no existe evidencia sobre la eficiencia de los túneles sanitizantes; alertando respecto a que la inhalación de estas sustancias pueden causar daños a las vías respiratorias, tos e irritación en piel, ojos y mucosas”; e incluso va mucha más allá al afirmar que “si una persona con Covid-19 entra en él, puede diseminar el virus”.
En los Consensos Internacionales de la Organización Mundial de la Salud y de la Organización Panamericana de la Salud, del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC) y de las Recomendaciones de Salud Pública de Reino Unido, no se incluye la recomendación de usar túneles o cámaras de desinfección a nivel comunitario. “No se ha encontrado evidencia científica que avale la eficacia de los túneles o cámaras de desinfección para evitar la transmisión del coronavirus.
Al contrario, se han descrito riesgos para la salud asociado a las sustancias que se utilizan en estos sistemas”. Añadiendo además que “los túneles de desinfección pueden crear una falsa sensación de protección en las personas, lo que podría desviar su atención de las medidas con eficacia y seguridad comprobadas, como son el distanciamiento social, el lavado de manos frecuente y el uso de mascarillas o protectores faciales”.
Las autoridades sanitarias de Perú también desaconsejaron el uso de los túneles desinfectantes que han sido instalados en las entradas de mercados y comisarías para reducir supuestamente el riesgo de contagio del nuevo coronavirus; alertando de que las sustancias que se usan pueden más bien constituir un riesgo para la salud.
¿Qué hacer ante esto? Lo primero es que las autoridades de salud deberían pronunciarse, la política del “dejar hacer y el dejar pasar” no es lo más adecuado en estos casos. Ya sabemos que ellas tienen tremendo trabajo y que nadie quisiera estar en sus zapatos, pero es lo que les tocó y tienen que afrontarlo.
Hay que orientar a la gente que quiere cooperar, ante las evidencias que existen al momento, para que el dinero y el esfuerzo que están destinando para la instalación y funcionamiento de estos túneles de desinfección se dirijan a otros rubros…por ejemplo, instalar lavabos y proveer de jabón para que las personas puedan lavarse las manos en multiplicidad de lugares públicos es una posibilidad.
Respecto a las autoridades que con recursos públicos están adquiriendo estas cámaras de desinfección, se supone que en algún momento se les cargará con la responsabilidad; todas las inversiones que se realizan con dinero del tesoro nacional, departamental o municipal deben hacerse con un mínimo de criterio y respaldados, en este caso, por la evidencia con la que se cuenta hasta el momento. Mucho más, en momentos como estos, cuando cada centavo cuenta para resolver las urgentes y múltiples carencias de nuestro “sistema de salud”.
Se identificó el virus, se conoce su genoma, se tiene ubicado con asombrosa precisión el lugar donde se gestó este desastre (aunque aún falta transparentar lo que realmente ocurrió), se sabe cómo se contagia, cada día se describe con mayor detalle lo que produce en los diferentes órganos de las personas que tienen la desgracia de contraer la enfermedad; se ha determinado con bastante exactitud la proporción de pacientes con síntomas y aquellos que, pese a estar infectados, se mantienen asintomáticos.
Se tienen también las pruebas para el diagnóstico. Se habla de los fármacos que pueden ser útiles para el tratamiento, todos aún con resultados por evaluar. Se sabe que las mejores medidas para evitar la propagación de la enfermedad son el aislamiento físico y el lavado frecuente de manos con agua y jabón por al menos 20 segundos.
Ante esta situación de espanto que vivimos, es natural que se desarrollen iniciativas que pretendan ayudar. Iniciativas que procuran evitar el contagio de los nuestros y también de los otros; porque si algo nos está enseñando con tremendo dolor esta pandemia es que no podemos “salvar” a los nuestros si no ayudamos a “salvar” a los otros.
