A mi padre
Luis "Cuando era un niño, te miraba hablar con esa gente que se paraba a saludarte; se reían con tus cosas y tus comentarios, y yo agarrado a tu mano, creía que todo el mundo giraba a tu alrededor, que eras el actor principal del teatro de la vida. Un día crecí, y como suele...
Luis
"Cuando era un niño, te miraba hablar con esa gente que se paraba a saludarte; se reían con tus cosas y tus comentarios, y yo agarrado a tu mano, creía que todo el mundo giraba a tu alrededor, que eras el actor principal del teatro de la vida.
Un día crecí, y como suele suceder...el mundo dejó de girar a tu alrededor.
¡Tú no habías cambiado! ¡Lo había hecho yo!
Ya me interesaban otras cosas. Las chicas, los amigos, los deportes.
La adoración infantil fue sustituida por los descubrimientos adolescentes que nos embargan a todos.
Los años pasaron deprisa y tu pelo encaneció como todo anciano.
Y descubrí tus inseguridades, tus temores, tus defectos; todo lo que conforma a cualquier ser humano y de lo que todos somos partícipes.
Y descubrí que nada giraba a tu alrededor... ¡sólo el amor de un niño pequeño por su padre!
Y descubrí que ya no eras Dios; sólo una persona luchando por la vida como tantas otras; ¡como todos nosotros! ¡Como cada uno de nosotros!
Y te fuiste hace varios años. Y ahora sé, que todos tenemos una ardua tarea que realizar... ¡comprender que todos hacemos lo que podemos en esta vida! ¡Y quizás podamos aspirar a que nos vean como lo que somos: hombres y mujeres, que hacen lo que pueden con el peso a cuestas de la vida.
Y te admiro Padre, porque al contrario de cuando era un niño, hoy sé, que la humanidad no consiste en no tener defectos o no verlos con la visión de un niño, sino AMAR siendo conscientes de que las debilidades, los temores nos hacen humanos.
Cuando pienso en ti, me siento como aquél niño agarrado a tu mano; pero con la convicción de mis años... ¡de que todo sigue girando a tu alrededor, con la visión de tu humanidad entrañable!
"Cuando era un niño, te miraba hablar con esa gente que se paraba a saludarte; se reían con tus cosas y tus comentarios, y yo agarrado a tu mano, creía que todo el mundo giraba a tu alrededor, que eras el actor principal del teatro de la vida.
Un día crecí, y como suele suceder...el mundo dejó de girar a tu alrededor.
¡Tú no habías cambiado! ¡Lo había hecho yo!
Ya me interesaban otras cosas. Las chicas, los amigos, los deportes.
La adoración infantil fue sustituida por los descubrimientos adolescentes que nos embargan a todos.
Los años pasaron deprisa y tu pelo encaneció como todo anciano.
Y descubrí tus inseguridades, tus temores, tus defectos; todo lo que conforma a cualquier ser humano y de lo que todos somos partícipes.
Y descubrí que nada giraba a tu alrededor... ¡sólo el amor de un niño pequeño por su padre!
Y descubrí que ya no eras Dios; sólo una persona luchando por la vida como tantas otras; ¡como todos nosotros! ¡Como cada uno de nosotros!
Y te fuiste hace varios años. Y ahora sé, que todos tenemos una ardua tarea que realizar... ¡comprender que todos hacemos lo que podemos en esta vida! ¡Y quizás podamos aspirar a que nos vean como lo que somos: hombres y mujeres, que hacen lo que pueden con el peso a cuestas de la vida.
Y te admiro Padre, porque al contrario de cuando era un niño, hoy sé, que la humanidad no consiste en no tener defectos o no verlos con la visión de un niño, sino AMAR siendo conscientes de que las debilidades, los temores nos hacen humanos.
Cuando pienso en ti, me siento como aquél niño agarrado a tu mano; pero con la convicción de mis años... ¡de que todo sigue girando a tu alrededor, con la visión de tu humanidad entrañable!


