Abrojos

Rubén Darío Lloraba en mis brazos vestida de negro, se oía el latido de su corazón, cubríanle el cuello los rizos castaños y toda temblaba de miedo y de amor.   ¿Quién tuvo la culpa? La noche callada.   Ya iba a despedirme. Cuando dije...

Rubén Darío

Lloraba en mis brazos vestida de negro,

se oía el latido de su corazón,

cubríanle el cuello los rizos

castaños y toda temblaba de

miedo y de amor.

 

¿Quién tuvo la culpa?

La noche callada.

 

Ya iba a despedirme.

Cuando dije "¡Adiós!", ella,

sollozando, se abrazó a mi pecho

bajo aquel ramaje del almendro

en flor. Velaron las nubes

la pida luna...

 

Después, tristemente

lloramos los dos.

 

¿Qué lloras? Lo comprendo.

Todo concluido está.

Pero no quiero verte,

alma mía, llorar.

Nuestro amor, siempre, siempre...

Nuestras bodas... jamás.

 

¿Quién es ese bandido

que se vino a robar

tu corona florida

y tu velo nupcial?

 

Más no, no me lo digas,

no lo quiero escuchar.

 

Tu nombre es Inocencia

y el de él es Satanás.

Un abismo a tus plantas,

una mano procaz

que te empuja; tú ruedas,

y mientras tanto, va

el ángel de tu guarda

triste y solo a llorar.

 

Pero ¿por qué derramas

tantas lágrimas?... ¡Ah!

Sí, todo lo comprendo...

No, no me digas más.

Más del autor