Son éstas las circunstancias que, creo yo, han dado lugar a que en nuestro país se empiecen a multiplicar las denominadas “cámaras de desinfección”, como iniciativas de privados en primera instancia y emuladas por algunas autoridades después. Y ahí están proliferando las mentadas cámaras en las entradas de clínicas y hospitales, en los ingresos de los mercados, en las puertas principales de algunos bancos, en los ingresos a los condominios…en fin, en cuanta institución o lugar donde pueden hacerlo.
¿Dónde se puso la primera cámara en nuestro país y quién fue el gestor de la iniciativa? es algo que no estoy en condiciones de afirmar, sin embargo en un diario cruceño se afirma que fue un anestesiólogo de esa ciudad el que logró, junto a otros compañeros, instalar dichas cámaras en varios hospitales y el que “adecuó” la fórmula del producto de desinfección; especialista que, según lo que refiere la misma nota, lamenta el uso que se les está dando y el negocio que emergió detrás.
En la China, la “meca” del coronavirus, se describe el uso de luz ultravioleta para la limpieza de ascensores, autobuses y billetes; sin embargo, no está recomendada para la desinfección de humanos.
La Organización Mundial de la Salud advirtió que las lámparas UV no deben usarse para esterilizar las manos u otras áreas de la piel por sus efectos nocivos para la salud.
En México se han instalado lo que ellos llaman los “túneles o cabinas sanitizantes”, supuestamente para “purificar” y “desinfectar” hasta 30 personas por minuto y coadyuvar en la lucha contra el coronavirus, sin embargo ya salió la Secretaria de Salud a decir que “hasta la fecha, no existe evidencia sobre la eficiencia de los túneles sanitizantes; alertando respecto a que la inhalación de estas sustancias pueden causar daños a las vías respiratorias, tos e irritación en piel, ojos y mucosas”; e incluso va mucha más allá al afirmar que “si una persona con Covid-19 entra en él, puede diseminar el virus”.
En los Consensos Internacionales de la Organización Mundial de la Salud y de la Organización Panamericana de la Salud, del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC) y de las Recomendaciones de Salud Pública de Reino Unido, no se incluye la recomendación de usar túneles o cámaras de desinfección a nivel comunitario. “No se ha encontrado evidencia científica que avale la eficacia de los túneles o cámaras de desinfección para evitar la transmisión del coronavirus.
Al contrario, se han descrito riesgos para la salud asociado a las sustancias que se utilizan en estos sistemas”. Añadiendo además que “los túneles de desinfección pueden crear una falsa sensación de protección en las personas, lo que podría desviar su atención de las medidas con eficacia y seguridad comprobadas, como son el distanciamiento social, el lavado de manos frecuente y el uso de mascarillas o protectores faciales”.
Las autoridades sanitarias de Perú también desaconsejaron el uso de los túneles desinfectantes que han sido instalados en las entradas de mercados y comisarías para reducir supuestamente el riesgo de contagio del nuevo coronavirus; alertando de que las sustancias que se usan pueden más bien constituir un riesgo para la salud.
¿Qué hacer ante esto? Lo primero es que las autoridades de salud deberían pronunciarse, la política del “dejar hacer y el dejar pasar” no es lo más adecuado en estos casos. Ya sabemos que ellas tienen tremendo trabajo y que nadie quisiera estar en sus zapatos, pero es lo que les tocó y tienen que afrontarlo.
Hay que orientar a la gente que quiere cooperar, ante las evidencias que existen al momento, para que el dinero y el esfuerzo que están destinando para la instalación y funcionamiento de estos túneles de desinfección se dirijan a otros rubros…por ejemplo, instalar lavabos y proveer de jabón para que las personas puedan lavarse las manos en multiplicidad de lugares públicos es una posibilidad.
Respecto a las autoridades que con recursos públicos están adquiriendo estas cámaras de desinfección, se supone que en algún momento se les cargará con la responsabilidad; todas las inversiones que se realizan con dinero del tesoro nacional, departamental o municipal deben hacerse con un mínimo de criterio y respaldados, en este caso, por la evidencia con la que se cuenta hasta el momento. Mucho más, en momentos como estos, cuando cada centavo cuenta para resolver las urgentes y múltiples carencias de nuestro “sistema de salud”.


