Después de la tormenta: una tensa calma
Ramiro F. Rodríguez I * Me encuentro en la ciudad de La Paz desde el 22 de diciembre de 2019 y en un mes de estadía en esta ínclita ciudad he podido percibir una tensa calma, después de los acontecimientos vividos por sus habitantes entre octubre y noviembre del año pasado. Cuando se...
Ramiro F. Rodríguez I *
Me encuentro en la ciudad de La Paz desde el 22 de diciembre de 2019 y en un mes de estadía en esta ínclita ciudad he podido percibir una tensa calma, después de los acontecimientos vividos por sus habitantes entre octubre y noviembre del año pasado.
Cuando se desataron los luctuosos hechos acaecidos en los mencionados meses, yo me encontraba en la ciudad de Tarija y había recibido algunas llamadas de allegados míos describiéndome por teléfono celular los momentos aterradores que ellos habían experimentado en carne propia. Hoy puedo decir, in situ, que esos hechos vandálicos han calado hondo en el imaginario colectivo de muchos paceños y no paceños.
Una señora sabiendo que yo radico ahora en Tarija, me preguntó a cuánto estaban las casas y los alquileres porque se quería ir con su familia a un lugar más tranquilo como se supone que es Tarija y que los días vividos en octubre y noviembre le habían causado tal conmoción que se le había paralizado parte de su cara. Ella vive en la zona sur, en el barrio de Cota Cota, donde se produjeron la quema de negocios, tiendas e inmuebles particulares.
Tuve la oportunidad de pasar por otro de los barrios paceños el de Chasquipampa y miré con asombro y hasta con mucha pena como quedaron los buses Pumakatari, quemados y hechos chatarra por manos criminales que no midieron el gran daño que hicieron a ese tan buen servicio de transporte público que tiene la ciudad de La Paz. Era un espectáculo dantesco visto desde donde yo lo ví.
Aprovechando del Teleférico, subí a la ciudad de El Alto donde también se suscitaron fuertes enfrentamientos y hechos de violencia demencial. Visité la Ciudad Satélite, allí pude observar que en muchas de las casas estaban colocadas en los techos la Whipala la bandera multicolor que representa a los indígenas del occidente del país. Al preguntar a los vecinos porque las tenían izadas, me dijeron que fueron impuestas por los grupos de delincuentes y que si la sacaban de su lugar podían volver y quemar sus viviendas. A ese extremo de miedo y terror estuvieron expuestas estas personas.
Paseando por esta ¡Oh linda La Paz!, pude percibir entre sus habitantes, que existe una fuerte división de criterios y opiniones respecto al momento político que vive el país. Entre las vendedoras de los mercados, las dueñas de tiendas de barrio y los choferes de micros y minibuses, que son más de extracto aimara, existe un fuerte rechazo a las autoridades que ahora gobiernan el país.
En cambio, entre la clase media conformada generalmente por profesionales, empresarios y empleados públicos, existe un criterio más bien a favor de las actuales autoridades gubernamentales. Por consiguiente, lo que noto es una profunda polarización, unos a favor del régimen actual de gobierno y otros en contra del mismo, ¡así está La Paz, cuna de libertad y tumba de tiranos!
En los últimos días la ciudad de La Paz se ha visto conmocionada por tres hechos que han tenido una fuerte cobertura mediática. La primera se suscitó en La Rinconada del barrio de la Florida, donde está ubicada la residencia de la embajadora de México, allí un grupo de paramilitares españoles intentaron ingresar por la fuerza a dicha residencia con motivos aún no aclarados por las autoridades nacionales y menos por la legación española.
La segunda, fue la captura y posterior aprehensión del ex ministro Carlos Romero, alto funcionario del anterior régimen, producida en la vivienda de esta ex autoridad ubicada en el barrio de Auquisamaña. La tercera y última acción fue la presencia de fuertes contingentes de militares y policías en la plaza del barrio de San Miguel, aspecto que ha creado más susceptibilidades entre la población paceña.
Ahora los habitantes de esta ciudad maravilla se aprestan a recibir una fecha simbólica la del 22 de enero, día del Estado Plurinacional de Bolivia. Los vaticinios sobre esta fecha amplificados por los medios de comunicación y las redes sociales y las amenazas provenientes del exterior del país, no han hecho otra cosa que tensionar la relativa calma que reina entre la población paceña.
En vista que esta crónica la estoy escribiendo desde la zona sur a pocas cuadras de donde se suscitaron estos acontecimientos, he sido testigo ocular de alguno de estos sucesos y talvez continúe siéndolo. En la ciudad de La Paz se respira una tensa calma y la vorágine con que se vive la política en esta ciudad es de un ritmo espeluznante, por algo es la ¡Sede de Gobierno!
