Nueva era - nuevos derechos

Quiero comentarles lo que me paso en cuarentena. Atento, como todos, a lo que sucede con el ya famoso coronavirus, desde que empezaron los encierros alrededor del mundo, y con ello las necesidades de millones de personas referidas al trabajo, estuve leyendo una serie de artículos de personas...

Quiero comentarles lo que me paso en cuarentena.

Atento, como todos, a lo que sucede con el ya famoso coronavirus, desde que empezaron los encierros alrededor del mundo, y con ello las necesidades de millones de personas referidas al trabajo, estuve leyendo una serie de artículos de personas muy preparadas e inteligentes donde tratan de imaginar el tsunami que en breve causará la pandemia: los remesones que tendrá la economía mundial una vez que aprendamos a convivir con la enfermedad.

Puedo decir sin temor a equivocarme, que las miradas y opiniones tratan de vaticinar lo que viene, sustentados en mantener el modelo económico que coexistió con el humano desde antes de Cristo, y que fue paulatinamente ajustado de acuerdo a los tiempos que se sucedían y el avance tecnológico que se alcanzaba.

Cavilando me fui a dormir, pensando que hoy como nunca estamos en la posibilidad de aprovechar o dejar pasar una oportunidad enorme de reencontrarnos como humanos y no como instrumentos económicos. Que la pandemia continuará en un proceso cíclico como el que vivimos desde la China al resto del mundo y tal vez, dentro de unos meses, en una especie de rebrote desde Latinoamérica o desde África se expanda nuevamente a los demás países del orbe, hasta que la ciencia encuentre en detalle el tratamiento adecuado que resuelva el inconveniente.

En eso estaba divagando cuando seguramente Morfeo me arrullo y soñé lo siguiente:

Agitado les decía a mis amigos: “Es sorprendente que personas influyentes y perfectamente informadas, hayan analizado el problema desde una perspectiva que observa lo que el hombre produce y las consecuencias de lo que genera esa capacidad creativa, sin meditar que antes de nada, están los derechos humanos, que lo que está ocurriendo en una excelente oportunidad para revisar lo que un 10 de Diciembre de 1948 se daba a conocer al mundo como la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Cierto, me respondían: Han pasado 72 años desde que las Naciones Unidas emitiera ese extraordinario pronunciamiento. Ha transcurrido menos de un siglo, lapso en el que la humanidad ha experimentado los avances más importantes desde su aparición sobre la faz de la tierra.

Debemos hacer algo, concluimos. Propongamos profundizar esa Declaración de Derechos y ajustarla a lo que está sucediendo en estos tiempos, según ciertas ideas que podamos mencionar. Ojalá generemos una corriente de opinión incontenible, para que, entre todos, logremos el salto cualitativo que nos prepare para el futuro, que cada vez es más próximo.

Así, cada quien hizo su aporte:

1. El acceso al internet debe traducirse en un derecho universal público y gratuito que todos los países del mundo deben suscribir, ya que ese es el medio que hoy como nunca, puede generar que estemos interconectados en tiempo real, brindándonos la posibilidad de exigir justicia y que minimicemos las diferencias sociales de género, de piel, de riqueza y de oportunidad de conocimiento.

2. El derecho a la educación virtual, donde las mejores universidades y centros de enseñanza del orbe, deben alimentar los sistemas de educación de todos los países del planeta, bajo un fondo común que enseñe el paradigma de que cada oficio o profesión es interdependiente en el día a día que vivimos, y que el desarrollo de la humanidad esté íntimamente ligado a nuestro medioambiente.

3. El derecho humano de contar con traductores simultáneos de acceso público y gratuito, que nos faculten a una comunicación fluida y sin restricciones de idioma, credo o religión.

4. El derecho universal a la telemedicina, donde los países del mundo aporten para conseguir que el seguro de salud esté al alcance de todas las latitudes, siendo este el núcleo de importancia mundial y de los mayores avances tecnológicos que podamos conseguir como raza humana.

5. El derecho a la locomoción humana, donde erradiquemos la vanidad del conducir últimos modelos con la necesidad de dotar sistemas de transporte que brinden también igualdad de oportunidades a todos los que físicamente deben trasladarse de un lado a otro para cumplir diferentes tareas.

6. El derecho universal a la vivienda prefabricada, donde se trabaje bajo un concepto de utilidad de las familias, aplicando nuevos materiales desarrollados y probados y que al presente ya son una realidad, precautelando sobre todo no seguir depauperando lo que tenemos como patrimonio de la humanidad: los ríos, los bosques, nuestro entorno medioambiental.

7. El derecho al uso de nuevas fuentes de energía. Que ya no se vendan paneles solares o molinos de viento, para que generemos energía regionalmente, o el hidrogeno solo sea utilizado por unos cuantos. El sol, el viento y el agua no tienen dueños, son bienes de la humanidad, por lo tanto, cualquier avance en el rubro debe extenderse a todo el planeta. Debe ser un derecho fundamental tener acceso a cualquier fuente de energía, de manera gratuita y para todos”

8. El derecho universal a poder vivir en paz y en armonía, donde aprendamos a ser ciudadanos mundiales, con una economía que traduzca el interés por el hombre y erradique el hambre, el mercantilismo, y el poder de la fuerza militares que no debieran existir, que son los extremos que generan que las miserias del humano aparezcan (mezquindad, ambición desmedida, vanidad, avaricia, envidia, soberbia, traición, lujuria, ira, discriminación y abuso de poder)”.

Y de pronto desperté. La realidad me devolvía al no salir y Quédate en casa.

Ojalá ese sueño se repita en cada uno de ustedes y podamos enriquecer con muchas más sugerencias, la propuesta de ajuste a la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Que la pandemia nos haga reflexionar.

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