Frasco de la felicidad

Hace unas semanas, una amiga posteó en el Facebook un enlace que hacía referencia al reto del “frasco de la felicidad”. Esta es una técnica para enseñar a los niños a pensar de forma positiva y a ayudarlos a solucionar sus problemas. Cada día se escribe en un papel algo que nos hizo...

Hace unas semanas, una amiga posteó en el Facebook un enlace que hacía referencia al reto del “frasco de la felicidad”. Esta es una técnica para enseñar a los niños a pensar de forma positiva y a ayudarlos a solucionar sus problemas. Cada día se escribe en un papel algo que nos hizo felices y se lo mete en un frasco de cristal situado en un lugar visible, junto a los otros papeles de quienes son parte del juego. Después de un tiempo (un semestre o cuando el recipiente esté lleno) se sacan y leen en voz alta todos los papeles con pensamientos positivos de los participantes.

 

Elsa Punset, filósofa española y activa divulgadora de temas educativos, en su publicación El libro de las pequeñas revoluciones propone esta rutina para entrenar al cerebro y acostumbrarlo a pensar en positivo. No necesitan ser grandes logros o acontecimientos notables, sino por el contrario, apuntar cosas sencillas o momentos intrascendentes, que damos por sentado, pero que nos regalan microdosis de alegría y satisfacción durante las últimas veinticuatro horas. Punset señala que el tiempo que uno tarda en escribir permite que el cerebro fije esas cosas buenas, que pasan tan deprisa, que de otra manera, no las recordaríamos. A la inversa de las malas, que dan vueltas por nuestra cabeza todo el tiempo y nos cuesta olvidarlas.

 

Sin darnos cuenta, comenzamos a apreciar los pequeños y triviales detalles que omitimos: un saludo amable, un abrazo, una caricia, un comentario encantador, un gesto cordial, un mensaje reconfortante… y no siempre tenemos la actitud y predisposición para identificar, sentir y disfrutar de cosas que parecen insignificantes.

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