*Es un ciudadano tarijeño
Me encuentro en la ciudad de La Paz desde el 22 de diciembre de 2019 y en un mes de estadía en esta ínclita ciudad he podido percibir una tensa calma, después de los acontecimientos vividos por sus habitantes entre octubre y noviembre del año pasado.
Cuando se desataron los luctuosos hechos acaecidos en los mencionados meses, yo me encontraba en la ciudad de Tarija y había recibido algunas llamadas de allegados míos describiéndome por teléfono celular los momentos aterradores que ellos habían experimentado en carne propia. Hoy puedo decir, in situ, que esos hechos vandálicos han calado hondo en el imaginario colectivo de muchos paceños y no paceños.
Una señora sabiendo que yo radico ahora en Tarija, me preguntó a cuánto estaban las casas y los alquileres porque se quería ir con su familia a un lugar más tranquilo como se supone que es Tarija y que los días vividos en octubre y noviembre le habían causado tal conmoción que se le había paralizado parte de su cara. Ella vive en la zona sur, en el barrio de Cota Cota, donde se produjeron la quema de negocios, tiendas e inmuebles particulares.
Tuve la oportunidad de pasar por otro de los barrios paceños el de Chasquipampa y miré con asombro y hasta con mucha pena como quedaron los buses Pumakatari, quemados y hechos chatarra por manos criminales que no midieron el gran daño que hicieron a ese tan buen servicio de transporte público que tiene la ciudad de La Paz. Era un espectáculo dantesco visto desde donde yo lo ví.
Aprovechando del Teleférico, subí a la ciudad de El Alto donde también se suscitaron fuertes enfrentamientos y hechos de violencia demencial. Visité la Ciudad Satélite, allí pude observar que en muchas de las casas estaban colocadas en los techos la Whipala la bandera multicolor que representa a los indígenas del occidente del país. Al preguntar a los vecinos porque las tenían izadas, me dijeron que fueron impuestas por los grupos de delincuentes y que si la sacaban de su lugar podían volver y quemar sus viviendas. A ese extremo de miedo y terror estuvieron expuestas estas personas.
Paseando por esta ¡Oh linda La Paz!, pude percibir entre sus habitantes, que existe una fuerte división de criterios y opiniones respecto al momento político que vive el país. Entre las vendedoras de los mercados, las dueñas de tiendas de barrio y los choferes de micros y minibuses, que son más de extracto aimara, existe un fuerte rechazo a las autoridades que ahora gobiernan el país.
En cambio, entre la clase media conformada generalmente por profesionales, empresarios y empleados públicos, existe un criterio más bien a favor de las actuales autoridades gubernamentales. Por consiguiente, lo que noto es una profunda polarización, unos a favor del régimen actual de gobierno y otros en contra del mismo, ¡así está La Paz, cuna de libertad y tumba de tiranos!
En los últimos días la ciudad de La Paz se ha visto conmocionada por tres hechos que han tenido una fuerte cobertura mediática. La primera se suscitó en La Rinconada del barrio de la Florida, donde está ubicada la residencia de la embajadora de México, allí un grupo de paramilitares españoles intentaron ingresar por la fuerza a dicha residencia con motivos aún no aclarados por las autoridades nacionales y menos por la legación española.
La segunda, fue la captura y posterior aprehensión del ex ministro Carlos Romero, alto funcionario del anterior régimen, producida en la vivienda de esta ex autoridad ubicada en el barrio de Auquisamaña. La tercera y última acción fue la presencia de fuertes contingentes de militares y policías en la plaza del barrio de San Miguel, aspecto que ha creado más susceptibilidades entre la población paceña.
Ahora los habitantes de esta ciudad maravilla se aprestan a recibir una fecha simbólica la del 22 de enero, día del Estado Plurinacional de Bolivia. Los vaticinios sobre esta fecha amplificados por los medios de comunicación y las redes sociales y las amenazas provenientes del exterior del país, no han hecho otra cosa que tensionar la relativa calma que reina entre la población paceña.
En vista que esta crónica la estoy escribiendo desde la zona sur a pocas cuadras de donde se suscitaron estos acontecimientos, he sido testigo ocular de alguno de estos sucesos y talvez continúe siéndolo. En la ciudad de La Paz se respira una tensa calma y la vorágine con que se vive la política en esta ciudad es de un ritmo espeluznante, por algo es la ¡Sede de Gobierno!
*Es un ciudadano tarijeño


